El productor Tony Todd se refirió recientemente a la
posibilidad de poner en marcha una nueva entrega, o incluso “reinicio”, de la
franquicia “Destino Final”, que nos acostumbró entre 2000 y 2011 a estrenar
regularmente secuelas (hasta cinco), con un cómputo global a nivel mundial de
más de 650 millones de dólares, frente a un presupuesto de tan sólo 150
millones, por lo que es una de las sagas de terror más rentables junto a las
clásicas “Pesadilla en Elm Street”, “Viernes 13”, o las más recientes “Expediente
Warren/Annabelle” o “Saw”. Surgida de un guión para un episodio de “Expediente
X” que nunca llegó a producirse, la serie cinematográfica presenta en cada
entrega a un grupo de jóvenes que sobreviven a un accidente catastrófico, bien
sea de avión, automovilístico, en una montaña rusa o similar. Todo ello, previa
predicción de uno de los integrantes de la comitiva, que alerta al resto para
escapar de las garras de la muerte. Sin embargo, a la postre se verá como un
intento inútil, pues será la propia “parca” quien les irá sobrevolando para
reclamar lo que es suyo por derecho: sus vidas. Pese a que esta “Final
Destination 6” no es todavía un proyecto en firme, Todd asegura que ya ha
pasado el tiempo suficiente entre el estreno de la anterior entrega como para
que una nueva secuela despierte el interés suficiente de los fans por acudir a
verla a las pantallas de cine. Conforme se vaya concretando, desde Orgullo Fan…
¡seguiremos informando!
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lunes, 25 de septiembre de 2017
miércoles, 15 de febrero de 2017
Crítica de "WHIPLASH" (2014)
Año: 2014. Escrita y
dirigida por: Damien Chazelle (“La ciudad de las estrellas (La La Land)”… vercrítica). Intérpretes: Miles Teller (el nuevo Reed Richards de “Los 4
Fantásticos”), J.K. Simmons (el J. Jonah Jameson de la trilogía “Spider-Man”,
de Sam Raimi), Melissa Benoist (“El viaje más largo”(, Austin Stowell (“Love
and Honor”), Paul Reiser (“Aliens, el regreso”). Presupuesto: 3 millones de
dólares. Recaudación: 33 millones. Premios: entre otros, ganó los Oscar a Mejor
Montaje, Mejor Edición de Sonido y Mejor Actor de Reparto para J.K. Simmons,
quien previamente había ganado también el Globo de Oro.
Sinopsis: el
joven Andrew Newman entra en el Conservatorio de Música de Shepherd, en New
York, donde tendrá que soportar los crueles métodos de enseñanza de Terence
Fletcher, profesor de jazz con fama de llevar a sus alumnos hasta el límite
para sacar lo mejor de sí mismos. Cuando de forma casi fortuita, Andrew entra
en la banda de Fletcher como primer batería, su sueño acabará definitivamente
convirtiéndose en pesadilla con accesos de ansiedad, depresión y rabia.
Crítica: todos
los baterías están un poco locos. De esta afirmación, que los propios
interesados ratifican cada vez que se les pregunta, nace “Whiplash”, una de las
mejores películas del pasado año, un “thriller” en toda regla con giro final
inesperado incluido, que te tiene pegado a la butaca desde el primer plano
hasta el último, sudando a mares como mininguna otra cinta del género pueda
hacerlo. El mérito de la propuesta es incontestable desde el mismo instante en que
consigue hacer atractivo algo que, a priori, no lo parece. El esfuerzo de un
chaval por llegar a ser el mejor tocando la batería, sufriendo la tiranía de un
profesor demasiado exigente, podría haber sido un telefilm de sobremesa al uso.
Lo mismo pasaba con “Cisne negro” (Darren Aronofsky, 2010), otra película cuya
premisa me atraía más bien poco. La brutal y exagerada puesta en escena de
ambos realizadores, que estiran y exprimen su proyecto hasta convertirlo en una
suerte de duelo pugilístico a lo “Rocky Balboa”, hacen que el resultado final
se eleve por encima de lo que en principio podría haber sido un drama de serie
B, convirtiéndose en puro arte, uno de esos “tapados” con claro espíritu
independiente que año tras año se van colando en lo mejor que puede exportar
Hollywood; un descenso a los infiernos en toda regla (ojo a la fotografía, que
misteriosamente no ha llamado tanto la atención como el resto de sus virtudes)
con un descarnado retrato del sacrificio. El profesor al que brillantemente da
vida J.K. Simmons disfrazado de Clint Eastwood en “El sargento de hierro”, se
confiesa ante su alumno aseverando que las dos palabras más peligrosas en el
mundo son: “Bien hecho”. Paradójicamente, no se me ocurre nada mejor que decir
sobre “Whiplash”. Una película “bien hecha”.
Resumiendo: a
pesar de estrenarse en nuestras salas cuando su éxito internacional ya era una
constatación con grandes premios incluidos, pasó sin pena ni gloria en nuestra
cartelera. Desde aquí, animo a todo aquel que tenga un poco de sensibilidad y
buen gusto a que la recupere, aunque no tenga muchas expectativas sobre ella.
Crecerán.
Memorable: (aviso
de SPOILER) aunque toda la cinta en sí está llena de grandes secuencias (la
discusión la reunión familiar, la bronca a los tres baterías cuando ninguno de
ellos encuentra el tempo correcto, el apoteósico concierto final), imagino que
no cabe duda que el gran instante de “Whiplash” es el accidente de tráfico y su
posterior presentación en el escenario, cubierto de sangre.
Mejorable: los
elogios llovieron sobre Simmons, un actor que ha visto cómo su carrera ha
sufrido un espaldarazo tremendo a raíz de la cinta que nos ocupa, pero resulta
cuanto menos cuestionable que no haya tantas alabanzas hacia Teller, quien
soporta realmente todas y cada una de las escenas del film.
Parafraseando:
después de haber tenido muchos “tira y afloja”, profesor y alumno se
reencuentran en un club nocturno y llegan a un “entente cordiale”. El primero
invita al segundo a un nuevo recital. Todo muy correcto. Hasta que se suben al
escenario y el alumno descubre que no tiene las partituras de las piezas que
van a tocar. Fletcher se acerca a él con una sonrisa y suelta la traca: “¿Te
crees que soy idiota? Sé que fuiste tú”.
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