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domingo, 23 de abril de 2017

Crítica de "CENICIENTA" (2015)


Año: 2015. Dirigida por: Kenneth Branagh (“Hamlet”). Intérpretes: Cate Blanchett (ganadora del Oscar por “El aviador”), Lily James (Rose Aldridge en la serie “Downton Abbey”), Richard Madden (Rob Stark en “Juego de Tronos”), Helena Bonham Carter (“El discurso del rey”), Nonso Anozie (Xnoan Dxos en “Juego de Tronos”), Stellan Skarsgard (“La caza del octubre rojo”), Sophie McShera (la serie “Downton Abbey”), Holiday Grainger (la serie “Los Borgia”), Hayley Atwell (Peggy Carter en la serie de Marvel “Agente Carter”),  Derek Jacobi (“Gladiator”). Presupuesto: 95 millones de dólares. Recaudación: 543 millones. Premios: recibió una nominación a Oscar por Mejor Diseño de Vestuario.


El cuento: al contrario que otras fábulas clásicas, la autoría de “Cenicienta” no tienen un autor concreto, sino que forma parte del folklore popular de numerosas etnias y generaciones. El mito de Rhodopis, documentado por el geógrafo griego Estrabón en el siglo VII antes de Cristo y que versa sobre una esclava griega que llega a casarse con el rey de Egipto se considera como la antecesora del personaje. La versión más tradicional de la misma, no obstante, sería publicada por primera vez en 1697 por Charles Perrault, y poco después por los Hermanos Grimm. La película animada de Walt Disney, por su parte, estrenada en 1950 ayudó a reflotar el estudio, que se encontraba al borde de la bancarrota, recibiendo además 3 nominaciones al Oscar y produciendo posteriormente dos secuelas directas al mercado doméstico.


Sinopsis: Ela es una joven optimista y feliz a quien la desgracia no tarda en visitar en forma de la muerte de su madre siendo ella muy pequeña. Años más tarde, no obstante, la muchacha será la primera en animar a su padre a que vuelva a contraer matrimonio, por lo que pasará a tener una madrastra y dos hermanastras, mucho más preocupadas en alcanzar una posición alta en la sociedad que en propiciar la felicidad del padre de Ela. Cuanto éste, además, fallece durante uno de sus trayectos mercantes, la tragedia se impone en la vida de la joven, pues su madrastra y las dos hijas de ésta no dudan en empezar a tratarla como una simple criada apodándola despectivamente “Cenicienta”. Un encuentro fortuito en el bosque con el príncipe heredero y un posterior baile en el castillo, sin embargo, podrán hacer que cambie al fin su suerte… merced a su pizpireta Hada Madrina.

Crítica: la consigna que le dieron a Branagh por parte del estudio era muy sencilla: estaba haciendo la película definitiva de “Cenicienta” para las próximas generaciones, de manera que pudiera preservarse en una cápsula del tiempo, así que si tenía que gastar un poco más de dinero… sin problemas. Si bien es cierto que con semejante premisa se puede pensar que cualquier podría hacer una buena película, lo cierto es que considero a Branagh como un minucioso orfebre. En los primeros años de su carrera, alcanzó el reconocimiento por sus adaptaciones de las obras de William Shakespeare. Le resultó sencillo, ya que era un estudioso del bardo inglés. Semejante procedimiento, el del estudio, ha llevado a cabo posteriormente en otros de sus encargos de Hollywood que pudieran pensarse menos aptos para él: la versión del “Frankenstein” de Mary Shelley, el poderoso “Thor” de Marvel o la película que nos toca. ¿Y qué es “Cenicienta”? Pues un cuento de hadas, un tanto ñoño, bastante rancio en su discurso y fantasioso en el mejor sentido de la palabra, que es la cualidad de la que Branagh decide partir para estirar del hilo cual madeja y hacer que un producto tan encorsetado como el que nos ocupa fluya como la seda y consiga, incluso, brillar en algunos momentos que pudieran parecer impensables. Baste decir que los pasajes más conocidos por todos, como el baile en el castillo o la búsqueda de la joven que encaje en el zapato no son los que más minutos ocupan en el metraje. El peso recae en los orígenes del personaje principal, buceando en su desdicha y su proceso de duelo, que aunque estereotipado y estirado al máximo, consiguen su propósito de suscitar una oleada de compasión en el respetable, quien cuando llega el momento de la verdad, sólo espera con toda devoción que las cosas le salgan bien, aunque para ello debamos renunciar a la lucha por el feminismo, el fin de los clichés y otro tipo de “batallitas meapileras” en las que nos hemos entretenido los últimos años.


Resumiendo: hay películas que podrían realmente reseñarse sin necesidad de verse. Y esto no es algo negativo. Ofrecen lo que prometen… que no es, ni de lejos, lo que se puede decir de la mayoría. Sin embargo, esta ausencia del factor sorpresa también puede echar para atrás a quienes no claudiquen, de partida, con el punto de partida de la propuesta en cuestión. Para todos aquellos escépticos que se estén resistiendo, advertiré que “Cenicienta” es un entretenimiento ligero y bien llevado a cabo, que apela al sentido de la magia tradicional del estudio que se encuentra tras el proyecto, y si bien su historia es aparentemente anacrónica, también es cierto que no está exento de otros muchos alicientes para hacerte claudicar en su defensa.


Memorable: los ratoncitos amigos de la muchacha, convertidos en unos personajes más del cuento… y sobre todo, lo bien que se lo pasan las veteranas de la función: Helena Bonham Carter transmutada en un hada madrina que parece haberse tomado un par de carajillos de más, y una Cate Blanchett bordando el papel de “mala malísima”, robando planos a diestro y siniestro.


