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lunes, 14 de mayo de 2018

“El otro guardaespaldas 2” ya está en marcha


Tras recaudar casi 180 millones de dólares con un presupuesto de tan sólo 30, era de esperar que no se tardara en anunciar la secuela de la comedia de acción que aquí conocimos como “El otro guardaespaldas” (“The Hitma´s Bodyguard”, en el original. Y efectivamente, así ha sido. “The Hitman´s Wife´s Bodyguard” (título provisional que sugiere la incorporación de un potente rol femenino) ya está en marcha y se espera que tanto Ryan Reynolds como Samuel L. Jackson retomen sus papeles, si bien ninguno de ellos ha firmado hasta la fecha para la secuela. Lo mismo pasa con Gary Oldman (previo a su Oscar por “El instante más oscuro”) o Salma Hayek (“Abierto hasta el amanecer”), que ejercían como secundarios de lujo. Y es que la cinta todavía se encuentra en una fase de desarrollo muy primeriza. De momento, a sus dos protagonistas les espera el regreso a las franquicias de superhéroes: Reynolds con “Deadpool 2” y Jackson con “Capitán Marvel”, como un rejuvenecido Nick Furia. A la espera de más novedades, desde Orgullo Fan… ¡seguiremos informando! 

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jueves, 31 de agosto de 2017

Crítica de "DRÁCULA, de BRAM STOKER" (1992)


Año: 1992. Dirigida por: Francis Ford Coppola (“El padrino”). Intérpretes: Gary Oldman (“El topo”), Winona Ryder (“Eduardo Manostijeras”), Keanu Reeves (el Neo de “The Matrix”), Richard E. Grant (“Game of Thrones”), Cary Elwes (“La princesa prometida”), Billy Campbell (“Rocketter”), Sadie Frost (“Love, Honour and Obey”), Monica Bellucci (“Irreversible”), y el músico Tom Waits, entre otros. Presupuesto: 40 millones de dólares. Recaudación: 215 millones. Premios: entre otros, ganó 3 premios Oscar: Mejor Vestuario, Maquillaje y Edición de Sonido.


El origen: basada, como su propio nombre indica, en la novela de Bram Stoker de 1897 (el nombre del escritor se utilizó en el lanzamiento de la cinta para subrayar que ésta sería una adaptación fiel del personaje, alejada de la iconografía de la productora Hammer), el germen de la producción nos lleva hasta otra mítica saga, la de “El padrino”, y más concretamente, al rodaje de su tercera entrega, en 1990. Allí, Coppola tuvo un verdadero conflicto a la hora de elegir una actriz para encarnar el rol de la hija de Michael Corleone (Al Pacino). Se habló de Julia Roberts, Madonna… y Winona Ryder, quien finalmente firmó para tal efecto. Sin embargo, llego el día del inicio de rodaje, la actriz fue sustituida por la hija del propio realizador, y nunca se ha sabido si fue Ryder quien abandonó o Coppola quien propició el cambio. El caso es que ambos prometieron darse un tiempo y volver a verse, para acallar los rumores sobre su enfado, y fue entonces cuando la actriz le llevó el libreto de “Drácula”, que a Coppola le gustó porque parecía un sueño erótico de dos horas de duración.


Sinopsis: Jonathan Harker es un joven abogado británico obligado por su firma a viajar hasta Rumanía para hacerse cargo de los deseos de su cliente, un misterioso conde que dice ser descendiente del mítico Vlad El Empalador. Paralelamente, la vida de su prometida, Mina, en Londres, no parecen atravesar un buen momento, cuando su mejor amiga cae presa del influjo de una misteriosa criatura que la tiene cautivada en cuerpo y alma. Todo lo ocurrido acabará desembocando en la llamada al prestigioso Abraham Van Helsing, quien les revelará la verdad: lo que están sufriendo no proviene de este mundo. se enfrentan a un ser por encima del bien y del mal. Se enfrentan con… un vampiro.


