El director de 'Kingsman: Servicio secreto', Matthew Vaughn ha comenzado oficialmente en Europa la producción de su futuro thriller de espías, 'Argylle', que se estrenará exclusivamente en Apple TV previo desembolso de 200 millones de dólares. El anuncio llega junto a la incorporación al reparto de la actriz nominada al Tony, Ariana DeBose ('West Side Story'), quien completa uno de esos elencos que realmente quitan el hipo junto a Henry Cavill, Bryce Dallas Howard, Sam Rockwell o la cantante Dua Lipa, quien hará también el tema principal de la banda sonora. Basada en una futura novela escrita por Ellie Conway que se publicará en 2022, esta adaptación cinematográfica se centra en la espía más grande del mundo, Argylle, mientras se ve envuelta en una aventura trotamundos. Vaughn ha desarrollado el proyecto para convertirlo en la primera de al menos tres películas de una gran franquicia potencial que se desarrollará en múltiples ubicaciones de todo el mundo, incluyendo Estados Unidos y Londres. A la espera de más novedades, desde Orgullo Fan… ¡seguiremos informando!
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sábado, 22 de enero de 2022
lunes, 30 de abril de 2018
Tráiler final en español de “Jurassic World: El reino caído”
Universal Pictures ha lanzado el tráiler definitivo en español de “Jurassic World: El reino caído” (“Fallen Kingdom”, en inglés), quinta entrega de la franquicia auspiciada en su día por el novelista Michael Crichton y el director Steven Spielberg, que tiene la particularidad en esta ocasión de haber sido dirigida por el español J.A. Bayona (“Un monstruo viene a verme”). Chris Pratt y Bryce Dallas Howard siguen siendo la pareja protagonista de la aventura, con un Jeff Goldblum recuperado para la saga, en esta historia que cuenta cómo el volcán de la isla entra en erupción, propiciando una imposible misión de rescate para con los dinosaurios que la habitan. Recordemos que ya hay confirmada una tercera entrega para el 2021 que será dirigida por Colin Trevorrow, director de la cinta precedente y que aquí ejerce como guionista. A la espera de más novedades, desde Orgullo Fan… ¡seguiremos informando!
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Crítica de “JURASSIC WORLD” (2015)
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jueves, 13 de abril de 2017
Crítica de "JURASSIC WORLD" (2015)
Año: 2015.
Producción: Amblin Entertainment. Director: Colin Trevorrow (“Seguridad no
garantizada”). Intérpretes: Chris Pratt (“Passengers”… ver crítica), Bryce
Dallas Howard (“El bosque”… ver crítica), Judy Greer (“Ant Man”... ver crítica), Lauren Lankus
(“Are You Here”), Jake Johnson (“Vamos de polis”), Vincent D´Onofrio (el
Kinping del “Daredevil” de Netflix), Nick Robinson (“The Kings of Summer”),
Omar Sy (“Intocable”),, Irfan Khan (“Inferno”… ver crítica) . Presupuesto: 150
millones de dólares. Recaudación: en su primer fin de semana, ha logrado más de
511 millones de dólares en todo el mundo. De ellos, más de 200 en su país de
origen, lo que la sitúan como el segundo mejor estreno de la historia por
detrás de “Los Vengadores”, y haciendo que Universal bata récords al superar
los 2000 millones de facturación global en tan sólo medio año, algo que ningún
otro estudio había conseguido hasta la fecha. Terminó con 1670 millones
recaudados en todo el mundo, lo que la convierten en la cuarta más taquillera
de todos los tiempos.
Franquicia: basadas
en la novela homónima de Michael Crichton publicada en 1990, la franquicia
hasta la fecha se compone de una trilogía anterior: “Parque Jurásico” (1993), “El
mundo perdido” (1997) y “Jurassic Park III” (2001), siendo las dos primeras
dirigidas por Steven Spielberg y la tercera por Joe Johnston. La cuarta entrega
estaba inicialmente pensada para su salida en 2005, pero se retrasó durante una
década por problemas con el guión. Actualmente, Universal Pictures ha fechado
la secuela de la que nos ocupa para el 5 de junio del próximo 2018, siendo el
responsable de ponerse tras las cámaras el español J.A. Bayona, responsable de “El
orfanato”, “Lo imposible” o “Un monstruo viene a verme” (ver crítica).