Mejorable: como está ocurriendo con el resto de adaptaciones de cuentos clásicos Disney en películas de imagen real, la utilización de la banda sonora original suscita debates a favor y en contra. En esta ocasión, sin embargo, no chirrían las aportaciones en este sentido, y están justificadas en la trama.

Curiosidades: Mark Romanek (responsable de, por ejemplo, “Retratos de una obsesión”), fue el primer escogido para situarse tras las cámaras, si bien no tardó en abandonar por diferencias creativas, ya que estaba ideando una versión mucho más oscura de lo que Disney tenía en mente. De igual modo, Emma Watson (posteriormente, la protagonista de la recién estrenada “La Bella y la Bestia”) era la primera candidata para encarnar a “Cenicienta”, si bien el acuerdo no llegó a concretarse. De este modo, se postuló a otras actrices como Margot Robbie (Harley Quinn en “Escuadrón Suicida”), Alicia Vikander (la nueva “Lara Croft: Tomb Raider”) y Saoirse Ronan (vista en “Brooklyn” o “Expiación”) antes de ser adjudicado a James. La marca Swarovski realizó varios modelos de auténticos zapatos de cristal, si bien ninguno de ellos fue realmente funcional, de manera que hubieron de ser retocados digitalmente. El vestido de novia que aparece en la última escena fue realizado por 16 personas y llevó más de 500 horas de trabajo… que tuvieron que duplicarse toda vez que el primer modelo se quemó cuando la actriz se acercó demasiado a una estufa y el original se prendió.



Parafraseando: en su primer encuentro durante una cacería en el bosque, Cenicienta consigue impedir que un venado acabe decorando con su ornamenta alguna de las paredes del palacio, merced a una reflexión tan sencilla como difícil de rebatir: “No permita que le hagan daño, por favor” “Hemos salido de caza, ¿entiende? Es lo que se hace” “Que sea lo que se hace no es razón para que se siga haciendo”.

lunes, 17 de abril de 2017

Crítica de "WILD CARD (Jugada salvaje)"


Año: 2015. Director: Simon West (“Con Air”). Intérpretes: Jason Statham (“Transporter”), Michael Angarano (“Sky High”), Stanley Tucci (“Los juegos del hambre”), Sofía Vergara (“Modern Family”), Anne Heche (“Seis días, siete noches”), Milo Ventimiglia (Peter Petrelli en “Heroes”), Hope Davis (“Acero Puro”), Cedric the Entertainer (“La Barbería”). Presupuesto: 30 millones de dólares. Recaudación: 1.6 millones. Curiosidades: basada en la novela “Heat”, de William Goldman, de la que ya se realizó una primera adaptación en 1985 con Burt Reynolds como protagonista, conocida aquí como “Acorralado en Las Vegas”.


Sinopsis: Nick Wild es un tipo misterioso que se dedica a hacer de guardaespaldas o montar “numeritos” a cambio de dinero en la ciudad más ruidosa del mundo, soñando con ganar medio millón de dólares que le permitan retirarse un tiempo a Córcega. Pero cuando una de sus amigas es agredida sexualmente por un aspirante a boxeador, hijo de un mafioso, Nick no tendrá más remedio que dejarlo todo aparcado y hacer justicia.


Crítica: salgo del cine de ver “Furious 8” (vercrítica) y, como me he quedado con ganas de más, me dispongo a reconciliarme con ese placer culpable que es el cine de Jason Statham y que últimamente tan mal sabor de boca me deja, por mucho que ahora se rodée de algún rostro conocido para amenizar la función. Una función que recae siempre sobre sus musculosos hombros, lo quiera él o no, auto-consciente de que es el rey de un género ya caduco y sin saber muy bien qué mérito es eso… cuando no tienes anadie con quien compararte. “Jugada salvaje” es previsible hasta decir basta, y la propia imagen del actor hacen inviable que la sensación de peligro real del héroe se produzca, al estilo de, por ejemplo, “Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto”, porque todos sabemos que al final va a soltar mamporros y lo va a resolver todo. Tampoco se entiende muy bien el cambio que se produce en la personalidad del susodicho, quien en el tramo final, después de haber pertrechado la típica pose de tipo duro parco en palabras… se transforma en un ídolo con pies de barro adicto al juego y que no sabe cuándo parar. El giro final, con un imposible desenlace feliz, hecha por tierra cualquier intento de historia crepuscular o auto-destructiva, y ni siquiera la química entre director y actor principal (han trabajado juntos en “Los Mercenarios 2” y “The Mechanic”) consiguen que el film que nos ocupa tenga algún sentido. Últimamente, Statham se ha embarcado en una carrera contra sí mismo, estrenando varias películas al año, y siempre en alguna de ellas intenta huir de su propia sombra, cual Peter Pan queriendo “madurar” en una industria que le obliga a clonarse para mantenerse en activo. Desgraciadamente, películas como “Wild Card” dan la razón a quienes le ven como un intérprete de un solo registro.


Resumiendo: si ya de por sí, su filmografía no es como para echar cohetes, “Jugada Salvaje” es otro flojo film de Statham, con aire rancio y recomendable únicamente para sestear en el sofá. Se agradece el intento por hacerle hablar más de lo que nos tiene acostumbrados en otras cintas… pero definitivamente no es lo que mejor se le da. Todos queremos ver al protagonista peleando… y “Wild Card” ni siquiera es buena, ni se explaya, en este sentido.