Crítica: “He cruzado océanos de tiempo para encontrarte”. La leyenda dice que los ejecutivos que vieron la película antes de su estreno, siempre tan acertados en sus predicciones, la bautizaron como “La hoguera de los vampiros”; un juego de palabras con la adaptación de “La hoguera de las vanidades” dirigida por BRIAN DE Palma, que había sido un rotundo fracaso de taquilla. Según los “videntes” de Columbia Pictures, la cinta era tan “barroca”, “extraña” y “grotesca”, que difícilmente seduciría a la audiencia. ¡Que listos eran! “Drácula” no sólo fue un éxito, sino que, en su pequeña parcela, lo cambió todo en su género. Y es que a día de hoy, que si “Crónicas Vampíricas”, que si “Crepúsculos”, que si “Underworld”, que si “Condemor”… estamos un poco saturados del género vampírico , la verdad. Pero toda esta moda que parece no tener fin tuvo un principio. Y ese principo… es el “Drácula, de Bram Stoker”. Y lógicamente, no me refiero únicamente a la novela original, que recomiendo desde aquí encarecidamente pese a llevar más de un siglo escrita. Ésta es una de esas películas casi “redondas”, donde se conjugó el proyecto perfecto para las personas indicadas. Una cinta casi de otro tiempo, debido al acertado uso que Coppola hizo de los efectos visuales “artesanales”. Y no me refiero sólo a las escenas que implican a criaturas o secuencias de acción. La planificación de toda la historia por parte de Coppola es la de un niño que se está divirtiendo con lo que hace, con unas transiciones y juegos de sombras cercano al teatro de marionetas, y una puesta en escena sencillamente abrumadora. Coppola quería hacer un guiño a los inicios del séptimo arte (del que se hace mención en la propia película), con ese poder subyugante de “generar” ilusiones en el espectador, donde muchas veces se “insinuaba” en lugar de “enseñar”. Y a fe que lo consigue. El metraje avanza durante su primer tercio como un carruaje de caballos en medio del bosque balcánico (lo que, no obstante, produce también cierta confusión en algunos pasajes), y se juega hábilmente con la narrativa de la historia respetando el juego original del propio Stoker, cuya novela estaba ensamblada merced a la correspondencia y diarios de todos los implicados en la misma. Mención especial me gustaría dar a la banda sonora de Wojciech Kilar, que se convierte en un instrumento más de seducción aterradora, y al tema de Annie Lennox utilizado para la promoción del film, “Love Song for a Vampire”, que escuché una y otra vez en el momento del estreno. Causante también de numerosas parodias e imitaciones, si por algo es recordada “Drácula” es la impactante y poderosa caracterización de Gary Oldman, completamente entregado a la causa (ojo al movimiento de sus manos) y la dualidad como “ángel caído” de la que dota a su personaje. Siempre habíamos sabido que el vampiro tenía un corazón, pero no fue hasta esta película que entendimos que servía para algo más que para clavarle una estaca. Otra cosa, puestos a quedarnos con “lo malo”, sería hablar de la interpretación de Reeves y su acento londinense, considerado como uno de los peores de la historia del cine, pero bueno… Siempre hemos sabido que lo mejor que ha tenido Keanu “Cara de Palo” Reeves ha sido la elección de sus papeles. Por eso pasará a la historia del cine, y ya lleva más de treinta años en la profesión. Por algo será. En conclusión, que esta “Drácula, de Bram Stoker” vino a dignificar un género de terror casi siempre denostado, y cambió la forma de verlo, entenderlo y realizarlo… hasta nuestros días. Si todo eso te parece poco… pues también es una grandísima película. Nos e puede decir más.


Curiosidades: el éxito de la película suscitó una adaptación de cómic realizada por Roy Thomas (guión) y Mike Mignola (dibujos). También pudo verse en los salones recreativos de la época una máquina de pinball inspirada en la película y figuras de acción con los personajes, así como un juego de mesa. Posteriormente, cuando se lanzó para el mercado doméstico en el VHS de la época, se comercializó una edición de lujo presentada en forma de ataúd, que contenía la película y una edición de bolsillo de la novela original de Stoker.


