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lunes, 6 de febrero de 2017

Crítica de "Celda 211" (2009)


Año: 2009. Director: Daniel Monzón (“El niño”… ver crítica). Guión: Jorge Guerricaechevarría (“Cien años de perdón”). Basada en: la novela homónima de Francisco Pérez Gandul. Intérpretes: Luis Tosar (“Te doy mis ojos”), Alberto Ammann (“Combustión”), Antonio Resines (“La buena estrella”), Marta Etura (“El hombre de las mil caras”), Carlos Bardem (“Alacrán enamorado”), Jesús Carroza (“7 vírgenes”), Manolo Solo (“Tarde para la ira”). Presupuesto: 3 millones de euros. Recaudación: 14 millones de euros. Premios: entre otros, ganó 8 premios Goya (de los 16 alos que estaba nominada), incluyendo Mejor Película, Director, Actor Principal, Actriz de Reparto, Actor Revelación y Guión Adaptado, entre otros.

Sinopsis: a Juan Oliver, nuevo funcionario de prisiones, no se le ocurre nada mejor para caer bien en su nuevo destino que presentarse el día antes de su incorporación para que le expliquen cómo funciona todo. La mala suerte quiere que coincida con un motín en la cárcel, quedando él aislado, junto al resto de presos, encerrado en la celda 211, donde pronto será descubierto por los amotinados. A Juan no le quedará más remedio que hacerse pasar por recluso homicida y ganarse la amistad de Malamadre, el líder de la revuelta y un auténtico sociópata, erigido como nuevo rey del presidio.

Crítica: por fin Daniel Monzón da con la tecla del éxito, porque sus anteriores incursiones cinematográficas habían sido un “querer y no poder”; una suma de buenas ideas que no casaban bien unas con otras. Aquí en cambio, todo va a favor de obra, quizás porque con un guión bueno (sin florituras, lineal pero funcional) y un puñado de buenos actores, poco más hay que hacer. A veces es así de sencillo. “Celda 211” arranca como un tiro y sigue hasta el final; a los cinco minutos ya está metida en faena, con unos protagonistas definidos desde la primera vez que aparecen en pantalla. Los únicos momentos de cierto sosiego quedan para los “flashback”, que al contrario de lo que pasa en otras ocasiones y de lo que podría parecer, en este caso ayudan a construir el momento cumbre de la película, sin el cual la transformación del protagonista no resultaría creíble. Mención especial para un sublime Luis Tosar, que crea un coloso llamado “Malamadre” que quedará por muchos años en el imaginario colectivo. No sólo él está enorme en el apartado interpretativo, aunque sí es el que más destaca. Es en este apartado donde hay que volver a subrayar el papel de Monzón y lo meritorio de su narrativa casi documental, rápida y afilada como el bisturí de un cirujano, porque de haberse recreado en algunos momentos, muchas de estas fantásticas creaciones de caracteres caerían en la caricatura y lo estereotipado, por lo extremo  de sus personalidades, que era uno de los puntos flacos de sus anteriores films.

Resumiendo: un clásico moderno del cine español, sin estridencias, donde nada falta ni nada sobra. Precursora, además, del “revival” en nuestra industria del género del thriller, que hemos seguido cultivando en los últimos años, dejando un poco de lado el del terror, que era la moda imperante por aquel entonces. Y que nos dure mucho, por cierto, a tenor de lo bien que estamos sabiendo perfeccionarlo. Como curiosidad, decir que Sylvester Stallone compró los derechos para hacer un remake norteamericano que todavía no ha tenido lugar, lo cual no sé si es necesariamente bueno o malo.

Memorable: la resurrección para el cine de Antonio Resines tras su periplo en “Los Serrano”, convertido aquí en un roba-escenas y que tiene un desenlace brutal.

Mejorable: al final le falta un poquito de fuerza, o quizás de valor, para no acabar en lo pre…sumible y(o lo pre…visible.