Memorable: las escenas de acción, aunque sean de “andar por casa”, y la presencia de algún que otro rostro conocido pagados a base de talonario para darle algo de fuste al cartel. Especialmente, una Sofía Vergara que siempre te alegra la vista.


Mejorable: la subtrama del chaval informático que acude a Las Vegas para aprender a pelear es casi de vergüenza ajena. Se nota que la historia principal no daba para un largometraje entero y había que “rellenarla” como si de una temporada televisiva se tratase.


Curiosidades: según parece, Statham estuvo desarrollando personalmente el proyecto durante cinco años. En algún momento del proceso, la intención fue que Brian De Palma (responsable de clásicos como “Carrie”, “Vestida para matar”, “Los intocables”, “Atrapado por su pasado”, “El precio del poder” o la primera “Misión Imposible”) se pusiera tras las cámaras, si bien nunca llegó a estar realmente dentro de la producción.



Parafraseando: la amiga de Statham le pide que vengue su honor despachando a los criminales que la han violado. La forma que tiene de pedir ayuda es un tanto… um… curiosa: “¿Y si me matan?” “Estaré triste unos días”.

jueves, 13 de abril de 2017

Crítica de "JURASSIC WORLD" (2015)


Año: 2015. Producción: Amblin Entertainment. Director: Colin Trevorrow (“Seguridad no garantizada”). Intérpretes: Chris Pratt (“Passengers”… ver crítica), Bryce Dallas Howard (“El bosque”… ver crítica), Judy Greer (“Ant Man”... ver crítica), Lauren Lankus (“Are You Here”), Jake Johnson (“Vamos de polis”), Vincent D´Onofrio (el Kinping del “Daredevil” de Netflix), Nick Robinson (“The Kings of Summer”), Omar Sy (“Intocable”),, Irfan Khan (“Inferno”… ver crítica) . Presupuesto: 150 millones de dólares. Recaudación: en su primer fin de semana, ha logrado más de 511 millones de dólares en todo el mundo. De ellos, más de 200 en su país de origen, lo que la sitúan como el segundo mejor estreno de la historia por detrás de “Los Vengadores”, y haciendo que Universal bata récords al superar los 2000 millones de facturación global en tan sólo medio año, algo que ningún otro estudio había conseguido hasta la fecha. Terminó con 1670 millones recaudados en todo el mundo, lo que la convierten en la cuarta más taquillera de todos los tiempos.


Franquicia: basadas en la novela homónima de Michael Crichton publicada en 1990, la franquicia hasta la fecha se compone de una trilogía anterior: “Parque Jurásico” (1993), “El mundo perdido” (1997) y “Jurassic Park III” (2001), siendo las dos primeras dirigidas por Steven Spielberg y la tercera por Joe Johnston. La cuarta entrega estaba inicialmente pensada para su salida en 2005, pero se retrasó durante una década por problemas con el guión. Actualmente, Universal Pictures ha fechado la secuela de la que nos ocupa para el 5 de junio del próximo 2018, siendo el responsable de ponerse tras las cámaras el español J.A. Bayona, responsable de “El orfanato”, “Lo imposible” o “Un monstruo viene a verme” (ver crítica).


Sinopsis: 22 años después, el sueño de John Hammond se ha hecho realidad y “Jurassic World” es un parque temático de éxito que recibe cada día a veinte mil espectadores. Sin embargo, mantener el interés en lo que no deja de ser una especie de zoo elitista obliga al grupo de accionistas comandados por independiente Claire Dearing a crear de la nada una nueva especie de dinosaurio que parte directamente de la experimentación genética. El bautizado como “Indominus Rex” es más grande, inteligente y peligroso que ninguna otra especie de la isla. Y quizás… también suponga la destrucción de la misma. Sólo el ex marine Owen Grady, el “domador” de los velociraptores, podrá impedir una masacre a gran escala.


Crítica: “La clave para ser feliz es aceptar que uno nunca tiene el control”. Cuando en su día se quiso continuar con “Tiburón”, Spielberg se desentendió del tema consciente de que todas las películas que se pudieran hacer sobre el escualo ya las había hecho en un solo largometraje, y lo que viniese después no iba a dejar de ser una repetición de lo mismo. Posteriormente, en “El mundo perdido” le pasó algo parecido y quiso ir un paso más allá, llevando al T-Rex a las calles de Nueva York, para sacar a los reptiles de la isla, en una jugada que no le salió del todo bien. Consciente de ello, Trevorrow elabora lo que no es sino un “remake” convencional pero disfrazado de “reboot” (ojo al juego de palabras), de una cinta original que, por cierto, no lo necesitaba, pero añade además un nuevo factor sorprendente de cara a que la franquicia pueda tener un futuro más allá de esta entrega, en una pirueta imposible que sólo el tiempo nos podrá decir si fue acertada o no. Y es que, decir que el nuevo film te obliga a un ejercicio de suspensión de la credibilidad mayúsculo resulta casi absurdo teniendo en cuenta que vamos a ver un producto que parte de la base de que clonar especies extinguidas hace millones de años es una realidad aceptada por todos. Pero precisamente por esto, porque los dinosaurios no son ya una novedad por sí solos (que establece un curioso paraelismo con la trama intrínseca del guión), convertir al “Indominus Rex” en una especie de “psycho-killer”, y a los velociraptores en los “héroes” de la función a los que sólo les falta hablar para ser humanos… es quizás pedir demasiado. Lo que tenemos pues es una suerte de “El origen del planeta de los dinosaurios” que depende mucho de la complicidad con el espectador para ser tomada mínimamente en serio (insisto: partiendo de la premisa y el género en que se enclava), aunque para ser justos, si todo esto se consigue, pasaremos un rato de lo más agradable con una propuesta que mezcla sabiamente la aventura, el terror, la ciencia ficción, el humor y el gore en un exquisito cóctel de palomitas cómo sólo los mejores blockbusters pueden lograr. No podemos decir, lógicamente, que sea mejor que la cinta original de 1993, pero como tampoco lo pretende, hasta esos guiños para con la película primigenia le quedan bien a esta entrega, que ahora sí, se ratifica como la mejor secuela de toda la (hasta la fecha) tetralogía surgida previamente de la pluma del desaparecido Michael Crichton. Ya sólo por esa brutal secuencia de la muerte de una mujer, atrapada por un pterodáctilo primero y víctima del masasarius después… merece la pena pagar el precio de la entrada.