Memorable: las concubinas del conde, y la escena de sexo con Reeves, incluyendo a una desconocida por entonces Mónica Bellucci. En general, y tal y como quería Coppola, el erotismo que siempre había acompañado la leyenda de los vampiros impregna aquí cada fotograma del metraje, lo que incluye también el juego cromático con el vaporoso vestido rojo de la “libertina” amiga de Mina, o el blanco virginal usado por la misma en toda su vestimenta.


Mejorable: dejando a un lado lo apuntado acerca de Reeves, lo cierto es que poco o nada podemos decir negativo acerca de la película. Incluso la elección de Coppola de escenarios recreados en el interior del estudio, que fue tomada únicamente para controlar los gastos de producción que siempre le habían acompañado en su carrera, ayudan a imbuir de una atmósfera “irreal” a todo el conjunto que, en este caso en conreto, le viene como anillo al dedo.



Parafraseando: tras haberla cortejado durante semanas, y a pesar de que ella acaba casándose con su prometido, cuando el príncipe de las tinieblas vuelve a acudir a su encuentro, la joven Mina se deshace a los encantos de su amado, quien no puede evitar confesarle quién es realmente: “Yo… soy… nada. Sin vida. Sin alma. Odiado y temido. Estoy muerto… para todo el mundo. escúchame. Yo soy el monstruo al que los hombres vivos matarían. Yo… soy… Drácula”. 

jueves, 24 de agosto de 2017

Crítica de "HARRY POTTER Y EL PRISIONERO DE AZKABAN"


Año: 2004. Dirigida por: Alfonso Cuarón (“Gravity”). Basada en: la novela homónima de J.K. Rowling publicada en 1999. Intérpretes: Daniel Radcliffe (“La mujer de negro”), Rupert Grint (la serie de “Snatch”), Emma Watson (“El círculo”… vercrítica), Gary Oldman (“Drácula, de Bram Stoker”), Michael Gambon (“Sleepy Hollow”), John Cleese (“La vida de Brian”), Robbie Coltrane (“Goldeneye”), Warwick Davis (“Willow”), David Thewlis (recientemente, en la tercera temporada de “Fargo”), Alan Rickman (“Die Hard: Jungla de cristal”), Maggie Smith (“El exótico Hotel Marigold”), Emma Thompson (“Sentido y sensibilidad”). Presupuesto: 130 millones de dólares. Recaudación: 796 millones. Premios: fue nominada a los premios Oscar de Mejor B.S.O y Mejores Efectos Visuales.


La franquicia cambia: sucesora de “Harry Potter y la cámara secreta” (ver crítica), la que nos ocupa fue la primera ocasión en que Michael Gambon interpretó al director Dumbledore (tras el triste fallecimiento del anterior Richard Harris), y la última en que John Williams se ocupa de la banda sonora (si bien el tema central siguió utilizándose en las siguientes entregas). También fue la primera ocasión en que se relevaba al director, ya que Chris Columbus lamentaba no haber podido estar con sus hijos en los dos años que le llevó la confección de las primeras entregas, si bien siguió actuando como productor. Antes de Cuarón, rechazaron la oferta de coger la batuta: Guillermo del Toro (a quien la historia le parecía demasiado “luminosa” para su gusto), Marc Forster (que no quería volver a dirigir a niños tras “Descubriendo Nunca Jamás”) y M. Night Shyamalan (quien prefirió ocuparse de “El bosque”). Anteriormente, Steven Spielberg había declarado que, de dirigir una entrega de la serie, le hubiera gustado “El prisionero de Azkabán”, si bien ninguna de las partes llegaron nunca a plantearse en serio la colaboración.


Sinopsis: a punto de empezar un nuevo curso escolar, Harry Potter es advertido de que el peligroso Sirius Black ha escapado de la prisión de Azkabán, y planea terminar lo que empezó con el chico pues, según descubriremos más tarde, fue quien propició la muerte de los padres de Harry a manos de lord Voldemort. La amenaza del prófugo lleva a Hogwarts a estar custodiada por los Dementores, unos seres oscuros e incorpóreos que se convierten en la pesadilla del joven mago. Todo ello, mientras se establece una relación paterno-filiar con Remus Lupin, el nuevo profesor de “Defensa contra las Artes Oscuras”. ¿Demasiadas cosas para Harry y sus amigos?


