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viernes, 15 de septiembre de 2017

Crítica de "EL PADRINO" (1972)


Año: 1972. Título original: The Godfather. Director: Francis Ford Coppola (“Drácula, de Bram Stoker”… ver crítica). Escrita por: Coppola y Mario Puzo, adaptando la novela homónima de este último. Intérpretes: Marlon Brando (“Un tranvía llamado deseo”), Al Pacino (“Tarde de perros”), James Caan (“Misery”), Robert Duvall (“El juez”), Diane Keaton (“Annie Hall”), John Cazale (“El cazador”), entre otros. Presupuesto: 7 millones de dólares. Recaudación: 245 millones. Premios: entre otros, ganó los premios Oscar a Mejor Película, Mejor Actor Principal (Brando) y Mejor Guión Adaptado, y recibió otras siete nominaciones.


La familia: la cinta original dio lugar a dos secuelas directas, estrenadas en 1974 y 1990. Siempre se ha rumoreado que podría haberse realizado una cuarta y última entrega, desechado no obstante tras la muerte de Puzo. Pese a que ya se habían estrenado muchas películas sobre gangsters anteriormente, el éxito de crítica y público de las dos primeras entregas, así como la profundidad psicológica de sus personajes, dio lugar a un aluvión de imitadoras y cintas que versaban en torno a la mafia italoamericana, así como series de televisión y parodias, del estilo de “Uno de los nuestros”, “Los Soprano” o “Una terapia peligrosa”. En total, se calcula que desde el estreno de “El Padrino” han llegado 300 películas con personajes mafiosos de corte similar, a una media de nueve por año. Todo ello, pese a que la figura como tal de “padrino” no existía realmente dentro del mundo criminal, ni se expresaban como lo hacen en la película, algo que, lógicamente, cambió tras el estreno, en un curioso caso de “retro-alimentación”. De igual forma, la partitura de Nino Rota ha quedado para la posteridad como una de las más reconocibles de la historia.


Sinopsis: en 1945, don Vito Corleone, un inmigrante siciliano que se ha creado un imperio en Mueva York a base de controlar el juego y otros negocios ilegales, “untando” a toda suerte de políticos y jefes de policía, celebra la boda de su hija junto al resto de sus hijos: el impetuoso Sonny, el apocado Fredo y el hijo menor, Michael, a quien su padre sueña con convertir algún día en senador o algún otro alto cargo completamente “limpio”. Sin embargo, las cosas se complicarán hasta niveles insospechados cuando Vito sufre un atentado contra su vida tras rechazar la oferta de otra “familia” rival para entrar en el negocio de las drogas. La guerra que se desata acaba con varios miembros importantes de ambos bandos muertos, y con Michael teniendo que huir a Europa.


