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miércoles, 8 de marzo de 2017

Eve Hewson se une a "Robin Hood: Origins"


La actriz irlandesa de 26 años, Eve Hewson, conocida por interpretar el rol de la enfermera Lucy Elkins en la serie de Steven Soderbergh, “The Knick”, será el principal interés romántico de Taron Egerton en “Robin Hood: Origins”, que ya ha empezado su rodaje con vistas a su estreno en marzo del próximo 2018 (ver noticia). Hawson, que también había participado en la película de Paolo Sorrentino, “Un lugar donde quedarse”, y en “El puente de los espías” de Steven Spielberg, interpretará así el rol de Lady Marian en esta película que aspira a potencial franquicia dependiendo de su desempeño en taquilla. Como curiosidad (gran curiosidad, en este caso), decir que la actriz, que actualmente reside en Nueva York, es hija del vocalista y líder del grupo U2, Bono, e inspiró la canción “Kite”, incluida en el álbum de 2000, “All That You Can´t Leave Behind”. El elenco se completa también con el ganador del Oscar, Jamie Foxx, y el Christian Grey cinematográfico, Jamie Dornan. Desde Orgullo Fan… ¡seguiremos informando!

martes, 14 de febrero de 2017

Crítica de "Cincuenta sombras más oscuras" (2017)


Año: 2017. Director: James Foley (“Glengarry Glen Ross”). Basada en: la novela homónima de E.L. James. Escrita por: Niall Leonard (marido de la escritora, E.L. James). Intérpretes: Dakota Johnson (“Infiltrados en clase”), Jamie Dornan (“María Antonieta”), Eric Johnson (el protagonista de la serie de “Flash Gordon” de 2007), Eloise Mumford (la serie “The River”), Bella Heathcote (“Orgullo y Prejuicio y Zombis”), Marcia Gay Harden (ganadora del Oscar a la Mejor Actriz de Reparto por “Pollock”), Kim Basinger (“L.A. Confidential”). Presupuesto: 55 millones de dólares. Recaudación: 144 millones (hasta la fecha).

Franquicia: es la secuela de la película de 2015, “Cincuenta sombras de Grey” (ver crítica), y tiene confirmada una última entrega, “Cincuenta sombras liberadas”, que se estrenará en febrero del próximo año. Todas ellas, adaptan la trilogía de novelas de la autora británica EL James, publicadas entre 2010 y 2012 por Vintage Books, que se convirtieron en número uno de ventas y todo un fenómeno sociológico. Recientemente, la escritora ha dejado entrever que podría escribir una cuarta novela con los mismos protagonistas, si bien de momento no se ha concretado en un anuncio oficial de continuación.

Sinopsis: Anastasia Steele y Christian Grey están separados, pero a la par no pueden vivir el uno sin el otro. Así pues, comenzarán de nuevo su relación como novios cuando Christian acepta “renegociar” su contrato, claudicando en no tener ningún tipo de normas ni secretos a partir de ese momento. Sin embargo, no todo va a ser tan fácil como parece. Por un lado, Anastasia tendrá que soportar el acoso de su jefe en la editorial para la que trabaja, mientras que Christian recibirá la visita de alguno de sus fantasmas del pasado, como la mujer que le inició en las prácticas de dominación sexual, o una joven “sumisa” con quien terminó la relación hace años, aunque ella sigue sin aceptarlo.