Crítica: para muchos, la que nos ocupa es su película favorita sobre el niño mago. Yo, personalmente, tendría mis dudas con “El príncipe mestizo”… pero por ahí anda. Y es que, sin duda alguna, “El prisionero de Azkabán” abraza sin reservas la madurez y la oscuridad de sus personajes, sin dejar a un lado su espíritu aventurero. Puede que sea la cinta donde mejor equilibradas están todas las vertientes. Y puede, también, que sea por el hecho de que todo el “rollo Voldemort” está únicamente en el contexto, y no es el eje principal de la némesis de turno. Además, se ve más claramente el incipiente romance entre Ron y Hermione (si bien, yo que soy muy tonto, siempre pensé que Harry se la acabaría birlando a su amigo), y en general, el tiempo que se dedica a profundizar en los caracteres de los protagonistas es mayor, con lo que todos salimos ganando. Cuarón, que antes de asumir las tareas de dirección nunca había leído un libro de la serie ni se había visto ninguna de las películas, se mimetiza con la historia y su entorno, hasta el punto de que toda la ambientación y la dirección de fotografía reproducen fielmente el aspecto plomizo y lluvioso de las islas donde, teóricamente, está ambientado Hogwarts. Prácticamente, no asistimos a ningún día soleado en toda la aventura, lo que ayuda a acentuar los cambios por los que transitan sus protagonistas. Por cierto, que se ven mucho más creciditos que con respecto a la anterior entrega, y eso que sólo habían transcurrido 18 meses entre una y otra. Pero a esas edades… ya se sabe. Watson empezaba a estar como un quesito. También, sabiamente, el realizador mexicano se encarga de separar las “luces” y las “sombras de” la franquicia, comenzando por esa bonita secuencia inicial donde Harry intenta “crear” luz bajo las sábanas de la casa de sus tíos, y terminando con el potente conjuro a la luz de la luna que espanta a los Dementores y salva tanto su vida como la de su profesor y amigo Lupin. Lo único que lamento es que siempre pensé que, de algún modo, Draco Malfoy se terminaría convirtiendo en un rival digno para Harry, y en esta entrega ya queda bastante claro que sólo es un pusilánime “segundón”, con más torpeza que auténtica maldad. El pobre Draco se pasa todo el metraje recibiendo palos de unos y de otros. Bueno… ¡y los que le quedan! Resumiendo: que si tuviera que recomendar una película sobre “Harry Potter”, sin duda esta estaría entre mis primeras opciones, si bien es cierto (y esto es realmente lo único negativo a reseñar) es imposible que sea disfrutada en su totalidad sin haber visto las dos anteriores, por tanto en cuanto ninguna de las películas funcionan realmente como una unidad independiente, sino que forman parte de una gran historia mucho más amplia.


Curiosidades: cuando Cuarón se hizo cargo de la dirección de la cinta, pidió a los tres niños protagonistas que escribieran una redacción en primera persona, contando la vida de sus respectivos personajes desde que nacieron hasta el momento en que descubrieron el mundo mágico. Cuando llegó la hora de presentar el trabajo, Rupert Grint fue el único que no había hecho sus deberes. Al ser preguntado al respecto, Grint se encogió de hombros y dijo: “Soy Ron. Él nunca hace los ejercicios de clase”. Cuarón no tuvo más remedio que admitir que el chico sabía cómo era su alter ego en la pantalla.


Memorable: si en la anterior reseña señalábamos que el uso de la pantalla verde en los efectos digitales “cantaban” un poco vistos hoy día, en esta ocasión hemos de quitarnos el sombrero en este sentido, pues no sólo dichas secuencias, sino también los personajes creados por CGI, como el hombre-lobo, el hipogrifo o los Dementores lucen de maravilla y se integran en el celuloide de manera “real”.


Mejorable: aunque esto último no tiene nada que ver con su calidad artística y no obedece a un motivo concreto, pese a ser la segunda cinta más taquillera de su año de estreno (por detrás de “Shrek 2”), “El prisionero de Azkaban” es la entrega menos comercial de la saga. Y con esto, no sólo nos referimos a las ocho cintas originales de “Harry Potter”, sino también a la primera precuela de “Animales Fantásticos y dónde encontrarlos”.