Resumiendo: tanto Universal como el director de “Jurassic World” tomaron buena nota del gran éxito que fue “Guardianes de la Galaxia”, una superproducción que nunca se tomaba muy en serio a sí misma para poder facturar un “simple” vehículo de pura diversión sin pretensiones. Para emularla, nada mejor que “pescar” a un Chris Pratt que hace nuevamente de “Starlord” (reivindicándose además como el único capaz de recogerle el testigo a Ford como nuevo Indiana) y llenando la pantalla de más criaturas generadas por ordenador para llegar a ese viejo teorema de “más es más”. Todos los que en su día disfrutaron del primer “Parque Jurásico” tendrán aquí un digno sucesor. Los que nunca la vieron (por falta de interés o porque no habían nacido) pensarán que están asistiendo al espectáculo más maravilloso del mundo.


Memorable: ese “besus interruptus” de dos de los secundarios de la función en uno de los momentos de mayor tensión, es lo más descacharrante que hemos visto últimamente en pantalla. Eso, junto al diálogo de los chavales que no quieren quedarse solos… ni con su tía, son pinceladas de humor muy bien logradas.


Mejorable: para compensar lo dicho anteriormente, el film sí que tiene un “beso de película” innecesario que se produce, además, mientras alrededor de la pareja protagonista todo el mundo muere sin que parezca importar.


Curiosidades: tal y como suele ocurrir en este tipo de proyectos, hubo otros actores que se postularon para el papel que finalmente consiguió Chris Pratt. Entre ellos estaban Henry Cavill, Armie Hammer (curiosamente, ambos protagonistas de “Operación U.N.C.L.E.” o Jason Statham (quien, curiosamente también, ahora se está quitando la espinita rodando una cinta donde se enfrentará a un Megalodón prehistórico. Por otro lado, entre los numerosos guiones que se escribieron durante los últimos diez años, había varios que llevaban a la práctica lo abocetado en este film, con los dinosaurios siendo “empleados” por el gobierno o empresas privadas para trabajos de riesgo como rescates de personas en zonas peligrosas o como meros soldados en contiendas bélicas. Opciones, no obstante, que no están descartadas de cara a las secuelas.



Parafraseando: el nuevo propietario del parque recrimina al ingeniero jefe la creación de una criatura tan letal como el “Indominus”, a lo que éste replica que sólo se limitó a cumplir sus órdenes: “¡Yo nunca le pedí un monstruo!” “Un “monstruo” es un término muy relativo. Para un canario, un gato será un “monstruo”. Estamos demasiado acostumbrados a ser gatos”.

martes, 4 de abril de 2017

Crítica de "EL CORREDOR DEL LABERINTO: Las pruebas"


Año: 2015. Título original: The Maze Runner: Scorch Trials. Adaptación: de la novela homónima de 2009 escrita por James Dashner. Director: Wes Ball. Intérpretes: Dylan O´Brien (la serie “Teen Wolf”), Kaya Scodelario (la serie “Skins”, y pronto en “Piratas del Caribe 5”), Thomas Brodie-Sangster (la serie “Juego de Tronos”), Will Poulter (“Somos los Miller”), Ki Hong Lee (la serie “Las nueve vidas de Chloe King”), Aml Ameen (la serie británica “Kidulthood”), Patricia Clarkson (la serie “A dos metros bajo tierra”), Giancarlo Espósito (Gus Fring en “Breaking Bad”), Rosa Salazar (“Battle Angel: Alita”), Lili Taylor (“Expediente Warren”), Nathalie Emmanuel (“Fast 7”), Barry Peeper (“Deep Blue Sea”)Aidan Gillen (el Meñique de “Juego de Tronos”). Presupuesto: 61 millones de dólares. Recaudación: hasta el momento, 118 millones.


Franquicia: lógicamente, es la secuela directa de “El corredor del laberinto” (ver crítica) y antecesora de “The Maze Runner: The Death Cure” (que podría traducirse como “La cura mortal”, aunque todavía no tiene título definitivo en nuestro país), tercer y último capítulo de la saga que se estrenará en enero de 2018. En un principio, la cinta debería de haberse estrenado este 2017, pero un accidente en el rodaje sufrido por parte del protagonista, Dylan O´Brien, obligó a retrasar la producción y, por ende, su llegada a las salas. Será una de las pocas distopías juveniles donde el realizador se haga cargo de todas sus entregas, además de no sumarse a la boda de dividir la última entrega literaria en dos películas.


