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sábado, 12 de agosto de 2017

Crítica de "AVATAR" (2009)


Año: 2009. Escrita, producida y dirigida por: James Cameron (“Mentiras arriesgadas”). Intérpretes: Sam Worthington (“Terminator Salvation”), Stephen Lang (la serie “Terra Nova”), Zoe Saldana (Gamora en “Guardianes de la Galaxia”… ver crítica), Sigourney Weaver (la teniente Ripley de la saga “Alien”), Michelle Rodríguez (“Fast & Furious”), Giovanni Ribisi (“Ted”… ver crítica), Joel David Moore (“Cuestión de pelotas”). Presupuesto: 237 millones de dólares. Recaudación: 2788 millones.  Premios: fue nominada a 9 premios Oscar, incluyendo Mejor Película y Mejor Director, si bien acabó ganando tres de ellos correspondientes a apartados técnicos.


Franquicia: tras muchos años de desarrollo, por fin Cameron y 20th Century Fox parecen estar preparados para la realización de las cuatro secuelas que compondrán una pentalogía a estrenar en diciembre de los años 2018, 2020, 2022 y 2023 (siempre y cuando no haya más cambios, claro). Cameron ha confirmado que los libretos de todas las secuelas están completamente terminados, y que explorarán otras facetas del planeta Pandora, como la vida marina. La producción de “Avatar 2” ya ha comenzado, con Cliff Curtis, actor protagonista de “Fear The Walking Dead”, como principal novedad. También se ha desvelado que Stephen Lang continuará siendo el principal villano de la saga.


Sinopsis: Jake Sully es un marine tullido al que el azar lleva a cumplir una misión en el planeta Pandora, un mundo rico en un preciado mineral cuyo único obstáculo para ser extraído es la oposición de los nativos conocidos como Na´Vi, una suerte de indígenas no muy evolucionados pero que están conectados de una forma casi espiritual con la naturaleza que les rodea. A pesar de su torpeza y de no haber sido adiestrado para ello, Jake consigue dominar pronto su “avatar” (un clon de la raza Na´Vi al que se conecta de manera neuronal para infiltrarse entre la población nativa) y establece una relación con Naytiri, la hija del jefe del poblado, que poco a poco le enseñará a ver su mundo con sus mismos ojos. Aunque puede que sea demasiado tarde para evitar que el pérfido coronel Miles Quaritch termine talando el Árbol de las Almas, auténtico corazón de todo el planeta.


Crítica: la primera vez que vi “Avatar” no me fascinó tanto como a quienes me acompañaban. En pocas palabras, su historia me parecía “simplona”. Sin embargo, acabé avasallado por su despliegue visual, que justificaba todo el revuelo que generaba a su paso (y pese a que a mí en ocasiones me parecía estar viendo una cinemática de videojuego pero en pantalla grande). Realmente, con esto ya he dicho todo lo que podría esperarse de una reseña cinéfila, pero aún así me extenderé un poco más para justificar el sueldo. Es cierto que la premisa argumental remite directamente a una “Pocahontas” en versión futurista; a una colonización del continente americano pero dentro del género de la ciencia-ficción; que sus protagonistas son bidimensionales y que su lenguaje pacifista y pro-naturista es de una simpleza que raya en lo absurdo. Pero… ¿qué mierda de quimérica experiencia vital esperábamos encontrar en lo que nunca pretende ser nada más que una película de aventuras con un presupuesto desorbitado? Todas aquellas críticas que, imagino, acabaron privándole de un merecido Oscar para dárselo a su “ex” y su “En tierra hostil” (“The Hurt Locker”, Kathryn Bigelow, 2008) no sólo me parecen injustificadas a día de hoy, sino fruto de la pataleta de los incapaces; aquellos que en su día le vieron autoproclamarse como “rey del mundo” en un acto de sincera alegría, y estaban deseando (y lo siguen haciendo) que el tipo se la pegase bien gorda para “ponerle los pies en la tierra”. Quizás el error estriba en ese pensamiento; en intentar que “todos seamos iguales”. En pretender que un soñador deje de soñar. Hace poco, Christopher Nolan (otro premiado con la varita del talento eterno) manifestó que no concebía ninguna de sus películas para ser visionadas en ningún otro sitio que no fuese la pantalla grande de un cine. Y, con esto, no pretendía ningunear a los que prefieren un tipo de historias más “pequeñas” o “humanas”, sino sencillamente definir su cine como un esfuerzo por acercarlo a aquello que en su día se vendió como “el mayor espectáculo del mundo”, y que desde hace ya unos añitos languidece semana sí y semana también por culpa de los distribuidores, los complejos multi-salas, la nueva tendencia a consumir películas en la pantalla de un ordenador, la competencia de los videojuegos y etc, etc. En resumidas cuentas, “Avatar” no deja de ser un entretenimiento en mayúsculas. Ni más ni menos. Y lo cierto es que en ese sentido cumple con creces su cometido. Y puede que verla no “te cambie la vida”, pero en cierto modo, sí cambió el cine tal y como lo conocíamos en ese momento. Ahora ha pasado casi una década y está por ver si sus postergadas continuaciones llegarán siquiera a estar a la altura de la original. Puede que entonces sea cuando Cameron se la pegue. O puede que tengamos que seguir esperando.