Crítica: “Seré todo tuyo”. Esta línea de diálogo, que se repite varias veces durante el metraje de esta secuela, resume bastante bien lo que podéis esperar en sus casi dos horas de visionado. Pero tranquilos. Podría tirarme ahora una disertación populista sobre la apología que la película hace sobre las relaciones tóxicas y sobre la perpetuación de la creencia de muchos en entender que su pareja es una “posesión”, lo que por desgracia nos lleva un día y otro también a asistir impotentes en las noticias a nuevos casos de violencia de género. Podría hacerlo, insisto. Pero no voy a ser gilipollas. “Cincuenta sombras más oscuras” es sólo una película, y no tienes por qué comulgar con sus dogmas después de verla, igual que tampoco se le pide a ninguna cinta de acción donde se perpetúan otro tipo de roles que tampoco deberían ser ejemplo para nadie. Así pues, dejemos a un lado los rollos moralistas y hablemos de ella como película. Y, como tal, es aburrida y decepcionante. ¿O esperabas que ahora la iba a poner por las nubes? No, amigo. Puede que en la novela las distintas tramas que salpican la historia principal (todas ellas “de relleno”, por cierto) se desenvuelvan con más gracia que aquí, pero el libreto del marido de la escritora de la obra original hace un muy mal trabajo, sobre todo en la caracterización de los personajes. Podría haberse hecho un paralelismo interesante entre los dos antagonistas masculinos (el jefe de Anna y su novio Christian), pues a fin de cuentas ambos creen que pueden poseerla por el simple hecho de que así lo desean… pero desde luego no es una reflexión que parezca interesarles a los responsables del film. También se podrían haber cargado las tintas en las secuencias de sexo, que es lo que todos esperan ver en la cinta, pero nuevamente vuelven a ser escenas muy ramplonas, donde el erotismo brilla paradójicamente por su ausencia, filmadas de manera muy pobre, abusando de primeros planos que a veces te hace difícil saber qué es lo que están haciendo los protagonistas… y encima montadas aún peor. Para que os hagáis una idea: todo se resuelve con un par de embestidas y las caras de los actores jadeando hasta el éxtasis. Para este viaje… no hacían falta tantas alforjas, como se suele decir. Al menos, hay algunos detalles de humor que no creo recordar en su antecesora y que aquí ayudan a hacer el trago más digerible, como si todos supiéramos que a lo que estamos asistiendo es absurdo, pero… eh, amigo, al menos nos reímos contigo y no de ti. Aunque el resultado final, nuevamente, es insatisfactorio. Es como hacerte una paja y quedarte a medias, nunca mejor dicho. Máxime cuando los toques de thriller terminan sin llevarte a ningún lado, como si se hubiesen arrepentido de ponerlos e intentasen da “marcha atrás” en pleno metraje. De nuevo, parece que a los responsables del film no les interesaba llevar el vehículo por dicho camino. De hecho, parece que a los responsables de esta trilogía lo único que les interesa es hacer sonar el “¿ka-ching, ka-ching!”, y que la caja registradora siga ingresando. Pero incluso en esto se equivocan. Como capítulo intermedio de una saga, “Cincuenta sombras más oscuras” no termina con las “espadas en alto” (por favor, nótese el esfuerzo que estoy haciendo en la reseña por utilizar métaforas de simbología sexual), ni te deja en vilo por ver cuál será su desenlace. Más bien al contrario. En fin… que es una pérdida de tiempo para quien esto suscribe, pero cada uno es libre de gastar su dinero como quiera.

Resumiendo: desde hace ya unos años, el “soft porn” es un género en auge dentro de la industria del cine para adultos. El sexo femenino ha empezado a consumir este tipo de producciones y esto se traduce en que muchas mujeres se hayan lanzado a dirigir sus propios largometrajes. Estética más cuidada, mejor iluminación y secuencias que dan más cancha a los juegos preliminares en lugar de ir tan “a saco” son los cambios que pueden notarse, amén de que ya no hay un macho “cubriendo” a varias hembras, sino al revés: es más habitual ver a chicas que mantienen relación con dos o más hombres al mismo tiempo, siendo capaz de satisfacerlos a todos (y sobre todo, que ellos la satisfagan a ella). Todo esto demuestra que “Cincuenta sombras más oscuras” sigue estando varios pasos por detrás de los gustos de su público potencial, no ya sólo en lo relativo a las escenas de sexo, sino a la cota de miras de su historia, que tras su halo de aparente transgresión sigue siendo tan estrecho como siempre.

