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sábado, 21 de octubre de 2017

“El nombre de la rosa” se convertirá en serie de televisión


El clásico literario “El nombre de la rosa”, de Umberto Eco, llevado ya a la gran pantalla por Jean-Jacques Annaud en 1986 (con el protagonismo de Sean Connery o Christian Slater, entre otros), será nuevamente adaptada, en este caso para una miniserie de la RAI italiana, compuesta por un total de 8 capítulos y un presupuesto estimado de 23 millones de euros, que ha encontrado protagonistas en la figura de John Turturro (“O Brother”) y Rupert Everett (“La boda de mi mejor amigo”). La multipremiada novela original, publicada en 1980, giraba en torno a la investigación de una serie de asesinatos por parte de una pareja de frailes, en una abadía de franciscanos, en plena represión católica del siglo XIV. A la espera de más novedades, desde Orgullo Fan… ¡seguiremos informando!

sábado, 23 de septiembre de 2017

Crítica de “UNA BALA EN LA CABEZA”


Año: 2012. Dirigida por: Walter Hill (“Los amos de la noche”). Intérpretes: Sylvester Stallone (“Rocky”), Sung Kang (Han en la saga de “Fast & Furious”), Sarah Shahi (“Aquellas juergas universitarias”), Adewale Akinnuoye-Agbaje (“Thor: El mundo oscuro”), Christian Slater (“Amor a quemarropa”), Jason Momoa (Aquaman en “Liga de la Justicia”), Jon Seda (la serie “Chicago P.D.”), Brian Van Holt (“La casa de cera”), entre otros. Presupuesto: 40 millones de dólares. Recaudación: 21 millones.


El origen: el guión de la película está basado en la novela gráfica francesa titulada “Du Plomb Dans La Tête” (algo así como “Dirigido a la cabeza”), escrita por Matz y dibujada por Colin Wilson. En un principio, el equipo de producción, el mismo que habían concluido “Soy el número cuatro”, eligieron a Wayne Kramer (“La prueba del crimen”) como director, si bien el realizador se desvinculó del proyecto cuando su visión de la historia resultó ser más oscura de lo que Stallone quería. De este modo, fue el propio actor quien le envió el libreto a Walter Hill. De igual forma, Thomas Jane (“El Castigador”) se designó originariamente como su “compañero de fatigas”, pero el productor Joel Silver prefirió a Sung Kang para llegar a un audiencia internacional más amplia.


Sinopsis: pese a encontrarse en puntos equidistantes de la ley, un asesino a sueldo y un policía deberán hacer equipo, a regañadientes, para desmantelar una vinculación entre la mafia de Nueva Orleans y una red de policías corruptos que intentan acabar con ellos a toda costa. En su aventura serán ayudados por la hija del asesino, una “tatuadora” con nociones de medicina.


