El propio
Robin fue bastante claro en su día con su segundo disco: “The Evolution of
Robin Thicke”, editado en 2006. El joven había encontrado su sonido, y desde
entonces se ha dedicado a pulirlo como si de una piedra preciosa se tratase. En
éste, su quinto trabajo editado por Star Trak Entertainment em 2011 (sí, aún
estaba lejos el “Blurred Lines” y el perreo con Miley Cyris que le harían
conocido para todo el mundo), el cantante sigue indagando en esas baladas con
falsetto sexy al más puro estilo Prince o Justin Timberlake, con otros temas
algo más movidos y orquestales que recuerdan a la Motown de los viejos tiempos.
Vamos, que suena a lo de siempre y, en ese sentido, se le podría haber exigido
algo más, porque algunas canciones parecen covers de otras en vez de temas
nuevos (por cierto, hasta diecisiete cortes trae la edición de lujo, todos
escritos por el propio Thicke). Musicalmente, pues, aunque se le podría
encasillar en esa vertiente del new-soul o r&b (por su edad y por el
momento de la industria en el que ha surgido), realmente el disco es más un
soul clásico de la vieja escuela, con tintes de bossa nova. Incluso, a veces se
coquetea como si de un crooner del Rat Pack se tratase, a lo que sin duda ayuda
esa imagen de estrella de cine a lo Errol Flynn. Y es que, por mucho que en un
tema se deje acompañar por su colega chungo, el rapero Lil Wayne (en “Pretty
Lil Heart”), Thicke es un bon vivant que sabe exactamente a lo que va. No
aspira a otra cosa que no sea… follar. Y por si el primer single no lo deja
claro (que también da título al disco: “Love after war” la temática de las
canciones rara vez se alejan de esa senda. Para muestra, un botón, extracto del
corte “Boring” (“Aburrido”): “No me hace falta ir al show de Victoria´s Secret/
Ni quedarme en Saint Tropez en el barco de Jay y Beyonce/ Ni una supermodelo ni
Obama( Nada puede interesarme más”. En resumen: la mejor banda sonora para un
baño con tu novia rodeado de velitas, en caso de que el compact de Barry White
lo tengas ya rayado.
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jueves, 2 de marzo de 2017
miércoles, 1 de marzo de 2017
LIL WAYNE: tha carter III (2008)
El “Pequeño Wayne” es el mc que, hoy por hoy, está tocado
por la varita de los dioses del flow, al igual que en otros momentos de la
historia del hip hop lo estuvieron leyendas como Tupac o Notorious B.I.G (y ojo
a las comparaciones). Esto ha hecho que, a pesar de sus problemas con la
justicia, sea el artista de moda, solicitado por toda la industria musical,
desde Chris Brown a Jennifer López, pasando por Kelly Rowland o tantos otros.
Pero todo eso comenzó con “Tha Carter III”, su sexto album de estudio publicado
en 2008 por Cash Money Records. Ya antes de este trabajo, Wayne estaba
considerado como la jóven promesa del hip hop, pero hasta la fecha lo era en
círculos estrictamente raperos. “TC3″ (para abreviar) fue el álbum destinado al
gran público, con colaboraciones potentes de un ábanico amplio de artistas, no
estrictamente ceñidos al hip hop… pero tampoco sin venderse o traicionarse a sí
mismo. T Pain, Jay Z, Babyface, Robin Thicke… Y claro, con estos elementos,
estaba claro que éste era el disco que el público esperaba. Vendió más de un
millón de copias en su primera semana, se colocó como número uno y llegó hasta
los tres millones de copias a finales de ese mismo año, ganando un Grammy al
Mejor Disco de Rap y lanzando cuatro singles: “Lollipop”, “A Milli”, “Got
Money” y “Mrs Officer”. Musicalmente, el disco define muy bien el estilo de
Wayne, dividido entre temas más hardcore y otros que coquetean con el r&b o
incluso el pop. Es un trabajo maduro (no hay que olvidar que era su sexto disco
ya) pero a la vez sigue con ese flow risueño, juguetón e infantil (claramente
destacado en uno de los mejores temas: “Mr Carter”). Entre las bases hay
algunas sorpresas, como el sampler de “Dont let me be misunderstood” del grupo
Santa Esmeralda, incluido en la banda sonora de Kill Bill Vol. 1. Pero lo que
más destila el conjunto del trabajo, ya sea sobre un beat gangsta o unos
acordes melódicos de guitarra, es que Lil Wayne se comunica en hip hop. Para él
es su lenguaje, más allá del idioma. Le sale con una naturalidad que asombra;
en muchos momentos, parece totalmente improvisado, como si le hubieran abierto
el micro y hubiesen grabado lo primero que le surgía por la mente (que,
obviamente, no sería así). En fin, que si alguien quiere saber cómo empezó a
fraguarse la leyenda de uno de los mejores mc de la actualidad, sin duda “TC3″
es el mejor momento en su carrera para asomarse. No era el primero, y quizás
tampoco el mejor, pero sí el más ecléctico. Lil Wayne en estado puro. Ah, y por
si lo dudabas, “Lollipop” va sobre mamadas, sí. Pero luego en “Comfortable” se
muestra tan tierno diciéndole a su chica que la va a hacer sentir como Beyoncé,
que uno se pregunta cuál es su carácter real y cual es la pose que interpreta. O
quizás tenga una dualidad bastante acusada. ¿No la tenemos todos?
