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lunes, 10 de abril de 2017

Crítica de "POMPEYA" (2014)


Año: 2014. Director: Paul WS Anderson (“Resident Evil: El capítulo final”… ver crítica). Intérpretes: Kit Harington (el John Nieve de “Juego de Tronos”), Emily Browning (“Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket”), Carrie Anne Moss (la Trinity de “Matrix”), Adewale Akinnuoye-Agbaje (“The Mummy Returns”),  Kiefer Sutherland (el Jack Bauer de “24”), Jared Harris (Lane Pryce en la serie de AMC, “Mad Men”), Jessica Lucas (la serie “Gotham”). Presupuesto: 80 millones de dólares. Recaudación: 108 millones. Premios: Kiefer Sutherland estuvo nominado en una de esas ceremonias que se dedican a reseñar “lo menos bueno del año” como Peor Secundario.


La realidad: el 24 de agosto del año 79 después de Cristo, el volcán Vesubio (que se encuentra en la actual Nápoles y que todavía se mantiene activo, sin ir más lejos volvió a manifestarse en 1944) entró en erupción y pasó a la historia por ser uno de los mayores desastres naturales de la jamás vividos por el hombre, cobrándose la vida de, se calcula, unas diez mil personas; o, lo que es lo mismo, la mitad de la población de Pompeya, de la que se han recuperado mil cadáveres fosilizados. El por qué de dichas muertes sigue siendo a día de hoy objeto de estudio, pues las erupciones volcánicas, de por sí, no producen en su gran mayoría víctimas mortales, ya que las mareas de lava son demasiado lentas como para resultar un peligro en sí mismas, y la lluvia de proyectiles rocosos suele ser con polvo o sedimentos casi microscópicos. A día de hoy, se cree que fue una mezcla de fortuitos desastres, culminados con una reacción poco frecuente de oleadas de polvo ardiente, que golpeó a quienes todavía no habían escapado a la velocidad de 200 kilómetros por hora, hirviéndoles la piel y llenando sus pulmones de aire caliente. Dicha oleada se extendió por un perímetro de 30 kilómetros alrededor del volcán, con lo que escapar de sus efectos en dicha época fue sumamente difícil.


Sinopsis: en los días previos a la erupción del Vesubio, un gladiador conocido como “El Celta” es llevado a la ciudad de Pompeya para ser la atracción principal de unos juegos que podrían suponer la liberación de Ático, un veterano luchador de la arena. Durante la travesía, El Celta conocerá a Casia, la hija del empresario más importante de Pompeya, que acaba de regresar de Roma y mostrará un interés especial por el joven. ¿Podrán sobrevivir a una de las mayores catástrofes naturales de la historia?


Crítica: “Mataste a mi familia. Masacraste a mi pueblo. No te equivoques: mis dioses vienen a por ti”. Algo pasa con WS Anderson. Ni su divertida revisitación de los mosqueteros de Dumas ni esta digna mezcla de “Gladiator” y “Volcano” han contado con el apoyo del público. Y eso, a pesar de que es uno de los realizadores que mejor partido sabe sacarle a la moda del 3D que aún da coletazos. El principal problema que podría tener esta producción es que, al igual que ocurriese con “Titanic” o “Pearl Harbor”, el desenlace de la historia es conocido por todos, así que la espera hasta que llegue dicho momento puede resultar tediosa si no hay algo entre medias que realmente nos llame la atención. Quizás sea porque la moda de los “péplums” o las “películas de desastres” se pasaron en los 70. O quizá porque Anderson abusa de los “homenajes”, rayando en el plagio, a otras producciones épicas como “Braveheart”. Sin duda, “Pompeya” podría haber sido mejor película de lo que es, si hubiese incidido más en los aspectos socio-políticos de una urbe que, no lo olvidemos, fue borrada de la faz de la tierra y de la noche a la mañana, en el año 79 a.c., quizás como un castigo de los dioses, quizás por un mero capricho del volcán cercano. En cualquier caso, Anderson parece creer que toda la secuencia de la erupción no va a ser suficiente motivo para que el espectador quiera pagar una entrada de cine, así que mete con calzador una historia de amor de dudosa credibilidad y una suerte de peleas circenses con la venganza como trasfondo que restan bastante protagonismo al inevitable y catastrófico final. ¿El resultado? Pues eso: una película entretenida que es, ni más ni menos, lo que pretendían sus responsables.