Crítica: “¿Vamos a pelear o vas a matarme de aburrimiento”. Recuerdo haber visto por primera vez el film que nos ocupa en una sesión doble de un cine de barrio. Sinceramente, no recuerdo qué otra cinta completaba el pase. Para el caso, poco importa. Lo que sí es relevante es que la disfruté en su justa medida. Un segundo visionado, sin embargo… no me ha traído tan buenas impresiones. Y es que creo que, en su día, el estreno de “Los Mercenarios” (“The Expendables”, Sylvester Stallone, 2010) fue un soplo de aire fresco para todos aquellos que nacimos en la década de los ochenta o un poco antes. El proyecto en sí mismo era una sonrisa cómplice con el espectador, un recuerdo de cuando “los hombres eran hombres” y la etiqueta de “héroe de acción” había que ganársela con muchas horas de gimnasio y muchas frases lapidarias. ¡Cuánto mal, en este sentido, hizo “The Matrix”! Pero bueno… al lío. Stallone aprovechó entonces para renacer con más fuerza que nunca y encadenar un proyecto detrás de otro, pues las puertas de la pantalla grande se le volvían a abrir de par en par con más de sesenta años cumplidos y, como su propio personaje dice al final del metraje: “No se vive eternamente”. Sin embargo, la broma duró muy poco, y a la postre quedó claro que el propio “Sly” era el único que realmente entendía en qué condiciones un producto como el suyo podía ser entendido hoy en día, y la mezcla perfecta entre aquel añejo cine “de antes” y el de “ahora” para que funcione en la pantalla. Pero claro… ¡no lo va a hacer todo él, el pobre! Que bastante hizo ya con escribir, dirigir, producir y protagonizar la mencionada cinta de “Los mercenarios”. Por todo ello, las riendas de esta “buddy movie” recaen en otra leyenda viva del género, Walter Hill, cuyo “pulso” se demuestra mucho más atrofiado que el del actor, con una narrativa muy poco moderna, abusando de los primeros planos y el montaje en las escenas de acción, lo que se traduce en un lucimiento bastante pobre de las mismas, si bien su manejo de las atmósferas aún se mantiene solvente. Con todo, lo peor sin duda del proyecto es el casting, donde la elección de su compañero en pantalla es un error garrafal, completamente incapaz de resultar interesante por sí mismo y carente de química con el protagonista de “Rambo”. Intuyo, no obstante, que el guión y la concepción misma del producto como un vehículo de lucimiento para su principal estrella le dejaban poco margen para sumar puntos al resultado final… pero es que, inclusive, a menudo incluso “resta” valores a la producción. ni siquiera el tímido flirteo con la voluptuosa Sarah Shahi se puede tomar en serio en ningún momento. Y la caracterización de los villanos… mejor ni hablemos. Hasta el propio guión es consciente de lo absurdo de su final, con el “jefe malísimo” expuesto innecesariamente en el desenlace para que así la pareja formada por el asesino y el poli les tengan a todos juntitos y en fila para despacharlos uno por uno. Lo que queda, por tanto, es un proyecto nostálgico que funciona por lo que funciona, completamente anacrónico pero con Stallone queriendo demostrar que su espalda aún es lo suficientemente fuerte como para soportar el peso de la función. Lo malo es, como les pasa a todos los jubilados cuando quieren batirse con sus nietos en lo que sea… es que la edad no perdona.


Curiosidades: por su desempeño tanto en la que nos ocupa como en “Plan de escape” y “La gran revancha”, Stallone fue nominado a un premio Razzie como Peor Actor, si bien acabó “perdiendo” (o ganando, según se mire) la candidatura frente al Jaden Smith de “After Earth”. La cinta, sin embargo, significó el peor arranque en taquilla de una película protagonizada por el actor en los últimos 32 años. Stallone se resarció, no obstante, con el posterior estreno de “Creed”, que no sólo supuso un éxito, sino también una nominación para el Oscar al Mejor Actor, así como un Globo de Oro. Por otra parte, de la mencionada “Plan de escape” se está rodando actualmente una secuela y ya hay confirmada una tercera entrega.


Memorable: la pelea final, hacha en mano, contra Jason Momoa. Es la única donde Hill realmente se luce y recuerda a los buenos tiempos del género en los ochenta. Ah, y el humor de “Sly”, siempre a punto tanto para disparar balas… como chistes rancios. A veces, incluso las dos al mismo tiempo.


Mejorable: si bien es lo de menos en este tipo de propuestas, el empaque de los “malosos” es una mala broma. Entre todos no harían uno bueno. A Slater le reconoces cuando aparecen los títulos de crédito, al “negro” (me niego a volver a escribir otra vez su nombre) sólo le falta llevar un letrero en la frente, y Momoa carece de carisma para hacerle sombra a Stallone, más allá de su físico.



Parafraseando: lo mejor del metraje, son las vaciladas que el asesino le pega al “picoleto”, a costa de su dependencia del móvil y sus métodos políticamente correctos. Ahora, las carcajadas que despertó en la platea este intercambio de frases fueron épicas:“El tatuaje que tenía tu hija… es muy parecido al que tenía la puta que iba con Greely” “Nome digas que estás llamando puta a mi hija. No vayas por ahí”.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Crítica de "WINDTALKERS" (2002)


Año: 2002. Dirigida y producida por: John Woo (“Blanco Humano”). Intérpretes: Nicolas Cage (“Ghost Rider”), Adam Beach (“Banderas de nuestros padres”), Christian Slater (“Amor a quemarropa”), Noah Emmerich (“El show de Truman”), Peter Stormare (actualmente, Czemobog en la serie “American Gods”), Mark Ruffalo (el Hulk de “Los Vengadores”), Jason Isaacs (Lucius Malfoy en la saga “Harry Potter”), Frances O´Connor (“Inteligencia Artificial”). Presupuesto: 115 millones de dólares. Recaudación: 77,5 millones. Premios: en unos curiosos premios a los mejores especialistas del año, ganó el concerniente a “Mejor Truco con Fuego”.