Sinopsis: 22 años
después, el sueño de John Hammond se ha hecho realidad y “Jurassic World” es un
parque temático de éxito que recibe cada día a veinte mil espectadores. Sin
embargo, mantener el interés en lo que no deja de ser una especie de zoo
elitista obliga al grupo de accionistas comandados por independiente Claire
Dearing a crear de la nada una nueva especie de dinosaurio que parte
directamente de la experimentación genética. El bautizado como “Indominus Rex” es
más grande, inteligente y peligroso que ninguna otra especie de la isla. Y
quizás… también suponga la destrucción de la misma. Sólo el ex marine Owen
Grady, el “domador” de los velociraptores, podrá impedir una masacre a gran
escala.
Crítica: “La
clave para ser feliz es aceptar que uno nunca tiene el control”. Cuando en su
día se quiso continuar con “Tiburón”, Spielberg se desentendió del tema
consciente de que todas las películas que se pudieran hacer sobre el escualo ya
las había hecho en un solo largometraje, y lo que viniese después no iba a
dejar de ser una repetición de lo mismo. Posteriormente, en “El mundo perdido”
le pasó algo parecido y quiso ir un paso más allá, llevando al T-Rex a las
calles de Nueva York, para sacar a los reptiles de la isla, en una jugada que
no le salió del todo bien. Consciente de ello, Trevorrow elabora lo que no es
sino un “remake” convencional pero disfrazado de “reboot” (ojo al juego de
palabras), de una cinta original que, por cierto, no lo necesitaba, pero añade
además un nuevo factor sorprendente de cara a que la franquicia pueda tener un
futuro más allá de esta entrega, en una pirueta imposible que sólo el tiempo
nos podrá decir si fue acertada o no. Y es que, decir que el nuevo film te
obliga a un ejercicio de suspensión de la credibilidad mayúsculo resulta casi
absurdo teniendo en cuenta que vamos a ver un producto que parte de la base de
que clonar especies extinguidas hace millones de años es una realidad aceptada
por todos. Pero precisamente por esto, porque los dinosaurios no son ya una
novedad por sí solos (que establece un curioso paraelismo con la trama
intrínseca del guión), convertir al “Indominus Rex” en una especie de
“psycho-killer”, y a los velociraptores en los “héroes” de la función a los que
sólo les falta hablar para ser humanos… es quizás pedir demasiado. Lo que
tenemos pues es una suerte de “El origen del planeta de los dinosaurios” que
depende mucho de la complicidad con el espectador para ser tomada mínimamente
en serio (insisto: partiendo de la premisa y el género en que se enclava),
aunque para ser justos, si todo esto se consigue, pasaremos un rato de lo más
agradable con una propuesta que mezcla sabiamente la aventura, el terror, la
ciencia ficción, el humor y el gore en un exquisito cóctel de palomitas cómo
sólo los mejores blockbusters pueden lograr. No podemos decir, lógicamente, que
sea mejor que la cinta original de 1993, pero como tampoco lo pretende, hasta
esos guiños para con la película primigenia le quedan bien a esta entrega, que
ahora sí, se ratifica como la mejor secuela de toda la (hasta la fecha)
tetralogía surgida previamente de la pluma del desaparecido Michael Crichton.
Ya sólo por esa brutal secuencia de la muerte de una mujer, atrapada por un
pterodáctilo primero y víctima del masasarius después… merece la pena pagar el
precio de la entrada.
Resumiendo: tanto
Universal como el director de “Jurassic World” tomaron buena nota del gran
éxito que fue “Guardianes de la Galaxia”, una superproducción que nunca se
tomaba muy en serio a sí misma para poder facturar un “simple” vehículo de pura
diversión sin pretensiones. Para emularla, nada mejor que “pescar” a un Chris
Pratt que hace nuevamente de “Starlord” (reivindicándose además como el único
capaz de recogerle el testigo a Ford como nuevo Indiana) y llenando la pantalla
de más criaturas generadas por ordenador para llegar a ese viejo teorema de
“más es más”. Todos los que en su día disfrutaron del primer “Parque Jurásico”
tendrán aquí un digno sucesor. Los que nunca la vieron (por falta de interés o
porque no habían nacido) pensarán que están asistiendo al espectáculo más
maravilloso del mundo.