Resumiendo: qué difícil es pasar de la televisión al cine (nada que ver, sin duda, con dar el salto a la inversa). Por mucho que seas el “fan favourite” de millones de personas en todo el mundo y te rodees de la mayor cantidad de efectos digitales en 3D. Harington lo aprendió aquí por la fuerza, si bien el visionado de la cinta no llega a justificar por sí misma el desastre, por tanto en cuanto, pese a su falta de originalidad, se desenvuelve como un “blockbuster” competente y, sobre todo, fidedigno a los hechos históricos, si bien es cierto que esto último no suele ser un factor determinante que mueva masas a la hora de asistir al cine. “Pompeya” es un “cine de sandalias”, para entendernos, y no sólo referido al calzado de sus protagonistas, sino a que es altamente disfrutable desde la comodidad de tu sala de estar. Bien vendría a ser un “Titanic” de nuestra época… pero dirigido por Paul WS Anderson, claro. Y cuando has consagrado tu filmografía a glorificar una saga de videojuegos sobre zombis… pues pasa lo que pasa. Ya no distingues lo que está “muerto” de lo que está “vivo”. Reflexionen.


Curiosidades: según palabras del propio actor, Harington se obsesionó tanto con mostrar un cambio físico en su primer gran papel en la pantalla que llegó a ir tres veces al día durante seis días por semana al gimnasio… hasta que su entrenador personal le paró los pies, claro. Y hablando de obsesiones, el director, Anderson, se mostró especialmente cuidadoso en la recreación histórica de la película, no sólo en la representación de la ciudad tal como era entonces, sino también en la escenificación de las costumbres, la sociedad romana de la época, el vestuario e incluso la erupción del Vesubio, para lo que contó con el asesoramiento de expertos vulcanólogos. Independientemente de sus méritos cinematográficos, el film fue muy aplaudido por su dirección de arte en general.


Memorable: la batalla entre gladiadores y soldados romanos para recrear la victoria sobre los rebeldes célticos, con ese lanzamiento final de hacha hacia la pantalla donde Ático vuelve a salvar la vida a su nuevo mejor amigo. Lástima que todo el contexto estuviese ya “quemado” enla mencionada cinta de Ridley Scott o, sobre todo, en las distintas temporadas de la ficción televisiva “Espartaco”.


Mejorable: ni un castigo de quince latigazos la noche anterior, ni una batalla contra un ejército de centuriones, ni un montón de tropelías entre medias… nada parece hacer mella en nuestro héroe, que cabalga esquivando una lluvia de piedras flamígeras sin despeinarse, como si de un Superman cuadrúpedo se tratase. Suspensión de la credibilidad… ¿qué haría yo sin ti?



Parafraseando: las cosas claras; así es como se consigue la amistad verdadera, y no con presentaciones de cortesía: “Tendremos que hablar en algún momento” “No. Tendremos que matarnos en algún momento. Así que mi nombre es cosa mía. Y el tuyo no tengo interés por conocerlo”.

viernes, 7 de abril de 2017

Crítica de "HÉRCULES" (2014)


Año: 2014. Título original: Hercules: The Thracian Wars. Basada en: la serie limitada de Radical Toyz realizada por Steve Moore y Cris Holsen. Director: Brett Ratner (“Hora Punta 3”). Intérpretes: Dwayne Johnson (“San Andrés”… ver crítica), Rufus Sewell (“The Tourist”), Ian McShane (“Deadwood”), Joseph Fiennes (“Shakespeare enamorado”), Steve Peacocke (la serie australiana “Home and away”), John Hurt (“Alien, el octavo pasajero”), Rebecca Ferguson (“Misión Imposible: Nación Secreta”… ver crítica), Irina Shayk (la modelo, ex novia del futbolista Cristiano Ronaldo). Presupuesto: 100 millones de dólares. Recaudación: 210 millones.


La polémica: según Alan Moore, mítico guionista de obras maestras del cómic como “Watchmen” o “Batman: La broma asesina”, permanentemente cabreado con el mundo y especialmente con el del cine a tenor de las adaptaciones de sus obras, el guionista de la obra original, Steve Moore (sin parentesco con el anterior) le escribió una carta en la que se quejaba de que estaban utilizando su nombre para vender la película, a pesar de que él había solicitado su desvinculación del proyecto, al enterarse de las cláusulas abusivas del contrato en lo que respectaba a sus derechos de autor, que le concedían quince mil dólares para hacer con su obra lo que quisieran y le impedían ningún tipo de reclamación posterior. Desgraciadamente, la noticia nunca se pudo contrastar pues Steve Moore murió el mismo año 2014, antes del estreno del film.


Sinopsis: en la antigua Grecia, Hércules y su grupo de amigos (entre los que se encuentran una amazonas, un hombre medio-salvaje y un guerrero capaz de visionar el futuro) actúan como mercenarios al mejor postor, con el sobrino del héroe perpetuando sus hazañas y haciendo creer a todo aquel que quiera escucharle que su tío es en realidad el hijo de Zeus. La realidad es que el susodicho Hércules vive atormentado por la muerte de su familia, de la cual muchos le acusan a pesar de que él apenas tiene el vago recuerdo de haber visto al mítico perro Cancerbero devorando a su mujer e hijos. En esta situación, el grupo es contratado por el rey de Tracia para librarles de un ejército de “minotauros” y otros diablos que les acosan, según dicen los pocos que han sobrevivido a su encuentro, con lo que el equipo deberá preparar a un montón de campesinos e instruirles en la batalla más difícil de sus vidas.