Fidelidad histórica: la cinta fue incluida en una particular lista de las 10 películas más “inexactas” en lo concerniente a conflictos bélicos. En ella figuraban también otras como “El patriota”, “Red Tails”, “Enemigo a las puertas”, “Pearl Harbor” o “En territorio hostil”. Insistimos que no es una lista que desmerezca los méritos artísticos de los largometrajes incluidos, sino únicamente la recreación de los hechos en que se inspiran.


Sinopsis: en 1943, en plena guerra contra Japón, el ejército de los Estados Unidos realiza pruebas con un nuevo código de cifrado basado en el lenguaje de los indios navajos. Enviados al campo de batalla por la toma de una isla que puede resultar clave, la misión secreta de dos soldados será actuar como escoltas de quienes comprenden y pueden comunicarse en dicho dialecto. Ahora bien… también deben procurar que el enemigo no consiga capturarlos y apoderarse así de tan valiosa herramienta estratégica. Aunque eso suponga acabar con la vida de sus propios compañeros.


Crítica: re-visionar década y media después de su estreno una película como “Windtalkers” me retrotrae a una época bastante bizarra de mi vida. Como buen buscador de reliquias en los videoclubs (recordemos, internet no era lo que es ahora) y de los cómics, me había pasado gran parte de mi adolescencia en pos de los títulos hongkoneses del cineasta como “The Killer” o “Hard Boiled”, de los que tanto había oído hablar. La noticia de su llegada a Hollywood fue, en su momento, una pequeña victoria personal para muchos, por tanto, que le habíamos idolatrado cuando no era nadie. Por estúpido que parezca, era como si “uno de los nuestros” (y no me refiero a la película de Scorsese) hubiese conseguido su sueño de triunfar en el cine. Por lo mismo, aplaudí a rabiar aquella “Misión Imposible II” que en realidad no había por donde cogerla. Pero es que, empero, “Windtalkers” tenía el aliciente (sí, ya sé que no podéis captar la ironía retroactiva de mis palabras) de estar protagonizada por Nicolas Cage, toda una estrella de “blockbusters” por aquel entonces gracias a la confianza que Jerry Bruckheimer depositó en él para cintas como “La roca”, “Con Air” o “60 segundos”. A todo ello, súmesele que los dramas bélicos volvían a estar de moda desde que a Spielberg le diese por “Salvar al Soldado Ryan” y tuvimos amplia cobertura con producciones del estilo “Pearl Harbor”, “Cuando éramos soldados” o “La delgada línea roja”, todas ellas tan distintas entre sí como cabría esperar pero con el mismo denominador común. Todo invitaba, pues, al optimismo. Craso error. Si no recuerdo mal, cuando la vi en cine, “Windtalkers” me hizo sestear. Ahora, muchos años después… ¡lo ha vuelto a hacer! Pero no sólo eso, sino que realza lo peor de toda aquella “fiebre bélica” y de la filmografía de sus dos principales reclamos. “Windtalkers” no sólo está llena de lugares comunes dentro del género, sino también de las propias películas de Woo. Algo, por otro lado, que en cualquier otro proyecto podría entenderse e incluso disfrutarse como un “sello de autor”, pero que aquí huelen a “cuerno quemado”. Un protagonista (Cage), tan traumatizado como para que llegue a ser imposible empatizar con él (y encima sobreactuado como pocos), un sentido de la lealtad y la amistad que raya en la homosexualidad, etc… De esto, por cierto, otro inciso importante. Es notorio el constante desprecio que el personaje de Cage siente hacia las mujeres, hasta el punto de que el rol de la enfermera que se insinúa bastante descaradamente dan un poco de vergüenza ajena. Nada de malo tendría, por tanto, si pudiésemos “entrar” un poco más en la personalidad del protagonista y descubrir… ¡oh, sorpresa!... que es abiertamente gay. Nada de malo, insisto. El problema es que esto no llega a concretarse, y la pose de Cage parece más la de que rechaza a la mujer porque “esto es la guerra, nena, y estoy traumatizado por cosas que tú no llegarías ni a entender, así que déjame en paz”. En fin… todo bastante rollo, la verdad. Pero también es cierto que era una película de John Woo. ¿A quién coño le importaba todo eso? Lo que queríamos era la acción. ¡Meeeek! Error de nuevo. “Windtalkers” no aporta nada nuevo en este sentido, y su epicidad acostumbrada aquí brilla por su ausencia, con un descontrol bastante palpable. Comparado, además, con la planificación que de este tipo de secuencias suelen hacer gente como Iñárritu, Nolan o incluso el Mel Gibson de “Hasta el último hombre”… Todo es bastante lamentable, la verdad. Y pese a que ambos han seguido trabajando después, en muchos sentidos se puede decir que la película que nos ocupa fue la cumbre en las carreras de director y protagonista. A partir de aquí (que no era mucho) todo fue cuesta abajo.