Memorable: ese
“besus interruptus” de dos de los secundarios de la función en uno de los
momentos de mayor tensión, es lo más descacharrante que hemos visto últimamente
en pantalla. Eso, junto al diálogo de los chavales que no quieren quedarse
solos… ni con su tía, son pinceladas de humor muy bien logradas.
Mejorable: para
compensar lo dicho anteriormente, el film sí que tiene un “beso de película”
innecesario que se produce, además, mientras alrededor de la pareja
protagonista todo el mundo muere sin que parezca importar.
Curiosidades: tal
y como suele ocurrir en este tipo de proyectos, hubo otros actores que se
postularon para el papel que finalmente consiguió Chris Pratt. Entre ellos
estaban Henry Cavill, Armie Hammer (curiosamente, ambos protagonistas de “Operación
U.N.C.L.E.” o Jason Statham (quien, curiosamente también, ahora se está
quitando la espinita rodando una cinta donde se enfrentará a un Megalodón
prehistórico. Por otro lado, entre los numerosos guiones que se escribieron
durante los últimos diez años, había varios que llevaban a la práctica lo
abocetado en este film, con los dinosaurios siendo “empleados” por el gobierno
o empresas privadas para trabajos de riesgo como rescates de personas en zonas
peligrosas o como meros soldados en contiendas bélicas. Opciones, no obstante,
que no están descartadas de cara a las secuelas.
Parafraseando: el
nuevo propietario del parque recrimina al ingeniero jefe la creación de una
criatura tan letal como el “Indominus”, a lo que éste replica que sólo se
limitó a cumplir sus órdenes: “¡Yo nunca le pedí un monstruo!” “Un
“monstruo” es un término muy relativo. Para un canario, un gato será un
“monstruo”. Estamos demasiado acostumbrados a ser gatos”.
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lunes, 27 de marzo de 2017
Crítica de "GOLD" (2017)
Año: 2017. Dirigida por:
Stephen Gaghan (guionista de “Traffic”, por la que ganó el Oscar). Intérpretes:
Matthew McConaughey (ganador del Oscar por “Dallas Buyers Club”… ver crítica), Édgar
Ramírez (“Point Break”), Bryce Dallas Howard (“El bosque”… ver crítica), Joshua
Harto (“Iron Man”), Timothy Simons (Jonah Ryan en la serie de HBO “Veep”), Corey
Stoll (el congresista Peter Russo de “House of cards”), Toby Kebbell (“Kong: La
Isla Calavera”… ver crítica), Bruce Greenwood (el Capitán Christopher Pike en “Star
Trek” y “Star Trek II”), Stacy Keach (“American History X”), Rachel Taylor (Trish
Walker en la serie “Jessica Jones”), Craig
T. Nelson (“Poltergeist”). Presupuesto: 20 millones de dólares. Recaudación:
9,3 millones.
La realidad: aunque
se han alterado nombres y datos de los hechos verídicos, la película ficciona
uno de los mayores escándalos del mercado de valores acaecido en 1993 y que
tuvo al CEO de “BRE X”, David Walsh, como protagonista… no se sabe si
voluntario o involuntario. Para llegar los huecos que el desenlace de la
película deja (aviso de posible SPOILER), el auténtico Walsh falleció en 1998
víctima de un aparente aneurisma, en su casa de lujo de las Bahamas. Esto es,
cinco años después de los acontecimientos narrados aquí. Saquen sus propias
conclusiones, pues.
Sinopsis: Kenny
Wells es un “looser” nato, que heredó una deficitaria empresa y pasión por los
minerales de manos de su padre, y sigue intentando realizar el sueño de ambos
pese a que hace tiempo debió darse por vencido. En su último intento por
conseguir el éxito, Wells viaja hasta Indonesia para hacer un trato con Michael
Acosta, un experto que está convencido de saber la ubicación exacta de una
increíble mina de oro, si bien le faltan los medios económicos para comenzar la
extracción. Depositando toda su fe en esa última bala, Wells pone en riesgo lo
que le queda de dinero, reputación y salud… y semanas después el milagro se
produce cuando las primeras batidas obtienen su fruto. Comenzará entonces una
auténtica batalla entre bancos, accionistas de Wall Street y demás carroñeros
ppor hacerse con una parte del pastel, que será de hecho la mayor aventura a la
que se haya enfrentado en su vida.