Crítica: “¿Creéis que sabéis la verdad sobre él? No sabéis nada”. De entrada, “Hercules” no es lo que parece. Es bastante más infantil(juvenil de lo que prometían sus tráilers y eso, en esta historia épica, si bien ofrece una de aventuras a la antigua usanza, aquí juega en su contra. Sí, vale: es mejor que la de Renny Harlin que nos llegó también hace unos meses, pero vamos… tampoco es mucho decir. Es más: se parece terriblemente a la cutre serie de televisión de los 90 que surgió a rebufo de “Xena, la princesa guerrera”, con un Dwayne Johnson que, puesto que no puede dar la talla en los momentos de drama, pues se dedica a imitar a Kevin Sorbo y su mueca de “hay que ver lo que se hace por dinero”. Insisto: no podemos decir que esta “Hercules” sea una mala película. No lo es. Pero también se queda lejos de lo que podría haber sido. Y, a pesar de sus logradas escenas de acción al más puro estilo de blockbuster veraniego, por momentos también coquetea con el homenaje a aquellas películas de Simbad con presupuesto de serie B. Aunque claro, en este caso… la “serie B” ha costado 100 millones de dólares. Pese a todo, e insisto, “Hércules” podría considerarse como una buena optimización de los recursos, con una deslumbrante puesta en escena cortesía de la famosa (e imprescindible, a día de hoy) “pantalla verde”, y con un “The Rock” entregado a la causa, luciendo su vigoréxico cuerpo y exudando ese carisma “buenrrollista” que le han posicionado a día de hoy como una de las estrellas de Hollywood más queridas por el gran público. Para mí gusto, le falta un poco de ese (por otro lado, paradójico, en este caso) factor humano que tanto persigue el héroe de esta epopeya, pero oye… nadie es perfecto. Ni siquiera un semi-dios.


Resumiendo: con una premisa que también podría considerarse como un “remake” mitológico de “Los siete samuráis” de Akira Kurosawa, sin dejar a un lado el “300” de Zack Snyder y Frank Miller (sin duda, una de las películas más influyentes de las últimas décadas, le pese a quien le pese), esta nueva revisión del hijo de Zeus es una puesta al día de los antiguos “péplums” qu servían como acompañamiento en una sesión doble dominical de hace unas décadas; una producción al servicio del espectador con mucho humor, acción, argumento lineal y el sentido épico más arcaico. Vehículo de lucimiento, al igual que aquellas cintas, a la estrella del cartel, un Dwayne Johnson sublimado aquí a su máxima potencia, con un elenco de secundarios que “rellenan” pero no “estorban”. Una película tan simpática como su protagonista… pero quizás igualmente simplona.


Memorable: la recreación de “Los 12 trabajos de Hércules”, ampliamente usados para la promoción del film pero que, en verdad, poco tienen que ver con la historia que se nos presenta. Resulta bastante desconcertante que el metraje no se regodee más en estas secuencias, habida cuenta de lo bien que lucen.


Mejorable: que, si de disfrutar se trata, podría haber salido más tiempo en pantalla la ex novia de Cristiano (que, si mal no tengo entendido, ahora tiene un hijo con Bradley Cooper y siempre se dijo que le había sido infiel al jugador del Real Madrid en el rodaje de esta cinta con “The Rock”… bueno, no estoy muy al tanto de la prensa del corazón).


Curiosidades: según declaraciones del propio Johnson, estuvo trabajando durante ocho meses de manera intensiva para meterse en el papel de Hércules, hasta el punto de convertirse prácticamente en un monje budista que no hacía más que entrenar y dormir. Preguntado, no obstante, si repetiría la experiencia, contestó que lo haría: “no sólo una, sino incluso dos veces más”. A ninguno se nos escapa, dado el cariz del Hollywood de hoy en día, que el antiguo luchador estaba dejando caer la posibilidad de completar una trilogía. planes, sin embargo, que no se han concretado ni parece que estén en la mente de sus responsables.



Parafraseando: Hercules duda de que con apenas sus amigos y un puñado de campesinos sea capaz de cambiar el curso de una guerra que parece perdida: “Sólo soy un mercenario que lucha a cambio de oro”. “Como nos vemos a nosotros mismos es inconsecuente… Como nos perciben los demás es importante. Y tu nombre, te guste o no, es un grito de guerra”.