Curiosidades: tanto Nicolas Cage como Christian Slater habían trabajado anteriormente con el realizador. El primero, en “Cara a Cara”, y el segundo en “Broken Arrow”. Y es que Woo siempre ha tenido fama de tener actores “fetiche” como en su día lo hiciese con Chow Yun Fat, quien también llegó a la Meca del Cine precisamente por el calado que entre el público habían llegado a tener dichas cintas. El realizador también fue el primero en explotar (con el permiso de Tarantino) la vertiente como villano de John Travolta, gracias a las dos películas anteriormente citadas donde compartió cartel con los mencionados Cage y Slater.


Memorable: sin duda, la premisa argumental de la que parte la historia. Introducir, dentro de un conflicto bélico, una minoría tan poco representada dentro de este género (y del cualquier otro, ya puestos, si exceptuamos obviamente al western) como los nativos americanos. Lástima que su papel quedase, en la práctica, reducido a un rol bastante secundario e incluso, si me apuran, prescindible.


Mejorable: hay una escena que ejemplifica bastante bien los defectos del Woo narrador y lo mal entendida que está la película en las escenas que no tienen que ver con batallas. En el primero encuentro entre Cage y el indio con el que le han emparejado, Cage le espeta: “Me estás tapando la vista”, y se nos inserta un primer plano de un pájaro que no tiene nada que ver ni con la escena, ni con la película ni con nada. Vamos, un plano recurso que habían buscado entre los rollos de metraje porque algo tenían que poner. Exportado eso al campo de batalla… es un auténtico caos. Nada se entiende realmente y todo se monta de tal manera que parezca que las explosiones y las ráfagas de metralleta darán algo de sentido al contexto. Muy mal, en serio.


Parafraseando: una de esas reflexiones acerca de las ironías del tiempo y de la guerra que bien merecen unas líneas: “¿Sabes? “Caballo Blanco” me salvó el pellejo. ¿Qué habría pensado de eso George Armstrong Custer? Recuerdo a mi abuelo sentado en el porche y hablándome de matar indios como quien habla de matar alimañas o conejos. Contaba que le pagaban tres dólares por cada oreja comanche. No sé. Da que pensar. A lo mejor dentro de quince años nos sentamos a la misma mesa que los nipones, bebemos su “sake”, charlamos con ellos y buscamos a otros a los que zurrar”. “Piensas demasiado”. “Es la primera vez que me lo reprochan”.

lunes, 10 de abril de 2017

Crítica de "ENTREVISTA CON EL VAMPIRO" (1994)


Año: 1994. Título original: Interview with the vampire: The vampire chronicles. Director: Neil Jordan (“Juego de lágrimas”). Guión: Anne Rice, basado en su propia serie de novelas, la primera publicada en 1976. Intérpretes: Tom Cruise (“Algunos hombres buenos”), Brad Pitt (“Leyendas de pasión”), Christian Slater (“Broken Arrow”), Kirsten Dunst (“Spiderman”), Stephen Rea (“Underworld Awekening”), Antonio Banderas (“Two Much”), Thandie Newton (“Misión Imposible II”). Presupuesto: 60 millones de dólares. Recaudación: 223 millones. Premios: fue nominada a dos Oscar (Diseño de Producción y B.S.O) y a un Globo de Oro para Kirsten Dunst.


Franquicia: en 2002, se estrenó la adaptación de “La reina de los condenados”, que fusionaba en una sola película, lo narrado en “El vampiro Lestat” (la segunda entrega de la saga) y la mencionada “La reina…”. En esta nueva encarnación, Stuart Townsend se metía en la piel de Lestat, si bien el resultado no puede compararse, ni a nivel artístico ni económico, a la película que hoy reseñamos. Actualmente, la autora de las novelas, Anne Rice, ha recuperado los derechos de las 12 entregas que componen la serie, y estaría trabajando junto a su hijo en el desarrollo de una ficción televisiva, sin que todavía haya una cadena que haya comprado el proyecto. La última aventura literaria, que llevaba a Lestat a las ruinas de Atlantis, llegó a las librerías el pasado noviembre de 2016.