Curiosidades: el inicio de “Avatar” se remonta a 1994, cuando Cameron escribió un tratamiento de guión de 80 páginas. La idea era que la cinta se estrenase en 1999, con Cameron poniéndose manos a la obra en el desarrollo tras el estreno de “Titanic”, en 1997. Sin embargo, el realizador consideró que la tecnología todavía no estaba lo suficientemente avanzada como para llevar a la pantalla lo que tenía en la cabeza, motivo por el que el estreno se demoró una década. El propio director colaboró codo con codo para el desarrollo de la tecnología necesaria para llevar la película a cabo, incluyendo el perfeccionamiento de las técnicas en 3D y formato IMAX, lo que situó el presupuesto final, según varias fuentes, en más de 300 millones, a los que habría que sumar otros 150 en promoción. A pesar de esto, “Avatar” batió todos los récords de exhibición hasta la fecha, superando el propio récord obtenido por Cameron y su “Titanic” y siendo aún hoy en día la película más taquillera de todos los tiempos.


Memorable: aunque se ve venir de lejos, cuando Jake se convierte en el jinete “Torok Makto” y la subsiguiente épica cuando el planeta entero se rebela contra los “aliens” invasores. Dan casi ganas de llorar. He de decir, como anécdota, que en su día y en el cine de barrio donde la vi por primera vez, dicha secuencia despertó un espontáneo aluvión de aplausos; algo que nunca antes había visto durante una proyección.


Mejorable: personalmente, no tuve ninguna simpatía por la moda del 3D que suscitó el éxito de la cinta que nos ocupa. Muchas, de hecho, se estrenaban sin contar apenas con efectos que justificasen el estreno en dichas salas (más allá de para cobrarte el correspondiente “plus”, claro). Y todo porque después de “Avatar” se estrenó también con el mismo formato “Alicia en el País de las Maravillas”, que también recaudó más de mil millones, y tanto estudios como exhibidores se creyeron que todo el monte era orégano. ¡Incluso tuvimos un “Torrente 4 en 3D”! Por no decir que este tipo de proyecciones lastraba la cromaticidad del resto del metraje. Vamos, que pagabas “más”… por verla “peor”.



Parafraseando: personalmente, me hizo mucha gracia tanto en el primer visionado como en este último, cuando Naytiri intenta que Jake no espante con aspavientos las semillas del árbol sagrado que le están rodeando y le grita: “¡Tanga!”. No sé por qué no se utilizó otra palabra, al menos en su doblaje al español. Pero si hay una línea de diálogo que realmente identifica a la película y que tiene más de un significado es la forma en que los nativos tienen de reconocerse entre ellos diciendo: “Te veo”.

viernes, 17 de marzo de 2017

Crítica de "WATCHMEN" (2009)


Año: 2009. Dirigida por: Zack Snyder (“300”). Basada en: la maxiserie de Alan Moore y Dave Gibbons publicada por DC Comics entre 1986 y 1987. Intérpretes: Jackie Earle Haley (Freddy Krueger en el remake de “Pesadilla en Elm Street”), Patrick Wilson (en la segunda temporada de “Fargo”), Billy Crudup (“Casi famosos”), Jeffrey Dean Morgan (Negan en “The Walking Dead”), Malin Akerman (“La era del rock”), Matthew Goode (“Tenías que ser tú”), Carla Gugino (Ingrid Cortéz en la trilogía de “Spy Kids”). Presupuesto: 130 millones de dólares. Recaudación: 185 millones.  