Parafraseando: en su día, me llamó mucho la atención ese último plano “congelado” de Potter volando sobre su nueva escoba, que precedía a la que (creo) es la mejor edición de títulos de crédito de la franquicia, con los rótulos sobreimpresos en el divertido “mapa del merodeador”, otro de los grandes hallazgos de la cinta. ¿Entre ambos? Una de las frases míticas de la saga: “Juro solemnemente que esto es una travesura”.

viernes, 4 de agosto de 2017

Tráiler de "El instante más oscuro"

La división española de Universal Pictures ha lanzado el primer tráiler doblado de ”El instante más oscuro” (“Darkest Hour”, en el original), película a rebufo de la aclamada “The Crown” de Netflix que ha dirigido Joe Wright (“Anna Karenina”) y que cuenta con Gary Oldman (“Drácula, de Bram Stoker”) como principal reclamo, bien secundado eso sí por el desaparecido John Hurt (“V de Vendetta”), Lily James (“Cenicienta”), Ben Mendelsohn (“Rogue One: Una historia de Star Wars”) y Kristin Scott Thomas (“El paciente inglés”), entre otros. La película contará la llegada de Winston Churchill (Oldman) al cargo de primer ministro británico en el período de la II Guerra Mundial, cuando en una de las épocas más conflictivas, quizás la que más, que haya vivido el Reino Unido y por extensión el resto del mundo, debió mantenerse fuerte y tomar las decisiones que fuesen más acertadas para su pueblo. La película se estrenará en nuestro país el próximo 22 de noviembre. ¿A tiempo para la temporada de premios y festivales? Um… desde Orgullo Fan… ¡seguiremos informando!

jueves, 6 de abril de 2017

Crítica de "RoboCop" (2014)


Año: 2014. director: José Padiha (“Tropa de élite”). Remake: del film homónimo de 1987 dirigido por Paul Verhoeven. Intérpretes: Joel Kinnaman (“Suicide Squad”… ver crítica), Gary Oldman (“Dracula”), Michael Keaton (“Birdman”), Samuel L. Jackson (“Pulp Fiction”), Abbie Comish (“Sucker Punch”), Jackie Haley (“Pesadilla en Elm Street”), Michael K. Williams (“12 años de esclavitud”). Presupuesto: 100 millones de dólares. Recaudación: 242 millones.


Franquicia: a la cinta original de 1987 le siguieron dos secuelas en 1990 y 1993, así como diverso material derivado, e inspirando a otras cintas como… emm… ah… “GnomoCop” (sigh). Como curiosidad, destacar que en cómics y videojuegos se le ha llegado a enfrentar contra “Terminator”, si bien es una opción que nunca se ha planteado a nivel cinematográfico. De este remake de 2014 también se espera una secuela anunciada al año siguiente, sin que de momento haya habido más movimientos en este sentido, y muchos la dan ya por cancelada.


Sinopsis: en un futuro más o menos cercano, la sociedad norteamericana se divide ante la posibilidad de sustituir a los policías por un ejército de robots que podrían ser más efectivos… pero al tiempo, también podrían carecer de los sentimientos, empatía y clemencia que son, in fact, lo que nos convierte en humanos. La oportunidad de darle un lavado de cara a estos fríos hombres de hojalata llega cuando el agente Álex Murphy es asesinado brutalmente y se decide convertirlo en un cyborg, con lo que tendrá lo mejor de ambos policías: el humano y la máquina.