martes, 14 de febrero de 2017
PHARRELL WILLIAMS: G.I.R.L. (2014)
Información general:
reseña de “G.I.R.L”, segundo disco en solitario de Pharrell Williams, lanzado
en marzo de 2014 por Columbia dentro de su sello Interscope. El álbum se
compone de diez canciones de las que se han extraído hasta la fecha los singles
“Happy”, “Marilyn Monroe” y “Come Get It”. El primero de ellos, utilizado en la
película “Gru 2” fue nominado al Oscar y se calcula que puede haber vendido
como single unas cinco millones de copias. El LP tiene también colaboraciones
de Justin Timberlake, Daft Punk o Alicia Keys.
Crítica: me
pueden decir lo que quieran. Que su influencia en la peli era muy poca, que se
lo merecía más “Frozen” por ser un musical… nunca en la historia de los Oscar
se ha hecho mayor engañifa que con el hecho de no habérselo otorgado a
Pharrell. Y sí, ya sé que es un premio cinematográfico que poco tiene que ver
con la música, pero el tipo se lo merecía. Es imposible que no te caiga bien
Pharrell Williams o no te alegres por él. Siempre en la sombra, ejerciendo como
productor y cantante de estribillos para todo tipo de gente, desde Jay Z a
Madonna, pasando por Britney, junto con The Neptunes tuvo su época dorada a
comienzos de este milenio, donde su influencia en los discos más punteros del
momento ayudaron a redifinir (y en muchos casos, a fusionar) el pop y el
r&b. de su reivindicable grupo de rock y rap conceptual N.E.R.D., dio el
salto en solitario con “In my mind”, en 2006, que curiosamente no fue el gran
éxito que todos pensábamos, ni comercial ni artísticamente hablando. Como si el
peso de ser estrella en solitario fuese demasiado para él. Así llegamos hasta
2013, donde sendas colaboraciones en el “Get Lucky” de Daft Punk y el “Blurred
Lines” de Robin Thicke volvieron a ponerle en el disparadero. Una segunda
oportunidad que no se le aparece a todos en la vida y que Pharrell está
dispuesto a no dejar escapar. Ahí donde le véis, a pesar de que parece recién
salido del “insti”, el tipo tiene ya los 40 tacos, así que posiblemente no
tenga otra. Y, al contrario de lo que hiciese en su primer álbum, Pharrell se
quita las presiones y las expectativas y se marca un sencillo álbum de funk
alegre y vitalista, donde a su famoso falsetto (el más sexy de la música, con
permiso de Prince) le suma unas guitarras y un aire que te recuerdan al James
Brown de sus años mozos. Conceptualmente, “G.I.R.L” trata sobre lo mucho que le
gustan al chico las mujeres, pero no resulta ofensivo como es la tónica
habitual en la música de hoy en día (¿alguien dijo Chris Brown?) sino más bien
las canciones son un poema dedicado a ellas. Un poema celestial (atención a los
violines de “Marilyn Monroe”). Resulta paradójico que éste fuese el mismo que
convirtió el sonido de Britney en algo sucio y pegajoso con su “I´m a slave 4
u”. ¿Os acordáis? Joder, los tiempos en los que la Britney seguía diciendo que
era virgen… Bien es cierto que “G.I.R.L” sufre el conocido como “el mal del
super-hit”; la influencia y el poder de “Happy” (más de 500 millones de
reproducciones en su vídeo oficial de YouTube) es tan grande, que esperas con
ansia el momento en que la famosa percusión de inicio empiece a sonar y todo lo
que sea antes o después te da un poco igual. Quizás habría sido mejor incluirla
la primera o la última dentro del tracklist, pero eso no quita que, en su
conjunto, “G.I.R.L” suene simpático y fresco, y después de escucharlo una vez,
seguramente vuelvas a darle al “Play”. Para volver a escucharlo. Entero. Hasta
que suene “Happy”. Entonces, puede que repitas ese glorioso momento una y otra
vez.
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