Crítica: debo
reconocer que el pelo de McConaughey me distrajo bastante durante el visionado
de la cinta. Sé que parece algo pueril, pero al mismo tiempo ejemplifica que lo
que acontecía en pantalla permitía este tipo de disquisiciones personales, con
lo que el interés aparecía y desaparecía tal y como si de un niño caprichoso
jugando con un interruptor se tratase. Yo lo perdí hace tiempo (sí, el pelo,
digo), así que siempre me pregunto qué lleva a alguien como el bueno de
Matthew, que sigue luciendo una pelambrera excelente a su edad, a
caracterizarse de la forma en la que lo hace en la película. Estaréis pensando,
claro, que es una exigencia del guión para parecerse a la persona real que
retrata. Pobres ilusos. No, a pesar de estar basada en hechos reales, el guión
los “ficciona” para no entrar en problemas legales y, sobre todo, para hacer
más interesante la propuesta. Además, el tío es productor de la peli, así que
puede hacer lo que quiera. No, amigos. El verdadero motivo de que McConaughey
luzca esa calva es la búsqueda, paradójica en este caso, del “oro”. Del reluciente
metal dorado en que se bañan las estatuillas de los Oscar. Lo sabemos bien: a
los académicos les impresiona mucho que un intérprete (independientemente de su
género) se deje cambiar las facciones de manera significativa. Sobre todo, en
el caso de aquellos actores o actrices más agraciados físicamente, como si el
espejismo de lucir siempre aparentemente perfecto fuese óbice para tener
cualidades interpretativas. El propio Matthew lo sabe por experiencia propia y
ese aspecto demacrado que lució en “Dallas Buyers Club”. Quizás penséis que
estoy dedicándole demasiadas líneas al tema capilar, pero en absoluto. Sirve como
metáfora de una película concebida en todos sus aspectos para agradar a los
académicos en un imposible cruce entre “El lobo de Wall Street” y “La gran
estafa americana” (de cárcel es lo del tipo al que se le ha ocurrido el
epígrafe “La gran estafa” para su estreno en España), y a la que se le ven tan
claras las intenciones que termina defraudando por tanto en cuanto nunca llega
a la altura de las mencionadas arriba. Le falta el brío de Scorsese en lo
narrativo y la caracterización decadente de sus personajes en el caso de David
O. Russell, respectivamente, para suponer un calado sobresaliente en lo que,
por otro lado, no deja de ser un pasatiempo la mar de entretenido (con sus
intermitencias, como señalaba al principio). Pero ciertamente el film llega a
perderse en subtramas que no conducen a ningún sitio con personajes que no son
para nada entretenidos de por sí… y luego dibuja con cierta ñoñería a sus
protagonistas, en unas bucólicas e idealizadas relaciones entre McConaughey/Howard
y McConaughey/Ramírez que nunca terminan de resultar creíbles. Ni se entiende
el aparente final feliz en el caso de la primera, ni pasan el suficientemente
tiempo juntos “confesándose” (en el caso de la segunda) como para entender el
por qué no se mandan los unos a los otros un poquito a la mierda en según qué
momentos álgidos del metraje. Y a todo esto, se le suma el cráneo pelado de
McConaughey. Que como decía al principio, puede parecer una gilipollez, pero es
que muy a menudo una cara bonita te salva una historia. Para ver un calvo, ya
tengo espejos en casa. Y no necesariamente para mirarme de frente.