Crítica: “I believe in Amierca”. Con esta declaración de principios se abre una de las películas más icónicas de todos los tiempos. Puede parecer una línea de diálogo al azar, dentro del monólogo de un personaje que clama justicia por su hija desfigurada, pero en realidad toda la secuencia es una alegoría brutal sobre el famoso “sueño americano” llevado hasta sus últimas consecuencias. Una tierra de oportunidades… para quien tenga la fuerza y la determinación de poseerlas. Al igual que otras películas del género, “The Godfather” ha sido ampliamente criticada por favorecer un retrato idílico de la “cosa nostra”. Nótese, en este sentido, que pese a sus claras alusiones, en ningún momento se ve de forma explícita las timbas de juego ilegal, la prostitución o la compra de favores, hasta el punto de que los Corleone parecen una familia con mucho dinero que se han metido en problemas prácticamente sin querer. En opinión de quien esto escribe, y al igual que pasa con algunas cintas de Scorsese, detenerse en estos aspectos me parece algo baladí y al margen completo de los valores artísticos del film. O tal vez sí. Tal vez la incorporación de todo un ejército de nuevos miembros para las filas de la mafia, que querían imitar a los personajes de la película, sea una contrapartida muy fea del hecho de crear una obra maestra. De igual modo que aumentaron las inscripciones a gimnasios tras “Karate Kid” o las peticiones de acceso al ejército del aire con “Top Gun”. Quizás los creadores de historias deberían sentarse a medir el alcance de lo que están narrando antes siquiera de escribir una línea o rodar un fotograma. Pero esto, intuyo, acabaría con el propio arte antes siquiera de haber sido gestado. A Coppola, en este caso, le atraía más el reflejo de los valores y tradiciones de los italo-americanos, especialmente su concepto de “familia” y el respeto hacia ellas, incluso en un ambiente tan corrompido y aparentemente “sucio” como el del mundo criminal. Pero… ¿acaso la Norteamérica posterior a la II Guerra Mundial no fue también la “era del corporativismo”? ¿No es lógico, pues, que dicho sistema bien estructurado y organizado llegase a un gremio que movía miles de millones de dólares y aspiraba a enraizarse durante generaciones dentro del país que ahora reclamaban como suyo? Puede que Coppola y Puzo dibujasen un bonito paisaje para los tipos de gatillo fácil y negocios “sospechosos”. O puede que también fuese un aviso a navegantes para quienes se niegan a creer la verdad. Como ese antológico plano final donde Diane Keaton contempla atónita como se produce el relevo familiar personificada en la figura de su marido, que acaba de prometerle que todo lo que dicen los periódicos es mentira. Y mientras los “consiglieres” van haciendo el “beso de mano” correspondiente… a ella le cierran la puerta en las narices. ¡Bum! Golpe de realidad, muñeca. Una elipsis sencillamente brillante. Podríamos resumir que “El Padrino” figura en muchas listas como la segunda mejor película de todos los tiempos, por detrás de “Ciudadano Kane”. Quizás, cuando todo el mundo está de acuerdo en algo, sencillamente sea porque tienen razón.


Curiosidades: ampliamente conocido también es el baile de nombres que giraron alrededor del proyecto antes de que llegase a concretarse. De primeras, Paramount Pictures hizo el negocio de su vida cuando consiguió los derechos de la novela, aún sin publicar, por una minucia, aprovechándose de que Puzo necesitaba liquidez para hacer frente a sus deudas de juego. Después, la terna de directores viajó de Elia Kazan a Peter Bogdanovich, pasando por Sergio Leone, que renunció para hacer su propia película mafiosa, “Once Upon a Time in America”. El único que no quería hacerla, Coppola, por considerar el libro como un pastiche sensacionalista y poco fiel a la realidad, fue quien acabó encargándose de su translación a la gran pantalla, ya que sus últimas películas habían sido un fracaso. Lo mismo pasó con el personaje de Vito Corelone, que podría haber sido para Laurecen Olivier u Orson Welles. Y qué decir del más importante, Michael Corleone, que fue a parar a un desconocido por aquel entonces Al Pacino, pero que podría haber tenido las facciones de Dustin Hoffman, Robert Redford, Warren Beatty o el guaperas Ryan O´Neal, que venía de encandilar a todas las jovencitas (y no tanto) del país con “Love Story”. Finalmente, el critero de Coppola se impuso, y a este respecto Stanley Kubrick confesó que, posiblemente, la cinta tenía el mejor reparto de todos los tiempos.


Memorable: una de las escenas más icónicas, a la par que más criticadas, es la del productor de cine y la cabeza de caballo cortada entre sus sábanas. Lo que muchos no saben es que dicha “animalada” (y nunca mejor dicho) se hizo con un equino auténtico. Coppola y el equipo de la película consiguieron la cabeza a través de una fábrica de comida para perros, y en concreto de un ejemplar que iba a ser sacrificado para dicho fin, independientemente de la filmación de la película. Por otro lado, la rumorología siempre ha circulado acerca de que dicha secuencia y el personaje del “crooner” venido a menos que necesita un éxito para reflotar su carrera se inspiran en Frank Sinatra y los “favores” que recibió para encabezar el reparto de “El hombre del brazo de oro”.