Sinopsis: Thomas (Dylan O'Brien) y el resto de clarianos tendrán QUE enfrentarse a su mayor desafío hasta el momento: buscar pistas sobre la misteriosa y poderosa organización conocida como CRUEL. Este viaje les llevará a “La Quemadura”, un apocalíptico lugar repleto de inimaginables obstáculos. Formando equipo con miembros de la resistencia, los clarianos deberán desenmascarar a las fuerzas superiores de CRUEL y averiguar qué planes tienen para todos ellos. Pronto, los jóvenes descubren que el mundo que recuerdan ha pasado a ser un páramo apocalíptico habitado por unas criaturas salvajes que antaño fueron humanos… y sólo ellos tienen la clave para evitar que el resto del mundo acabe transformándose en dichas monstruosidades.


Crítica: aunque disfruté con su primera entrega por su clara apuesta por la aventura y agradezco el hecho de que no se hayan inventado cualquier excusa para volver a meter a los protagonistas en otro “laberinto” que continúe la broma (por decirlo así), “Las pruebas” me ha aburrido casi desde el principio, incapaz de funcionar como una unidad independiente y tan condicionada por su función de “capítulo intermedio”, que nada de lo que vemos consigue despertar un mínimo de inte´res. Y no digamos ni mucho menos originalidad, pues si su antecesora sabía mezclar sabiamente “El señor de las moscas” con “Cube” y “Lost(Perdidos”, su secuela se nutre de “Mad Max” y “Soy Leyenda” y el “homenaje” ya huele. Lo peor, no obstante, es que después de haber acertado sabiamente en su predecesora por plantar simplemente las bases, sin incidir demasiado en su universo propio, con la esperanza de que el experimento funcionase y tuviese carta libre para desarrollarlo en entregas venideras, “El corredor del laberinto 2” demuestra que, en esencia, no tiene mucho que contar. Sangrante es el caso de los personajes secundarios, que sólo sabes que existen porque, de vez en cuando, alguno muere, pero como nadie se ha tomado la molestia de “presentártelo”, pues lo más que aciertas a pensar es: “Mira, uno menos”. James Dashner, el creador de la saga, se inventa una organización mala malísima y ale, a tirar “pa lante”. Que, por cierto, manda cojones que un grupo de personas se hagan llamar a sí mismos como “CRUEL”, por mucho que (me imagino), se corresponda  las siglas de algo. Habría sido una buena línea de diálogo intentar justificar el nombrecito. Pero, y esto es otro de los puntos flacos de la franquicia, le falta sentido del humor. Todo es demasiado “pretenciosamente dramático-fatalista”. Que yo entiendo que el panorama no es como para ponerse a bailar con castañuelas, pero, volviendo a la comparativa con “Lost”… ¿qué habría sido de aquella sin Sawyer o Hurtley? Pues eso, un tostón de echarse a dormir.


Resumiendo: tengo que admitir que las distopías juveniles no son mi fuerte y todavía no he encontrado ninguna que me enganche. Hasta la fecha, “The Maze Runner” era mi caballo ganador, pero su segunda entrega me ha demostrado que no es más que lo mismo, pero contado con otro nombre. Igual en la tercera entrega nos meten a Jennifer Lawrence y Taylor Lautner por ahí y ni nos enteramos. Eso sí, la FOX ha tenido el detalle de no dividir la última novela en dos partes. O eso han dicho… que ya no me fío.


Memorable: la huida de los “zombis” por entre medias del rascacielos a medio demoler, y el clímax de la misma sobre un quebradizo cristal. En general, todas las escenas de acción y la tensión inherente a las mismas está mucho más conseguida que en su predecesora, lo que va en detrimento, no obstante, del desarrollo de los personajes. Cuestión de gustos.


Mejorable: no es que me hiciera falta, pero podían haber explicado a santo de qué metían a los chavales en un laberinto mortal. O a lo mejor lo han explicado en alguna de las dos películas y no me he “coscado”. La verdad que desconecté bastante durante su visionado… que no sé qué es peor. P.D.: hay cierta ironía en el comentario. La explicación sobre los “laberintos” era experimentar con los chicos inmunes al virus que ha devastado el planeta, si bien es una explicación bastante burda y lanzada casi sin interés.


Curiosidades: la cinta fue concebida inicialmente para tener cobertura en cines IMAX, si bien finalmente el estreno en dichas salas no pudo llevarse a cabo ya que Fox tenía todas las pantallas reservadas en exclusiva para “Everest”, película que en su momento se especuló como posible blockbuster con sello de Oscar y que finalmente no fue ni lo uno ni lo otro. Aún así, y pese a estar un poco por debajo de lo logrado por la cinta original, “Scorch Trials” debutó como número uno de la taquilla por delante de su principal competidor, el thriller dramático “Black Mass” protagonizado por Johnny Depp. Por último, el film recibió dos premios “Teen Choice Awards” por el protagonismo de Dylan O´Brien, que se postula como joven estrella para las próximas generaciones.



Parafraseando: el único toque de “humor” que podemos encontrar en la película, pero ni siquiera se consigue sacar un buen chiste del tema: “¿Cuánto tiempo lleváis aquí?” “Muy poco. Un día o dos. Ése de ahí es el que más: una semana. En su laberinto sólo había tías” “¿En serio?” “Los hay con suerte”.

martes, 28 de marzo de 2017

Crítica de "SAN ANDRÉS" (2015)


Año: 2015. Director: Brad Peyton (“Viaje al centro de la Tierra 2”). Intérpretes: Dwayne Johnson (“Fast 7”... ver crítica), Alexandra Daddario (“Percy Jackson y el mar de los monstruos”), Carla Gugino (“Spy Kids”), Ioan Gruffud (Reed Richards en “Los 4 Fantásticos” de 2005), Paul Giamatti (“Entre copas”),Hugh Johnstone-Burt (“Gooddess”),  Will Youn Lee (la serie “Witchblade”), Colton Haynes (Arsenal en “Arrow”) y la cantante Kylie Minogue. Presupuesto: 110 millones. Recaudación: 474 millones.