Resumiendo: bien
es cierto finalizar esta reseña señalando que hay un consenso (no sé si
crítico, pero sí cada vez más generalizado) en pensar que hay dos tipos de
películas, en esa nueva etiqueta que se ha creado desde hace unos años y que
identifica cierto tipo de producciones como “para adultos” (pero sin que tenga
que haber gente en pantalla practicando sexo… aunque se agradezca): películas
que optan a premio… y películas que no optan a nada. Y si la que toca es de
estas últimas, se da por hecho que es (hablando en plata y con perdón, aunque
bueno… a estas alturas…) una “mierda”. No es el caso de la mayoría, como
tampoco lo es en el de “Gold”, una película que adolece de cierta locura en
alguno de sus elementos para convertirse en una experiencia realmente
excitante, pero que sin embargo cuenta con mimbres suficientes como para vadear
las caudalosas aguas de un río en medio de un paisaje paradisíaco.
Memorable: las
partes de aventura que atesora el metraje, y el incierto final del personaje de
Ramírez, sin duda el gran “tapado” de una propuesta concebida para el
lucimiento de su principal protagonista. También, el uso de temas musicales de
la época: joyitas nada comerciales que denotan eclecticismo gustativo.
Mejorable: pues
precisamente, la poca cancha que se le da a algunos de los secundarios. Y el
encuentro final entre la pareja protagonista, a modo de “happy ending”, que no
tiene mucha concordancia con la anterior vez que vimos a Dallas Howard en la
pantalla. O hubo algo de por medio que se quedó en la sala de montaje o falta
un plano, un gesto, una línea de diálogo que nos haga plausible su aceptación
del “regreso” sin cortapisas.
Curiosidades: los
realizadores Michael Mann o Spike Lee estuvieron trabajando previamente en el
proyecto antes de la incorporación de Gaghan. De igual modo, Christian Bale
pudo ser el eventual protagonista, y Michelle Williams su esposa en la ficción,
si bien amobs abandonaron el barco dejando su puesto a McConaughey y Dallas
Howard, respectivamente. McConaughey, de hecho, es además productor ejecutivo
de la cinta. Señalemos, por último, que “Gold” tuvo un estremo limitado el 30
de diciembre del pasado 2016, lo que ya le valía para entrar en la terna de
aspirantes al Oscar (que finalmente no llegaron, ni siquiera en forma de
nominaciones), para pasar después a un estreno más amplio en 2017. Algo similar
a lo que ocurrió en nuestro país, cuyo estreno se fechó en marzo para poder
aprovecharse de una presumible ceremonia de los premios de la Academia donde
podría “caerle” algo.
Parafraseando:
los abogados de Kenny intentan hacer que éste firme un acuerdo con uno de sus
principales competidores para vender la explotación minera a cambio de 300
millones de dólares… pero a costa, lógicamente, de sacarles a él y a su socio
de la propiedad. Wells les da una respuesta bastante gráfica: “¿Ves
estas manos? Son las manos de mi padre. He arañado la tierra con ellas. He cavado
con ellas. Y voy a enterrarte con ellas. Y ahora, ve y dile al hijoputa de Mark
Hancock que trabaja para mí. ¡Es mi púto día! Mí… día”.
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viernes, 20 de enero de 2017
EL BOSQUE (2004)
Año: 2004. Título
original: The Village. Escrita y dirigida por: M. Night Shyamalan (“El
incidente”). Intérpretes: Bryce Dallas Howard (“Jurassic World”), Joaquin
Phoenix (“Gladiator”), Adrien Brody (“El pianista”), William Hurt (“Una
historia de violencia”), Sigourney Weaver (“Avatar”)Judy Greer (“El amanecer
del planeta de los simios”), Jesse Eisenberg (“La red social”), Brendan Gleeson
(“Al filo del mañana”). Presupuesto: 60 millones de dólares. Recaudación: 266
millones. Premios: James Newton Howard fue nominado por cuarta vez a los Oscar por
la banda sonora de esta película.
Sinopsis: en
1897, una pequeña aldea vive en un claro del bosque, amenazados por unas
misteriosas criaturas con las que parecen haber llegado a un pacto tácito de no
agresión, siempre y cuando no se adentren en las profundidades. Allí viven Ivy
y Lucius, dos jóvenes que no se atreven a confesarse su amor y, al tiempo,
empiezan a hacerse preguntas sobre el sistema en el que viven. El mejor amigo
de Ivy, Noah, es un chico con problemas mentales, el único cuya inocencia no
provoca a las criaturas del bosque. Quizás él sea la clave para adentrarse más
allá de los límites de la aldea.