Parafraseando: una bienvenida perfecta para tu nuevo trabajo. “Acojona, ¿eh?” “Tranquilo chaval, en cuatro días te acostumbras”. “Más te vale, porque estos cabrones acaban saliendo, pero tú te vas a pasar aquí toda tu puta vida”.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Crítica de "La isla mínima" (2014)


Año: 2014. Escrita y dirigida por: Alberto Rodríguez (“Grupo 7”). Intérpretes: Raúl Arévalo (“Primos”), Javier Gutiérrez (Satur en “Águila Roja”), Antonio de la Torre (“Caníbal”), Nerea Barros (“El tiempo entre costuras”), Jesús Castro (“El niño”), Jesús Carroza (“7 vírgenes”). Premios: es la gran favorita de los próximos Goya con 17 nominaciones.

Sinopsis: en 1980, dos policías de Madrid son enviados a orillas del Guadalquivir para investigar la desaparición de dos hermanas durante las fiestas del pueblo. Uno de ellos es joven, idealista y representa el futuro, mientras que el otro es un tipo duro y sin escrúpulos, auto-destructivo, con fama de haber sido la mano dura durante el franquismo. Los dos deberán superar sus diferencias cuando descubren que el caso no es el primero de la comarca, sino uno más en una larga lista.

Crítica: “Hay que dar la noticia a los padres. Sois del pueblo. Os conocen” “Hacedlo vosotros. Nosotros tenemos que seguir viviendo con ellos”. La casualidad, para bien o para mal, ha querido hacer coincidir temporalmente el film de Rodríguez con la serie de “True Detective”, por la contraposición de sus protagonistas, su ambientación y contexto y sus aires de polvoriento género policíaco. Algo de eso hay, pero las comparaciones podrían extenderse a “El secreto de sus ojos”, “Zodiac”, “Memories of Murder” o las novelas de James Ellroy. En realidad, todas las obras maestras se parecen un poco entre sí. A la que no se parece en absoluto es a “El niño”, pretendida rival en la próxima edición de los Goya y de la que está a años luz, por la calidad a la hora de construir sus engranajes y lo bien que estos funcionan una vez se ensamblan. Y, si la de Monzón se vendió a bombo y platillo por el descubrimiento de su protagonista (Jesús Castro, que también tiene aquí un breve papel), “La isla mínima” re-descubre a dos grandes talentos; dos actores que a menudo suelen mostrar su vis cómica pero que aquí demuestran que la contención es una virtud, componiendo dos perfiles muy diferenciados sin caer en lo obvio. Me encanta que sus diferencias no sean el eje principal de la trama y que su relación no caiga en ese “compadreo” en el que parecen tener que derivar todas las “buddy movies”. Pero “La isla mínima” sobrevuela por encima de las demás producciones del año por su gusto excesivo con el detalle y el modo en que va ofreciendo sus pistas al espectador, como si el visionado de la cinta fuesen también un crimen en sí mismo que el público debe descifrar. Y como todo buen crimen, hay maravillosas pistas falsas, como esa donde se nos hace creer que el final del personaje al que interpreta Javier va a ser la muerte (que hubiera sido previsible) y… bueno, mejor no decirlo, por si acaso.

Resumiendo: muchas veces, hacer una valoración de qué película es la mejor del año, aunque sea en un coto tan reducido como el de nuestra industria, se convierte en una tarea difícil que se derime por los gustos y apetencias de quien las juzga. En esta ocasión, sin embargo, no hay factor de duda posible. “La isla mínima” tiene ese halo de buen cine que seguirá siendo revisionado y reivindicado con el paso de los años.

Memorable: hay veces en que enmarcar una historia dentro de un contexto socio-político y geográfico concreto no tienen más sentido que el estético o la rigurosidad con un presumible material original que se adapte. Aquí, todo juega a favor para crear una ambientación a base de pequeños detalles que te transportan directamente dentro de la película. Vamos, lo que deberían hacer todas… y no hacen.

Mejorable: como señalaba al principio, he escuchado gente ventilarse esta propuesta con una simple frase: “Es como True Detective”. En realidad, ha tenido suerte: si hubiese sido estrenada un año después, se la estaría acusando directamente de plagio.


Parafraseando: en un lugar y época donde la mujer no significa nada, adquiere especial relevancia una conversación del tipo: “Tenían fama… ya sabe” “¿Fama de qué?” “Les gusta pasárselo bien” “¿A usted no?” “Fama de fáciles”.