Mejorable: para el recuerdo quedan también las entregas de premios donde incurrió. Esta fue la película por la que Brando boicoteó la ceremonia de los Oscar, enviando a una “falsa” india nativa-americana, como protesta por la visión de que de ellos se había hecho durante décadas en Hollywood y en la televisión. También fue ampliamente denostada por Al Pacino, quien se sentía insultado por ser nominado a Mejor Actor de Reparto (en lugar de “Principaol”), alegando que su rol tenía mucho más peso en pantalla que el de Brando. Tampoco se escapó el compositor Nino Rota, que sin duda se habría llevado la estatuilla a casa, de no ser porque los académicos descubrieron que había hecho una partitura semejante para una cinta anterior, lo que le invalidaba para recibir el premio. Por último, y durante más de cuarenta años, la película tuvo el records de Globos de Oro ganados, con un total de 5, hasta el estreno de “La la land (La ciudad de las estrellas)”, que la superó en 2017 con 7 galardones.



Parafraseando: en un libreto repleto de diálogos brillantes, se cuela también una de las frases más famosas de la historia, que se repite durante un par de veces en el metraje, y que muchos mafiosos de la vida real “adoptaron” como suya a partir del estreno, referida siempre a la brutal y sin cortapisas manera de hacer negocios de los Corleone: “Le haré una oferta que no podrá rechazar”.

domingo, 19 de febrero de 2017

Crítica de "Jack Reacher" (2012)


Año: 2012. Escrita y dirigida por: Christopher McQuarrie (ganador del Oscar por el guión de “Sospechosos Habituales”). Basada en: la novela de 2005, “One Shot”, de Lee Child.  Intérpretes: Tom Cruise (Ethan Hunt en “Misión Imposible”), Rosamund Pike (nominada al Oscar por “Perdida”… ver crítica), Richard Jenkins (nominado por “El visitante”9, Werner Herzog (también director, por ejemplo del documental “Grizzly Man”), David Oyelowo (“Selma”),Jai Courtney (Kyle Reese en “Terminator: Génesis” y el Capitán Boomerang de “Suicide Squad”), Robert Duvall (ganador del Oscar y 7 veces nominado, conocido por películas como la trilogía de “El Padrino”). Presupuesto: 60 millones de dólares. Recaudación: 218 millones.

Intérpretes: cinco personas son asesinadas de forma aleatoria por un francotirador, al que pronto se le pone cara y nombre: James Barr, un veterano de la guerra de Afganistán. Tras ser detenido, el sospechoso se niega a declarar y tan sólo pide que se llame a un tal Jack Reacher, quien es poco menos que un fantasma del que no existen casi registros. Cuando el tal Recaher hace acto de presencia, todos piensan que acude en calidad de testigo o abogado defensor, pero en realidad es un policía militar que está convencido de la culpabilidad de Barr, por un acto similar que éste cometió en el pasado. Sin embargo, la abogada defensora convence a Reacher de que se convierta en su investigador y vea las pruebas desde otra perspectiva, lo que irá descartando invariablemente la condición de culpable de Barr.