Secuela: aunque parezca inverosímil dado el estado en que queda el planeta al final del metraje, ya hay en marcha una segunda parte con el mismo director y protagonista, que cambiará la falla de San Andrés por los volcanes marinos en el océano Pacífico. Antes, sin embargo, Peyton y Johnson trabajarán en la adaptación del videojuego “Rampage”, que tiene fecha de estreno para el próximo 2018, y donde el ex luchador deberá vérselas en esta ocasión con tres monstruos que han venido a invadir la Tierra… o algo por el estilo.


Sinopsis: Después de que la traicionera falla de San Andrés finalmente ceda y desencadene con ello un TERREMOTO de magnitud 9 en California, un piloto de helicóptero de búsqueda y rescate (Dwayne Johnson) y su exmujer deciden ir juntos de Los Ángeles a San Francisco para salvar a su única hija. Sin embargo, este engañoso viaje hacia el norte es sólo el principio, y cuando creen que lo peor ya ha pasado…en realidad sólo acaba de empezar.


Crítica: “Ya ves: todavía puedo hacerte volar”. Cuando las cosas se hacen bien, uno simplemente se levanta y aplaude. “San Andres” es un vigoréxico blockbuster que, cual francotirador kurdo, en su punto de mira sólo tiene un objetivo: entretenerte. Y por encima de eso pasa todo, desde las frases lapidarias, a lo imposible de su guión o a los giros del mismo muy trillados. El cine de catástrofes tuvo su gran apogeo en la década de los 70, con producciones como “La aventura del Poseidón” (Ronald Neame, 1972), “Terremoto” (Mark Robson, 1974), o “El coloso en llamas” (John Guillermin e Irwin Allen, 1974), pero desde que Spielberg demostró que los dinosaurios podían volver a repoblar la Tierra gracias al CGI, Hollywood se ha empeñado en demostrar que también puede destruirla, y con la inminente llegada del nuevo milenio y los posteriores pronósticos mayas, hemos vivido una suerte de cintas del género que son ya casi cita obligada de todo verano que se precie. Nos las hemos visto con prácticamente cualquier cosa: tornados (“Twister”, Jan de Bont, 1996), volcanes (“Volcano”, Mick Jackson, 1997), meteoritos (“Armageddon”, 1998, Michael Bay), glaciaciones (“El día de mañana”, Roland Emmerich, 2004) o directamente el fin del mundo (“2012”, Roland Emmerich, 2009). Cada vez son más espectaculares, más grandilocuentes, se dedican más minutos en pantalla a ver cómo fallecen miles de personas de la peor manera posible y siempre hay un héroe dispuesto a salvar el día. Ya digo: nada nuevo bajo el sol, y en este sentido, “San Andres” no muestra nada nuevo. Pero… ¿y qué más da? La fuerza de sus imágenes y la concatenación de “putadas” a las que se ven sometidos los protagonistas, en un cíclico “Venga… ¿y qué más?”, que parece no va a tener fin, con varios grupos de supervivientes que se van alternando acertadamente en la historia, hacen que te quedes clavado en la butaca durante sus casi dos horas de metraje, y sales del cine sudando y con la adrenalina por las nubes como si acabaras de terminar una clase de “spinning”. Una clase donde, además, Dwayne Johnson sería el monitor que te gritaría en el oído: “¡Venga, más rápido, tú puedes!”. Desde que debutase como villano en “El rey escorpión”, la carrera del ex luchador ha ido lenta pero segura y actualmente es un seguro de vida para la taquilla a sus 43 años, y teniendo en cuenta lo que les dura el físico a esta gente (miren si no a Stallone y sus “mercenarios”), todo parece indicar que al tipo le queda cuerda para rato. Y si su sola presencia no basta para llenar la pantalla, ver el puente Golden Gate de San Francisco romperse como si estuviese hecho de palillos bien merece el precio de la entrada.


Resumiendo: terremotos, tsunamis, rescates imposibles mientras rascacielos enteros se vienen abajo, helicópteros que se estrellan, saltos en paracaídas porque el avión se queda sin gasolina… En los tiempos que corren, mucha gente se queda de que los tráilers muestran lo mejor de la película, lo que luego redunda en un cierto “chasco” cuando finalmente se estrena. “San Andres” es tan grande, delirante, absurda y espectacular, que no sólo cumple lo que prometía en sus avances sino que te da más. Mucho más. una película de la que es muy fácil reírse… pero de la que es imposible escapar.


Memorable: Alexandra Daddario, eso si que es una fuerza de la naturaleza y lo demás son tonterías. Su primera aparición es tomando el sol en bikini, pero conforme vaya avanzando la película y la veas con tremendo escote y empapada de pies a cabeza… te hará sudar. Ha nacido otra rutilante estrella en la ciudad donde más lucen. Por cierto, que está a punto de volver a coincidir con su “padre” (en esta ficción, se entiende) en la adaptación televisiva de “Baywatch – Los vigilantes de la playa”, así que prepárate para volver a verla en bañador y corriendo a cámara lenta. Ouh, mami…


Mejorable: hay un cliché que se cumple, como cuando en las películas de guerra hay uno que se pone a enseñar fotos de familia justo antes de palmarla. Aquí es la chica que conduce por el borde de una carretera sinuosa y se distrae primero buscando un batido y posteriormente mandando un mensaje por móvil. Vale, lo que le pasa no tiene nada que ver con esto, pero… es que lo ha ganado a pulso.