Memorable: uffff… de verdad que no sé con qué quedarme. Bueno sí. Ya lo he apuntado anteriormente. Con algunos de los “gags” con los que han tenido a bien obsequiarnos en esta ocasión. En especial, con el de las “bolas chinas”. Cuando él le pide que se agache para introducírselas y ella hace un mohín y dice: “No me las vas a meter ahí detrás”… la sonrisa nerviosa del auditorio femenino se dejó sentir por toda la platea. ¿Y nosotros? Pus suspirábamos resignadamente cómplices. Si tú supieras…

Mejorable: en la reseña de la película anterior concluía diciendo que dudaba que la historia de la película diese para dos secuelas más. Muy pronto, ha quedado constatado que no me equivocaba. No sólo por la pobreza de sus secundarios, sino por lo inverosímil de su trasfondo y la varita mágica con la que todo se resuelve. Debe ser una putada lo de intentar abrirse camino en el mundo laboral siendo joven, guapa e inteligente. Ahora bien, si tienes un novio multimillonario que pone de patitas en la calle al primero que intenta sobrepasarse y te “enchufa” como la jefa en funciones sin necesidad de pasar ningún tipo de filtro o proceso de aprendizaje… ay, amigo, la cosa cambia. Pero lo de Kim Basinger es ya de traca. Su participación en lo que acontece es completamente prescindible.


Parafraseando: y nunca mejor dicho. En la película anterior escogí una frase que me llamó la atención, por tanto en cuanto rompía un poco con los estereotipos del “amor puro y virginal” tan desfasados (afortunadamente) a día de hoy. Aquí, no obstante, dan un paso atrás y le dan la vuelta a la tortilla cuando Grey se enfrenta contra la mujer que le inició en el sexo, lo que ejemplifica que esta saga rompedora no es más que una tierna ovejita con disfraz de lobo feroz: “Tú me enseñaste a follar… pero Anastasia me enseñó a hacer el amor”.

martes, 7 de febrero de 2017

Crítica de "Cincuenta sombras de Grey" (2015)


Año: 2015. Basada en: adaptación de la primera novela homónima de la trilogía escrita por E.L. James.Director: Sam Taylor Johnson.  Intérpretes: Jamie Dornan (el sheriff de “Érase una vez”), Dakota Johnson (“Need for Speed”), Jennifer Ehle (“El falsificador”), Max Martini (“Capitán Phillips”), Marcia Gay Harden (“Mystic River”), Eloise Mumford (“Peligrosamente infiltrada”). Presupuesto: 40 millones de dólares. Recaudación: 569 millones. Curiosidades: la novela ha vendido más de 70 millones de ejemplares en todo el mundo.

Sinopsis: Cuando la estudiante de Literatura Anastasia Steele recibe el encargo de entrevistar al exitoso y joven empresario Christian Grey, queda impresionada al encontrarse ante un hombre atractivo, seductor y también muy intimidante. La inexperta e inocente Ana intenta olvidarle, pero pronto comprende cuánto le desea. Cuando la pareja por fin inicia una apasionada relación, Ana se sorprende por las peculiares prácticas eróticas de Grey, al tiempo que descubre los límites de sus propios y más oscuros deseos...