Curiosidades: la cadena HBO se encuentra actualmente desarrollando una nueva adaptación para la pequeña pantalla, donde también se incluiría lo narrado en “Before Watchmen”, una precuela de 2012 publicada por la propia DC Comics y bajo cuyo epígrafe se englobaban ocho miniseries y un one-shot. A pesar de no contar ni con el arte ni con el beneplácito de ninguno de los dos autores originales, las historias estaban realizadas por lo más granado de la industria actual, si bien es cierto que son más una anécdota complementaria a la original que unos títulos meritorios de por sí.


Sinopsis: ¿Quién vigila a los vigilantes? Gracias a los superhéroes, los Estados Unidos ganaron la guerra de Vietnam. Esto ha acrecentado la lucha entre potencias, y la histeria en la URSS por la amenaza que supone el casi omnipotente “Doctor Manhattan” ha llevado al mundo al borde de la guerra nuclear. Todo ello, pese a que el Gobierno de los EEUU dictó una ley años atrás considerando proscritos a los justicieros enmascarados, lo que ha obligado a la mayoría a retirarse. Sin embargo, la muerte de uno de ellos, El Comediante, a manos de un asaltante misterioso, obliga al resto a volver a salir a la luz pública ante la posibilidad de que sean el próximo objetivo del asesino. Rorschach, Ozymandias, Búho Nocturno, Espectro de Seda… ¿quién de todos es el traidor?


Crítica: “Diario de Rorschach. 12 de octubre de 1985: hoy, un comediante ha muerto en la ciudad de Nueva York”. Cuando se publicó “Watchmen” en España yo era apenas un crío. Desde muy pequeño, me aficioné a leer cómics, pero mis padres no era lo que se dice precisamente ricos, así que mi compra de tebeos no tenía una cadencia mensual. En la mayoría de las ocasiones, mi provisión anual se limitaba a una visita a una cochera de un pueblo costero donde veraneábamos, cuyo dueño vendía al saldo revistas, fotonovelas, libros… y sí, también cómics. Todos de segunda mano. Había una pila sin orden ni concierto, donde se mezclaban colecciones tanto de Forum como de Ediciones Zinco. Como he dicho, yo era un niño, así que lo mismo me daba leer el número 182 de “Spider-Man”… y seis meses o un año después leerme el 57. Pero los devoraba, vaya que sí. Y aquí y allá, bien fuese en artículos o en los correos de los lectores, se hablaba de una obra maestra llamada “Watchmen”. Tardé mucho, mucho tiempo en leerla, como comprenderéis. Un año pillaba el 4, al siguiente el 6… al tercer año encuentro un tomo “retapado” con los seis primeros números… Y así hasta que Norma decidió reeditar la obra en un solo volumen. ¿Y todo esto os lo cuento para qué? ¿Qué tiene que ver con la película? Bueno, en la mayoría de las ocasiones, se dice que el libro siempre es mejor que la película en que se adapte por el simple hecho de que la “compañía vital” que te hace la obra original es mucho mayor que dos horas de un metraje. Una lectura te puede llevar semanas, o meses… y recordarte lugares y momentos concretos en que estabas leyendo tal o cual libro determinado. Es una aventura, una página de tu vida. Entenderéis, pues, después de lo que os he contado, que me es muy difícil juzgar una película que condensa toda mi niñez y mi juventud. Si bien, tengo que ser honesto y confesar que es la mejor conversión a pantalla grande que podía hacerse. Otros como Terry Gilliam o Darren Aronofsky abandonaron el proyecto por considerarlo “imposible”. Snyder sale airoso de la titánica lucha por ceñirse al original como el traje de cuero de Espectro de Seda lo hace a su hermosa piel, y “bailando con el Diablo a la luz de la luna” con sus distintas subtramas, sabiendo perfectamente cuál es el eje sobre el que pivota toda la historia y el nexo común donde confluyen todos los artificios de Alan Moore, lo que a la postre supone simplificar en exceso la premisa argumental y tornarla incluso en previsible. Pero Snyder se queda a medio camino de alcanzar el Olimpo. Que eso, creo, es mucho mejor que ni siquiera haber empezado a recorrer el camino.


