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jueves, 2 de marzo de 2017

ROBIN THICKE: love after war (2011)


El propio Robin fue bastante claro en su día con su segundo disco: “The Evolution of Robin Thicke”, editado en 2006. El joven había encontrado su sonido, y desde entonces se ha dedicado a pulirlo como si de una piedra preciosa se tratase. En éste, su quinto trabajo editado por Star Trak Entertainment em 2011 (sí, aún estaba lejos el “Blurred Lines” y el perreo con Miley Cyris que le harían conocido para todo el mundo), el cantante sigue indagando en esas baladas con falsetto sexy al más puro estilo Prince o Justin Timberlake, con otros temas algo más movidos y orquestales que recuerdan a la Motown de los viejos tiempos. Vamos, que suena a lo de siempre y, en ese sentido, se le podría haber exigido algo más, porque algunas canciones parecen covers de otras en vez de temas nuevos (por cierto, hasta diecisiete cortes trae la edición de lujo, todos escritos por el propio Thicke). Musicalmente, pues, aunque se le podría encasillar en esa vertiente del new-soul o r&b (por su edad y por el momento de la industria en el que ha surgido), realmente el disco es más un soul clásico de la vieja escuela, con tintes de bossa nova. Incluso, a veces se coquetea como si de un crooner del Rat Pack se tratase, a lo que sin duda ayuda esa imagen de estrella de cine a lo Errol Flynn. Y es que, por mucho que en un tema se deje acompañar por su colega chungo, el rapero Lil Wayne (en “Pretty Lil Heart”), Thicke es un bon vivant que sabe exactamente a lo que va. No aspira a otra cosa que no sea… follar. Y por si el primer single no lo deja claro (que también da título al disco: “Love after war” la temática de las canciones rara vez se alejan de esa senda. Para muestra, un botón, extracto del corte “Boring” (“Aburrido”): “No me hace falta ir al show de Victoria´s Secret/ Ni quedarme en Saint Tropez en el barco de Jay y Beyonce/ Ni una supermodelo ni Obama( Nada puede interesarme más”. En resumen: la mejor banda sonora para un baño con tu novia rodeado de velitas, en caso de que el compact de Barry White lo tengas ya rayado.

miércoles, 1 de marzo de 2017

LIL WAYNE: tha carter III (2008)


El “Pequeño Wayne” es el mc que, hoy por hoy, está tocado por la varita de los dioses del flow, al igual que en otros momentos de la historia del hip hop lo estuvieron leyendas como Tupac o Notorious B.I.G (y ojo a las comparaciones). Esto ha hecho que, a pesar de sus problemas con la justicia, sea el artista de moda, solicitado por toda la industria musical, desde Chris Brown a Jennifer López, pasando por Kelly Rowland o tantos otros. Pero todo eso comenzó con “Tha Carter III”, su sexto album de estudio publicado en 2008 por Cash Money Records. Ya antes de este trabajo, Wayne estaba considerado como la jóven promesa del hip hop, pero hasta la fecha lo era en círculos estrictamente raperos. “TC3″ (para abreviar) fue el álbum destinado al gran público, con colaboraciones potentes de un ábanico amplio de artistas, no estrictamente ceñidos al hip hop… pero tampoco sin venderse o traicionarse a sí mismo. T Pain, Jay Z, Babyface, Robin Thicke… Y claro, con estos elementos, estaba claro que éste era el disco que el público esperaba. Vendió más de un millón de copias en su primera semana, se colocó como número uno y llegó hasta los tres millones de copias a finales de ese mismo año, ganando un Grammy al Mejor Disco de Rap y lanzando cuatro singles: “Lollipop”, “A Milli”, “Got Money” y “Mrs Officer”. Musicalmente, el disco define muy bien el estilo de Wayne, dividido entre temas más hardcore y otros que coquetean con el r&b o incluso el pop. Es un trabajo maduro (no hay que olvidar que era su sexto disco ya) pero a la vez sigue con ese flow risueño, juguetón e infantil (claramente destacado en uno de los mejores temas: “Mr Carter”). Entre las bases hay algunas sorpresas, como el sampler de “Dont let me be misunderstood” del grupo Santa Esmeralda, incluido en la banda sonora de Kill Bill Vol. 1. Pero lo que más destila el conjunto del trabajo, ya sea sobre un beat gangsta o unos acordes melódicos de guitarra, es que Lil Wayne se comunica en hip hop. Para él es su lenguaje, más allá del idioma. Le sale con una naturalidad que asombra; en muchos momentos, parece totalmente improvisado, como si le hubieran abierto el micro y hubiesen grabado lo primero que le surgía por la mente (que, obviamente, no sería así). En fin, que si alguien quiere saber cómo empezó a fraguarse la leyenda de uno de los mejores mc de la actualidad, sin duda “TC3″ es el mejor momento en su carrera para asomarse. No era el primero, y quizás tampoco el mejor, pero sí el más ecléctico. Lil Wayne en estado puro. Ah, y por si lo dudabas, “Lollipop” va sobre mamadas, sí. Pero luego en “Comfortable” se muestra tan tierno diciéndole a su chica que la va a hacer sentir como Beyoncé, que uno se pregunta cuál es su carácter real y cual es la pose que interpreta. O quizás tenga una dualidad bastante acusada. ¿No la tenemos todos?