Crítica: había una línea de diálogo en la meliflua “Alguien como tú” (“She´s All That”, Richard Iscove, 1999) donde la protagonista, Rachel Leigh, decía: “Me siento como Julia Roberts en “Pretty Woman”… excepto en lo de ser puta, claro”, que bien podría aplicarse a este esperpento sin sentido glosado a perpetuar ese estereotipo de que a las mujeres les gusta que les metan caña y, a la par, están convencidas de que “pueden cambiar” a su pareja. Sin haber leído la novela original, dudaba que pudiese encontrar una propuesta que me sacara más de quicio en su historia de amor que lo que hizo conmigo la saga “Crepúsculo”, pero mira tú por dónde… lo han conseguido. El personaje de Dakota se pasa toda la película (aparte de dejándose quitar el vestido… es increíble, incluso varias veces en menos de cinco minutos) preguntándole a su enamorado por qué quiere atarla, azotarla, golpearla y, en definitiva, convertirla en un “punching ball” sexual, y él no cesa de repetirle que él es así y, si le quiere y quiere estar con él, tendrá que aceptarlo. La otra patalea, pone ojitos y se tumba en la cama a llorar para que él vaya corriendo a su lado y uno se pregunta si realmente el público femenino se siente identificado con ese cliché. Me gustaría pensar que las mujeres de hoy en día serían más del tipo: “Ah, ¿con que te gusta pegar? Pues pásame el látigo, amigo”, en lugar de esa “mosquita muerta” que parece que no ha roto un plato pero, de manera sibilina, va consiguiendo el propósito de hacer de su novio un pelele que renuncie a lo que hace feliz (independientemente de que claudique o no con sus gustos sexuales). Ya con eso, la adaptación del último boom literario me tiene perdido como entusiasta seguidor, pero es que encima el resto de la propuesta no tiene ningún interés. Los personajes se conocen y ya en el primer plano quedan prendados el uno del otro sin justificación posible (máxime cuando lo primero que vemos de las oficinas del millonario es a una azafata rubia que le da mil vueltas a la modosita Dakota), y todo es un tira y afloja donde no sabemos nada más de las vidas de los personajes o de los secundarios y, sinceramente, tampoco nos interesa. De tanto en tano aparecen algunas películas que pretenden llamar la atención por sus altas dosis de sexo… “políticamente correcto” (pienso en “Instinto básico” o “Showgirls”, ambas de Paul Verhoeven), y todas acaban produciendo esa especie de “coitus interruptus” porque nunca llegan a proporcionar lo mismo que cualquier cinta porno que, para más inri, hoy en día están al alcance de un solo “click”. Puedo llegar a entender que el original literario produzca cierta “emoción pajera” en según qué mujeres, al estilo de cómo lo hacían antes las novelas de Danielle Steel, aunque sólo sea porque nuestra imaginación rellena los huecos que dejan las palabras, pero poner eso en pantalla grande me parece casi un insulto a la inteligencia de cualquiera. No le veo ningún sentido… y mucho menos que de para otras dos entregas.

Resumiendo: intuyo que muchas parejas habrán acudido al cine como una forma de sustituir los “preámbulos” de un posterior “polvete”, y quizás así estas “Cincuenta sombras…” tienen algún sentido. Pero verla con la intención de encontrar un entretenimiento con cierto sentido “desnuda” (y nunca mejor dicho) sin tapujos lo absurdo de su puesta en escena “provocativamente estilizada” o lo infantil de sus diálogos. A todas luces innecesaria… e insatisfactoria.

Memorable: por decir algo, algunos de los temas de la banda sonora con los que se acompañan los escarceos de la pareja, destacando un “Crazy in love” susurrado por la Beyoncé que le da realmente un aire nuevo a uno de sus temas más conocidos. Y el “Earnet id” de The Weekend que debió ganar el Oscar, pues si había un tema que realmente acompañaba a su película era éste.

Mejorable: lo asquerosamente convencional de su trasfondo. Si querían realmente “provocar”, “trasgredir” o “romper barreras”… ¿por qué no es él al que le mola que le “dominen”? No, claro, eso rompería el estereotipo del “macho viril”. Venga, hombre, dos horas de metraje para ver si ella consiente en recibir unos azotes en el culo. A todas las chicas les mola eso cuando hacen “el perrito”.


Parafraseando: la virginal Anastasia pregunta en su primera cita real a Grey si van a “intimar”: “¿Esta noche me vas a hacer el amor?” “En primer lugar… yo no hago el amor. Yo follo”.