Resumiendo:”Watchmen” no sólo era una historia de superhéroes cojonuda. Sino que era una historia que transcurría en el “tiempo real” de su publicación. La década de los ochenta con Thatcher, Reagan, la amenaza de la guerra nuclear… Si bien la película nos transporta a esa distopía que a la vez nos resulta cercana, es imposible que nos afecte del mismo modo en que afectó a los lectores en el momento en que fue publicada. Si bien, aplicándola como simple pieza de entretenimiento dentro del puzle de la moda cinematográfica por el género de los tipos con mallas, podemos decir que también ayudó a ser un punto de inflexión para que se entendiese que también podían hacerse apuestas más oscuras, complejas, maduras y adultas que ayudasen a ser tomadas en serio más allá de cómo excusa para vender palomitas. Tenemos que congraciarnos por el mero hecho de que todo el mundo disfrutase de una obra que hasta la fecha era un simple “cuento” para todos aquellos amigos a los que les recomendábamos su lectura y nos respondían con indiferencia. Chapó. Porque lo difícil se consigue, y lo imposible… se intenta.


Memorable: sin duda, el gran aporte de Snyder a la obra de Moore y Gibbons es el uso de la banda sonora para reforzar (y en algunos momentos, resumir) el contexto. El ejemplo más claro de esto es el “The Times They Are A Changin´” de Bob Dylan en el prólogo. Sólo por esa secuencia ya se justifica la realización de la película.


Mejorable: sin duda, Rorschach es lo mejor, tanto del cómic como d ela película, pero gran parte de su trama personal queda aquí solapada por otro montón de información que no admite momentos para la contemplación. También, los juegos de “mecanismos unitarios” a modo de relojes sincronizados con los que funcionaban cada uno de ls números de la maxiserie, quedan aquí reducidos invariablemente a su mínima expresión, con el logo de El Comediante que abre y cierra el metraje.


Parafraseando: gracias a esta pregunta sabréis por qué cada número del cómic mostraba el mismo dibujo de un reloj marcando lóbregamente una inexorable cuanta atrás: “Doctor Manhattan: como sabe, el “reloj del Juicio Final es un reloj simbólico que representa la proximidad de la humanidad a la extinción, y en la que la medianoche representa la posibilidad de una guerra nuclear. En este momento se sitúa en cuatro minutos antes de la medianoche. ¿Coincide en que estamos tan cerca de la aniquilación?” “Mi padre era relojero. Pero abandonó su ofició cuando Einstein descubrió que el tiempo es relativo. Sólo coincido en que un “reloj simbólico” es tan beneficioso para el intelecto,… como una fotografía de oxígeno para un hombre que se ahoga”.  

martes, 14 de marzo de 2017

Crítica de "G.I. JOE" (2009)


Año: 2009. Título original: G.I. Joe: Rise of Cobra. Director: Stephen Sommers (“Van Helsing”). Intérpretes: Channing Tatum (“Foxcatcher”), Marlon Wayans (“Scary Movie”), Adewale Akinnouye (“Thor: El mundo oscuro”), Dennis Quaid (“Traffic”), Rachel Nichols (“Conan, el bárbaro”), Ray Park (Darth Maul en “La amenaza fantasma”), Christopher Eccleston (“28 días después”), Sienna Miller (“El francotirador”), Joseph Gordon-Lewitt (“The Dark Knight Rises”). Basada en: la famosa línea de juguetes de Hasbro. Presupuesto: 175 millones de dólares. Recaudación: 304 millones.


Franquicia: la primera película iba comenzar su desarrollo en 2003, pero la invasión de Irak por parte de Estados Unidos hizo que Hasbro cambiase de rumbo hacia los “Transformers”. En 2013, se estrenó una secuela “G.I. Joe: Retaliation”, con importantes adquisiciones como Dwayne Johnson o Bruce Willis. De hecho, Johnson es actualmente el director creativo de la franquicia, y depende de él la realización de una tercera entrega que ya está confirmada. Por otro lado, se está barajando la posibilidad de un crossover con los mencionados “Transformers”, toda vez que son licencias de la misma compañía.


Sinopsis: Duke y su mejor amigo son atacados por unas fuerzas enemigas cuando forman parte de un convoy destinado a proteger unas ojivas cargadas con nano-tecnología capaz de devorar todo lo que encuentren a su paso y sea de componente metálico. Salvados por un grupo militar secreto conocido como “G.I. Joe”, los dos amigos son invitados a unirse a ellos para detener a los responsables del ataque: la organización terrorista Cobra, en cuyas filas milita la ex novia de Duke, apodada ahora como “la Baronesa”.