Crítica: “Sí él
muere, todo lo que para mí es vida morirá con él”. No sé si lo he comentado ya
alguna vez, pero a mí me “soplaron” el final de “El sexto sentido” (1999). Sí,
amigos. Iba sentado justo detrás del conductor de un autobús y no pude evitar
escuchar la conversación que el tipo tenía con un amigo que se dedicó a
contarle el final, sin que el otro se lo hubiera pedido siquiera. Así que poco
después, cuando a regañadientes fui al cine con unos colegas para ver la
susodicha, no salía de mi asombro mirándoles: “¿Es que no os estáis dando
cuenta?”. Me moría de ganas de gritarles lo que, lógicamente, para mí ya era
obvio. Pero me lo guardé. Y muy sabiamente, uno de ellos, a la salida del pase,
me dijo: “Aunque lo hubiera sabido… me hubiera dado igual”. En ese momento, no
supe entenderlo, obcecado como estaba en mi indignación. Ahora sí lo entiendo. Curioso
caso el de Shyamalan que, como Orson Welles, será recordado por el gran público
tan sólo por una película. Una tras otra, su filmografía se va desgranando y el
peso de su éxito cae en forma de decepción sobre el público. Especialmente
doloroso fue al principio, donde el cineasta se empeñó en reiterar la fórmula
de “gran sorpresa final que lo cambia todo”, y eso supedita el devenir de la
historia, con una perenne frustración en el espectador que “espera” que le den
un vuelco al corazón, con lo que el factor sorpresa se pierde por completo. Y
es una lástima, porque todas las películas de Shyamalan tienen, igual que “El
bosque”, un amplio abanico de valores añadidos que pasan desapercibidos en pos
de ese giro final imposible: un trazo de cámara sosegado a la par que
inquietante, una puesta en escena ejemplar, un punto de partido prometedor y un
elenco de actores entregados a la causa sin mácula. Sobresalientes tanto Dallas
Howard (una desconocida aquí, que se convierte en “los ojos” (y nunca mejor
dicho: su personaje es ciega) del espectador), un Phoenix (que consigue lo
impensable: dar vida a un pobre chico tímido) y Brody (haciendo valer su Oscar;
su encuentro con el rol de Phoenix en la cabaña es simplemente magistral, sin
decir ni una sola palabra). Cierto es que la pirueta circense de Shyamalan, el
“macguffin” que intenta colar al espectador, está más cogido por los pelos que
en otras ocasiones, lo que implica la total complicidad con el espectador para
que éste no se sienta al final como que le han tomado el pelo a base de bien;
pero aún con ello, le suma aún más méritos al realizador, que en todo momento
sabe manejar los hilos cual tirititero sabiendo que el mínimo fallo le hará
caer al vacío.
Resumiendo: si el
esquema narrativo de “El bosque” no fuese un puzle que sólo adquiere
significado cuando colocas la última pieza, la historia de la que parte ya
sería lo suficientemente interesante como para reivindicarla. El problema es
que cuenta con unas expectativas que “obligan” a constantes sustos para
complacer al respetable. Afortunadamente, Shyamalan, encierra en el interior de
esa frondosa parafernalia artificiosa, como si fuera una “matrioska”, una
enternecedora historia de amor que sigue vigente cuando las luces de la sala
vuelven a encenderse.la historia del cine está llena de “Rosebuds”, pero sólo
funcionan cuando todo lo anterior interesa.
Memorable: aunque
otras muchas veces lo criticamos por ser meros “truquitos”, en este caso es
brillante la utilización del director de la banda sonora y los efectos de sonido
o la mera asociación cromática (esas “caperucitas” y el lobo feroz) para crear
suspense donde no lohay, con el mero chasquido de una rama seca.
Mejorable: a mí
personalmente me provoca más risa que otra cosa, pero la costumbre de Shyamalan
por aparecer en todos sus films, cual Hitchcock (aquí no se le ve la cara, es
el escorzo del securata en la garita) despierta la ira de muchos.
La frase: Lucius
habla con uno de los miembros del consejo, quien se sincera: “Puede olerte como un perro.
Puedes intentar huir del miedo, como hicimos nosotros. Pero el miedo te
alcanza. Te olfatea”.
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