Crítica: “Bueno, nadie ha dicho “puta”. Ella dedujo “fulana” y yo en realidad quería decir “zorra””. Es el puto amo. Puede eliminar a cinco tíos sin despeinarse, todas las mujeres quieren acostarse con él… y no necesita bolígrafos. Podría estar hablando de Tom Cruise, pero en realidad la descripción remite a Jack Reacher, aunque… tanto monta, que monta tanto. Antes de empezar la reseña como tal, debo confesar que Cruise es uno de mis ídolos cinematográficos. Sé que no es el mejor actor del mundo, y también estoy al tanto de todos sus escándalos con el rollo de la Cienciología y las cíclicas acusaciones de ser homosexual (que a mí, por otro lado, me la trae al pairo). Y desde luego, considero que lo que hizo a Nicole Kidman fue una putada sin cortapisas. Pero nadie puede cuestionarme que, como estrella de Hollywood, es la más rutilante del firmamento y la que realmente actúa como tal. Puede que cada uno de sus proyectos te interesen en mayor o menos medida, que hayas acabado renegando de la saga “Misión Imposible” (que va “a más” a cada entrega, por cierto) o que te sature el hecho de que prácticamente perpetúe el mismo personaje en cada una de sus películas. Lo puedes hacer, insisto. Pero no cabe duda que cada estreno suscita interés, puesto que sabe rodearse de la mejor gente de la industria, las cuales no tienen ningún impedimento en ponerse a su disposición y rendirle pleitesía. Por algo será. Un ejemplo perfecto de todo ello lo encontramos en esta película, cuajada de frases lapidarios y momentos muy “fuckers” que suscitarían la vergüenza ajena del respetable de no ser porque los propios implicados en el asunto te hacen ser partícipes de la broma. Es imposible imaginar “Jack Reacher” interpretada por otro actor, puesto que Cruise no sólo asume su condición de “principal reclamo” con un talante que muchos otros serían incapaces de aguantar, sino que literalmente se echa el peso de la historia a sus espaldas, convirtiendo en una “pasada” lo que de cualquier otro habría sido una “payasada”.

Resumiendo: lo que tenemos es un thriller muy setentero con un personaje al estilo Charles Bronson que no le importa tomarse la justicia por su mano, pero que huye de las sombras de los dramas trascendentales para marcar las tintas en los aspectos más “cool” de la propuesta, presentando a un protagonista que se eleva a categoría de icono desde su primera aparición en pantalla, y con un villano a la altura que infunde pavor sin necesidad de tener que mancharse directamente las manos con su adversario. Además, no falta la “chica guapa” que sirve más como florero que como otra cosa, habitual en este tipo de producciones, pero que al menos no se convierte aquí en distracción romántica del héroe. En definitiva, la sensación que el director imprime en los primeros compases del film, con ese prólogo contado casi exclusivamente a base de planos detalle, es de estar mostrándonos los mecanismos de un artefacto que funciona con la precisión de un reloj suizo. Y en efecto, “Jack Reacher” lo es. Es una máquina de entretenimiento. Ni más ni menos.

Memorable: la persecución en coche, que el propio Tom Cruise grabó sin necesidad de especialistas. Convenientemente, McQuarrie hace hincapié en ello mostrando un seguimiento secuencial del auto que maneja la estrella, lo que de paso da una perspectiva novedosa a este tipo de escenas de acción. El final, con un grupo de viandantes anónimos que se anteponen a la visión de la policía e incluso le facilitan una gorra para que se camufle, es sencillamente colosal.

Mejorable: hay un cierto tonillo misógino en algunas escenas y diálogos de la película, que podrían pasar desapercibidos si no fuese porque me recuerdan bastante a la primera escena de “Secuestro infernal” (“The way of the gun”), el primer trabajo del realizador tras las cámaras, y que sumado a lo que aquí acontece resultan un tanto mosqueantes. ¿Le rompieron el corazón en su adolescencia y no lo ha superado?


Parafraseando: a pesar de las descacharrantes líneas de diálogo del protagonista, me quedo con el soliloquio del detective que lleva el caso cuando intenta que Barr firme una declaración de culpabilidad: “Es la vida o la muerte, James. Quiero decir… que te va a caer la una o la otra. Éste es el fiscal del distrito. ¿Y sabes qué duda tiene? Si caminarás como un hombre o llorarás como un marica en el corredor de la muerte. Al fiscal le gusta la aguja, pero yo prefiero que un hombre como tú tenga una larga vida, hasta que pierdas los dientes… violado hasta que no  se distingan tus pedos de tus bostezos”.