martes, 14 de febrero de 2017

PHARRELL WILLIAMS: G.I.R.L. (2014)


Información general: reseña de “G.I.R.L”, segundo disco en solitario de Pharrell Williams, lanzado en marzo de 2014 por Columbia dentro de su sello Interscope. El álbum se compone de diez canciones de las que se han extraído hasta la fecha los singles “Happy”, “Marilyn Monroe” y “Come Get It”. El primero de ellos, utilizado en la película “Gru 2” fue nominado al Oscar y se calcula que puede haber vendido como single unas cinco millones de copias. El LP tiene también colaboraciones de Justin Timberlake, Daft Punk o Alicia Keys.
Crítica: me pueden decir lo que quieran. Que su influencia en la peli era muy poca, que se lo merecía más “Frozen” por ser un musical… nunca en la historia de los Oscar se ha hecho mayor engañifa que con el hecho de no habérselo otorgado a Pharrell. Y sí, ya sé que es un premio cinematográfico que poco tiene que ver con la música, pero el tipo se lo merecía. Es imposible que no te caiga bien Pharrell Williams o no te alegres por él. Siempre en la sombra, ejerciendo como productor y cantante de estribillos para todo tipo de gente, desde Jay Z a Madonna, pasando por Britney, junto con The Neptunes tuvo su época dorada a comienzos de este milenio, donde su influencia en los discos más punteros del momento ayudaron a redifinir (y en muchos casos, a fusionar) el pop y el r&b. de su reivindicable grupo de rock y rap conceptual N.E.R.D., dio el salto en solitario con “In my mind”, en 2006, que curiosamente no fue el gran éxito que todos pensábamos, ni comercial ni artísticamente hablando. Como si el peso de ser estrella en solitario fuese demasiado para él. Así llegamos hasta 2013, donde sendas colaboraciones en el “Get Lucky” de Daft Punk y el “Blurred Lines” de Robin Thicke volvieron a ponerle en el disparadero. Una segunda oportunidad que no se le aparece a todos en la vida y que Pharrell está dispuesto a no dejar escapar. Ahí donde le véis, a pesar de que parece recién salido del “insti”, el tipo tiene ya los 40 tacos, así que posiblemente no tenga otra. Y, al contrario de lo que hiciese en su primer álbum, Pharrell se quita las presiones y las expectativas y se marca un sencillo álbum de funk alegre y vitalista, donde a su famoso falsetto (el más sexy de la música, con permiso de Prince) le suma unas guitarras y un aire que te recuerdan al James Brown de sus años mozos. Conceptualmente, “G.I.R.L” trata sobre lo mucho que le gustan al chico las mujeres, pero no resulta ofensivo como es la tónica habitual en la música de hoy en día (¿alguien dijo Chris Brown?) sino más bien las canciones son un poema dedicado a ellas. Un poema celestial (atención a los violines de “Marilyn Monroe”). Resulta paradójico que éste fuese el mismo que convirtió el sonido de Britney en algo sucio y pegajoso con su “I´m a slave 4 u”. ¿Os acordáis? Joder, los tiempos en los que la Britney seguía diciendo que era virgen… Bien es cierto que “G.I.R.L” sufre el conocido como “el mal del super-hit”; la influencia y el poder de “Happy” (más de 500 millones de reproducciones en su vídeo oficial de YouTube) es tan grande, que esperas con ansia el momento en que la famosa percusión de inicio empiece a sonar y todo lo que sea antes o después te da un poco igual. Quizás habría sido mejor incluirla la primera o la última dentro del tracklist, pero eso no quita que, en su conjunto, “G.I.R.L” suene simpático y fresco, y después de escucharlo una vez, seguramente vuelvas a darle al “Play”. Para volver a escucharlo. Entero. Hasta que suene “Happy”. Entonces, puede que repitas ese glorioso momento una y otra vez.