Curiosidades: fue la película más taquillera de Warner Bros en 2015 y el mejor estreno de Johnson como protagonista desde “El rey Escorpión”, incluso después de ajustar la inflación. Debutó como número 1 de la taquilla en Estados Unidos, y a la semana siguiente bajó al segundo puesto ante la entrada de la comedia “Espías”. Por otro lado, es la tercera vez en que Carla Gugino y Dwayne Johnson coinciden en pantalla grande, tras haberlo hecho previamente en “La montaña embrujada” y “Faster (Sed de venganza)”. De concretarse la secuela de “San Andrés”, volverían a hacerlo una cuarta vez. Por cierto, la intención del estudio de que Gimatti también regrese al elenco hacen pensar en que sería más bien una precuela, si bien no se ha confirmado nada al respecto.



Parafraseando: cuando lo que lleva años vaticinando por fin se cumple, el profesor al que interpreta Giamatti pronuncia una de esas frases que podría haber escrito un mono con una máquina de escribir, sacada directamente del manual sobre “Cómo escribir guiones para Hollywood”, Anexo, Frases Que Molen: “¿A quién avisamos?” “A todo el mundo”.

jueves, 23 de marzo de 2017

Crítica de "CUATRO FANTÁSTICOS" (2015)


Año: 2015. Director: Josh Trank (“Chronicle”). Guión: Simon Kinberg (“X-Men Origins: Días del Futuro Pasado”). Basada: supuestamente, en los cómics de Stan Lee y Jack Kirby publicados desde 1963, si bien tiene más parecidos con la versión de la línea Ultimate… ver crítica. Intérpretes: Miles Teller (“Whiplash”… ver crítica), Kate Mara (“The Martian”), Jamie Bell (“Las aventuras de Tintín”… ver crítica), Michael B. Jordan (“Creed”), Toby Kehbell (“El amanecer del planeta de los simios”), Tim Blake Nelson (“O Brother”), Reg E. Cathey (“La máscara”). Presupuesto: 120 millones de dólares. Recaudación: 168 millones. Premios: por desgracia, arrasó en los “Golden Raspberry” con los premios a Peor Director, Peor Guión, Peor Reparto, Peor Remake, Precuela o Secuela y Peor Película, esta última ex aequo con “Cincuenta sombras de Grey”.


Franquicia: en total, cuatro incursiones han tenido los personajes en el cine. La primera, olvidada por muchos, una producción de bajo presupuesto de 1992 con el sello de Roger Corman. Ya en FOX, la primera “Los 4 Fantásticos” (ver crítica) se estrenó en 2005, y dos años después su secuela “Los 4 Fantásticos y Estela Plateada” (vercrítica), amén de la que hoy nos ocupa. Una secuela de ésta estaba programada para 2017, pero el fiasco crítico y público la canceló. De igual forma, un posible crossover con la otra licencia de Marvel de la que posee los derechos el estudio, es decir: los “X-Men” y los mutantes en general, que había venido rumoreándose los meses previos al estreno.


Sinopsis: Redd Richards es un joven empollón que, junto a su amigo del colegio Ben Grimm, construye una máquina capaz de establecer un contacto con una dimensión desconocida. Gracias a esto, Reed consigue una beca para estudiar en el Edificio Baxter, donde también estudian los jóvenes Sue Storm y su hermano Johnny Storm y el misterioso Victor Von Doom. Todos harán uno de los descubrimientos más importantes de la historia, que también cambiará sus vidas para siempre.