Sinopsis: un periodista que se dedica a grabar los testimonios de desconocidos a los que encuentra por la calle se topa una noche con Louis de Pointe du Lac, un vampiro que le relata la historia de toda su vida, desde que despertó a las tinieblas en 1791, cortesía de Lestat, un vampiro nacido en el viejo continente que tiene un sentido de la humanidad mucho más desapegado que el propio Louis, quien se resiste a matar. Así, Lestat convierte también a Claudia, una niña, para que haga compañía a Louis y sean por fin una familia. Pero pronto, la propia Claudia despertará un odio hacia su creador que podría acabar en sangrienta tragedia.


Crítica: “Así que quieres que te cuente la historia de mi vida”. Hoy en día, estamos bastante cansados de los vampiros. Y de los hombres lobo. “Crepúsculo”, “True Blood”, “Underworld”, “Las crónicas vampíricas”… hay una sobreexposición del monstruo, la mayoría de las cuales son grandes producciones. Pero en los 90, Drácula y sus imitadores estaban asociados con las antiguas películas de la factoría Hammer, en subproductos de dudosa calidad. Tuvieron que llegar Coppola y Jordan para estilizarlo, para darle un trasfondo, convirtiendo a las diabólicas criaturas en protagonistas y, paradójicamente, sacarles su lado humano. Así tenemos esta excelente “Entrevista con el vampiro” que cuenta con un diseño brutal de Dante Ferretti y un plantel de actores que incluso hoy en día harían palidecer a cualquiera. Especial atención a Cruise, jugando aquí con los rumores sobre su orientación sexual, en una composición (inclusive de gestos, con esas manos que salen a pasear) de lo más afeminada. También para nuestro Banderas, que acababa de desembarcar en los States y la niña Dunst, que irrumpió en el mundo del cine por la puerta grande emulando a Shirley Temple con sus ricitos y consiguió no convertirse en uno de esos niños prodigio caídos en desgracia.


Resumiendo: una de las mejores películas de todos los tiempos dentro del subgénero vampírico, que también se puede disfrutar aunque no te gusten los colmillos. El terror, el romanticismo y la atracción sexual comúnmente asociada al género, sublimada a su máximo exponente. Que se lo digan a la Dunst, convertida en la niña más odiada del mundo: los dos primeros besos de su vida se los dieron Tom Cruise y Brad Pitt. A día de hoy… todavía no se ha decidido por quién le gustó más. “Claudia, has sido una niña muy mala. Y muy desobediente”.


Curiosidades: el primero en utilizar el mito del vampirismo fue Bram Stoker en su conocida novela “Drácula”. Rice, como todos los que han querido utilizar a los chupasangres, se inspiró para su aclamada novela, dándole una vuelta de tuerca y profundizando en su lado más romántico y barroco. Tal fue el éxito de sus “Crónicas Vampíricas” que en 1992 el cine decidió sacar tajada con el “Drácula” de Francis Ford Coppola, que en 1992 reventó las taquillas de todo el mundo y fue nominada a 4 Oscars. Lo gracioso es que dicha versión tenía más puntos en común con la obra de Rice con la del propio Stoker, así que la novelista decidió tomar venganza adaptando en guión su propio libro y con un diálogo donde los protagonistas se refieren a Bram Stoker (sin mencionarle directamente) y uno lo califica como “un irlandés borracho”.


Memorable: la pantomima teatral del Teatro de los Vampiros, donde unos ingenuos parisinos creen estar viendo una función cuando realmente están asistiendo a un auténtico banquete de los “No Muertos”. Curiosamente, no es una invención de Rice. La mezcla de teatro y circo con el terror sigue triunfando incluso en nuestros días. Y es que en el fondo… nos encanta que nos den un buen susto.


Mejorable siempre tendremos el eterno debate, con algún gafapasta que dirá “El libro es mucho mejor” (afirmación que suele ser en parte cierta… pero también de auténticos tostones se han hecho grandes películas, y si no que se lo digan a “El padrino” de Mario Puzo). En este caso, tanto la novela como la película son buenas.



Parafraseando: en éste SPOILER que imagino que ya no fastidiará a nadie, Pitt termina de contar su historia y, lejos de lo que era su intención, el periodista al que encarna Slater le pide que le convierta. Cuando el vampiro se pone serio, Slater sale corriendo pero… ¿quién le encuentra al ritmo del “Shympathy for the devil” de los Rolling Stones? Él mismo lo dice: “Supongo que no necesito presentación”.