Crítica: el mundo del cine ha cambiado mucho en muy poco tiempo y uno no sabe cuánto más lo hará en el futuro. Tampoco salimos de dudas si nos preguntamos si esos cambios han sido para bien o para mal. A finales de los ochenta, un Frank Miller en plenitud de facultades se ofrecía a escribir el guión de “RoboCop 2” pensando que sería su única oportunidad de ver algo escrito en pantalla grande. Ahora, en plena era de la moda superheróica, curiosamente casi todas las grandes obras del autor han sido llevadas al cine y adaptaciones como “Daredevil” o el último “Batman” han bebido de sus clásicos “Born Again” y “Año Uno”. Y así, el remake de “RoboCop” tira de Batman(Keaton, el comisario Gordon(Oldman o Nick Furia/Jackson para darle algo de empaque a su propuesta. Ironías de la vida. ¿Era necesario? Visto lo visto… sí, aunque ni siquiera ellos pueden salvar los muebles de una cinta desastrosa, aburrida, plana y carente de las reflexiones con las que Verhoeven salpicó el film original y que aquí suenan tan artificiales como los efectos especiales que ni siquiera en eso consiguen superar al de 1987. ¿Qué es “eso nuevo” que (suponemos) los responsables de esta nueva versión querían ofrecer a RoboCop? El metraje se alarga en exceso intentando profundizar algo más en el lado humano del personaje, derivando en un tostón de libro que, en su antecesora, los guionistas resolvían a la perfección con el único y entrañable guiño de que Murphy, tras su transformación, siguiera enfundando su arma reglamentaria igual que el protagonista de la serie favorita de su hijo (detalle que, por supuesto, aquí se ha suprimido, porque entonces ya estaríamos hablando de plagio). Y una vez más, como este nuevo “RoboCop” se desenvuelve por los cauces del mencionado género de superhéroes, tenemos que remitirnos al fallo capital en el que suelen caer las malas aportaciones a dicho género: el héroe será tan grande… como lo sea su némesis. Aquí, el causante del drama personal de Murphy carece de desarrollo alguno y se limita a un par de escenas donde en ningún caso se muestra como una amenaza real para el protagonista del título. Y entonces… ¡oh, nadie se lo esperaba!... el guión cambia para que otro personaje se revele como el auténtico malo de la función. Y el resultado es el mismo, con un desenlace de lo más infantil, convencional y anticlimático. Vamos, a la altura del resto de la película.


Resumiendo: el “RoboCop” original, tras una mítica primera entrega, se convritió en una penosa franquicia de secuelas (a cada cual peor), series de imagen real y dibujos animados, videojuegos y cómics que, tratando de sacarle el mayor partido posible al icono, estuvieron a punto de destruirlo. Pero todo ello… partiendo de una buena entrega inicial. A saber lo que puede salir de un remake tan penoso y banal como el que tenemos aquí.


Memorable: la secuencia inicial, con los droides pacificando una zona de guerra y siendo asaltados por terroristas. Lo mejor de la película… y ni siquiera se ve en su totalidad. Si bien, decir que esto es “memorable” sea una etiqueta demasiado grande. Digamos que lo mejor de esta nueva cinta es que te dan ganas de volver a desempolvar la original y echarle un nuevo vistazo para quitarte el mal sabor de boca.


Mejorable: lo mínimo que se le puede exigir a un film de estas características es que tenga unas escenas de acción potentes. Aquí, queda claro que los cien millones de presupuesto (que se dice pronto) debe haber ido a parar al caché de los secundarios.


Curiosidades: en desarrollo desde 2005, la idea original era que Darren Aronofsky (“Cisne negro”, “Réquiem por un sueño”) fuese el director, y una gran estrella como protagonista, tanteándose a Tom Cruise, Johnny Depp, Keanu Reeves, Michael Fassbender o Russell Crowe, sin que ninguno de ellos aceptase el papel. Edward Norton o Hugh Laurie (el “House” de la serie homónima) también estuvieron involucrados en papeles secundarios, pero en algún momento salieron del proyecto. El director Fernando Meirelles (autor de la magnífica “Ciudad de Dios”) realizó unas declaraciones antes del estreno afirmando que Padiha le llamó por teléfono para decirle que el rodaje estaba siendo un infierno, con muchas injerencias por parte del estudio, y que de cada diez ideas que tenía, nueve eran rechazadas sistemáticamente.



Parafraseando: la cinta es tan mala que uno se pregunta por qué no la llamaron de otra forma y dejaron al film original seguir durmiendo tranquilo. En lo único que realmente se le parece es en utilizar (eso sí, al final) la mítica frase de: “Vivo o muerto… vendrás conmigo”.