Crítica: la crónica de un fracaso anunciado. “Cuatro Fantásticos” no es una mala película. Al contrario, es un film de ciencia-ficción notablemente divertido y con muchos puntos reivindicables. Pero no es una cinta de superhéroes. Y, desde luego, no es una película de “Los 4 Fantásticos” de Stan Lee y Jack Kirby. ¿Por qué ha sido entonces un fracaso tan clamoroso y las críticas han sido tan feroces desde su estreno? Porque los fans (o frikis, o llamarlos como queráis) son/somos una minoría que no suele contar para los estudios porque su peso no es relevante en una producción que aspira a ser un éxito a nivel mundial. Pero esta minoría es muy ruidosa, y junto a ellos/nosotros, siempre están los morbosos a los que les gusta hacer leña del árbol caído y llevaban prácticamente un año afilando los cuchillos, desde el mismo momento en el que se escogió a Michael B. Jordan para interpretar a Johnny Storm, cambiándole así la raza al personaje, y ls postergada campaña de promoción que, en el Hollywood de hoy en día, se empieza con mucho, mucho, mucho más tiempo del que FOX le dedicó a la que nos ocupa. A mí, sinceramente, lo del color de piel de un personaje me es completamente indiferente. Se ha hecho en otras ocasiones e incluso con cosas más difíciles de “tragar” como un cambio de sexo, así que sólo me interesa saber si el actor que interpreta a un personaje de 50 años de historia lo encarna solventemente o no. Y la respuesta es que no. La que aparece en pantalla no es la Antorcha Humana que todos conocemos. Pero tampoco lo son la Cosa, ni el Doctor Muerte, ni Sue… Parece mentira que una cinta que dedica tanto tiempo a presentar los personajes (cosa, por cierto, innecesaria toda vez que ya tenemos las producciones de principios de milenio para ello) traslade tan mal su referente en viñetas. El error de Trank es salirse por la tangente y, frente al infantilismo de las dos cintas de Tim Story, plantear una suerte de “Fantastic Four Begins”, como dando por hecho que lo que vale para un Hombre Murciélago bien vale para todos los demás. O quizás sea culpa de DC Comics por hacer también que su nuevo Superman sea un “Superman Begins”. La fórmula, afortunadamente para todos los demás y desafortunadamente para el caso que nos ocupa, queda demostrada como inservible en la mayoría de los casos. Pero no me gustaría centrarme en los aspectos negativos. Como digo, “Cuatro Fantásticos” es una buena película. Una película sobre unos chicos que, sin saberlo, abren un portal de doble dirección hacia un poder que nunca van a poder controlar. Todo este larguísimo prólogo es brillante, aunque insisto que sólo se puede disfrutar si haces un ejercicio de abstracción muy grande y piensas que lo que estás viendo no es una adaptación de los personajes que conoces. Desde luego, es el mejor origen que hemos visto de superhéroes hasta la fecha, pero al igual que la discusión que se plantea en el film y que da el pistoletazo de salida a todo lo demás, otros llegaron antes y plantaron su bandera. Trank quería hacer un “reboot” porque consideraba que la versión previa del grupo no le había hecho justicia. Un fallo, no solamente de presunción, sino de comprender la industria y el modo de vida en que estamos hoy en día, donde internet hace que cualquier persona, sea o no lector de cómics, esté hasta las narices de que le cuenten una y otra vez lo mismo. Efectivamente, señor Trank, usted ha hecho una película mejor que “Los 4 Fantásticos” de Tim Story (no vamos a entrar a debatir si es mejor o peor “adaptación”, simplemente como película en sí), pero no es la cinta que, a día de hoy, necesitaban los personajes para volver a estar en primera línea de batalla frente a un millar de producciones superheróicas. Esperemos que al menos sirva para algo y tanto Sony como Marvel tomen buena nota para su (tercer) relanzamiento de “Spider-Man”. Por favor, todos sabemos ya eso de que “todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Ahórrenselo… y aplíquenselo.


Resumiendo: si nunca has leído un cómic de la Primera Familia de Marvel ni has visto ninguna de sus películas, “Cuatro Fantásticos” te gustará. Incluso puede que lo haga si eres de los que van al cine sin prejuicios a todo lo que rodea la industria. En caso contrario, pensarás que estás pagando otra vez… para que te cuenten lo mismo. Y encima, con un Johnny Storm de color negro. A todo esto, y pasados un par de años desde su estreno en salas, queda patente que la que nos ocupa pasará tristemente a la historia como uno de los “reinicios” más decepcionantes de la historia.


Curiosidades: la lucha entre el estudio y el director durante todo el proceso de realización de la película fue continua, hasta el punto de que, primero, contrataron a Simon Kinberg para que reescribiese el guión completo que había escrito Trank (incluyendo un final diferente), y posteriormente obligaron a la filmación de nuevas escenas y un remontado de la versión que el propio director entregó. Todo ello, llevaron a Trank a desvincularse del film, y el mismo día del estreno publicó en su perfil de Twitter que seguramente la cinta recibiría malas críticas, puesto que no era lo que él tenía pensado en  principio. Posteriormente, fuentes de Fox alegaron que el comportamiento de Trank durante el rodaje había sido “errático, egocéntrico y problemático”. Todo ello desembocó en que el realizador abandonase también el proyecto del spin-off sobre “Han Solo”, ya que eso le obligaría a trabajar de nuevo con Simon Kinberg, quien es uno de los escritores que estará vinculado a todas las nuevas películas de “Star Wars”, bien como dramaturgo principal, bien como asesor o consultor para mantener el tono entre todas ellas.


Memorable: aunque no vemos a Ben Grimm por ningún lado, la adorable cosa de ojos azules nunca había estado tan bien representada como aquí. Sigue pareciendo algo artificiosa, pero desde luego no es un muñeco de goma-espuma e incluso hace el ruidito de rocas moviéndose al andar. Eso sí… también es un tanto desconcertante la elección del actor. Por un lado, se entiende que tenga la misma edad que Reed, por tanto en cuanto sabemos que eran amigos desde la infancia. Por el otro, está muy lejos de parecerse, por físico y por experiencia vital, a su homólogo de las viñetas.


Mejorable: el cambio en los caracteres de los protagonistas es tan acentuado (y todos cortados por el mismo patrón: serios, taciturnos y atormentados como si a cada uno de ellos le hubiesen matado a sus padres en un callejón al terminar de ver “La marca del Zorro”), que la escena del final, donde realmente se parecen en algo a los personajes que conocemos, se antoja como forzada y puesta de “pegote” para justificar el título. Lo mismo pasa con la batalla final contra un Dr Muerte que nunca llega a ser una amenaza real dado su poco peso en la historia.



Parafraseando: en la citada escena, el cuarteto observa desde una posición elevada todo el “futuro” que tienen por delante (pobrecitos, no sabían aún lo que se les venía encima tras el estreno) y llega el momento de buscarle un nombre al grupo: “¿Qué tal “La Antorcha y sus antorchitas”?” “Mejor “El cerebrito y sus neuronas”” “Hemos llegado muy lejos desde el garaje” “Ya lo creo. Es fantástico”. “Repite eso”.