Crítica: en la definición de “kitsch” aparecen cosas como “estilo en ausencia de estilo” o “nada está de más”. Frases que le vienen muy bien a éste film y a toda la filmografía de Sommers, cuyas historias siempre se alojan en un universo propio un tanto infantiloide y lisérgico. ¿Es eso malo? Pues depende del caso. En “Van Helsing”, que bebía de los clásicos literarios, quedaba tan forzado que terminaba derivando en un tostón de tomo y lomo. Aquí, sin embargo, donde se trata de poner en acción de carne y hueso a unos juguetes, pues resulta simpático, por más que la cantidad de despropósitos es tan grande que uno está a punto de colapsarse. O entras al juego que se propone o, desde luego, estás perdido. Lo que sí queda patente es que el director de “La Momia”, que por aquel entonces aspiraba a ser una suerte de nuevo Steven Spielberg, se quedó un paso por debajo de Gore Verbinski… y su talla exacta habría que dibujarla más cerca de Michael Bay. Tras filtrarse un primer guión y despertar el ataque de los fans, se contrató al guionista de cómics Larry Hama, que había trabajado varios años con los personajes cuando la licencia estuvo en manos de Marvel, para que los ajustase un tanto al original en que estaban basados. Esto, claro, nunca sabremos si fue para mejor o para peor. Porque a pesar de que su estética es muy de cómic, resulta un tanto difícil de identificar a los “joe´s” con esos exoesqueletos que les convierten en una especie de “hulks-aplástalo-todo” y son realmente esos guiños a los juguetes o la serie de dibujos animados ochentera que aquí vimos por las privadas, los que le dan cierto aire “cómplice”, que es, en esencia, el único contexto donde realmente puede funcionar la película. Lástima que Sommers decidiese abusar tanto de la animación digital para las escenas de acción, porque éstas, en tan sólo cinco años, ya “cantean” y resultan bastante incoherentes (arremeter contra todo vehículo que se ponga por delante para que éste salga volando despedido y consiga hacer bajar del techo a Snake Eyes es… bueno… es absurdo, por no decir otra cosa). Se trata de vender palomitas, sí, pero no a toda costa. Lo dicho: encontrar el estilo… en la ausencia del mismo.


Resumiendo: odio cuando los blockbusters se ponen en plan pretencioso. Y también los odio cuando se piensan que el público es gilipollas. “G.I. Joe” se encuentra a mitad de camino entre ambas y no esconde sus intenciones de ser la primera de una franquicia. La concatenación de secuencias de acción y la presentación de nuevos personajes sin ton ni son (ni justificación alguna para el devenir de la trama), por otro lado, hacen su narración algo confusa, aunque claro… eso sea lo de menos. Digamos que tiene un “aprobado alto”.


Memorable: la verdad es que las payasadas de Wayans, sin dejar de cumplir con el requisito de “amigo negro gracioso del prota”, cumplen su objetivo. El prota, por cierto, es un Tatum recién salido de “Step Up”. Todos tenemos un pasado…


Mejorable: la sorpresa final (SPOILER: Cobra consigue sustituir al presidente de Estados Unidos por uno de los suyos), o el interesante planteamiento inicial de ligar el origen de Cobra a la Europa medieval, se pierden entre tanta cacofonía palomitera.



Parafraseando: la persecución por las calles de Francia, con el colofón final del derrumbe de la torre Eiffel, es uno de los despropósitos más grandes jamás filmado. Termina con un encontronazo con un tranvía, que cada uno soporta como puede: “¿Qué te ha pasado?” “He atravesado el tren. ¿Y a ti?” “He saltado por encima” “Se puede” “Sí. Te dije que te leyeras el manual” “¿Hay un manual?”.

lunes, 6 de febrero de 2017

Crítica de "Celda 211" (2009)


Año: 2009. Director: Daniel Monzón (“El niño”… ver crítica). Guión: Jorge Guerricaechevarría (“Cien años de perdón”). Basada en: la novela homónima de Francisco Pérez Gandul. Intérpretes: Luis Tosar (“Te doy mis ojos”), Alberto Ammann (“Combustión”), Antonio Resines (“La buena estrella”), Marta Etura (“El hombre de las mil caras”), Carlos Bardem (“Alacrán enamorado”), Jesús Carroza (“7 vírgenes”), Manolo Solo (“Tarde para la ira”). Presupuesto: 3 millones de euros. Recaudación: 14 millones de euros. Premios: entre otros, ganó 8 premios Goya (de los 16 alos que estaba nominada), incluyendo Mejor Película, Director, Actor Principal, Actriz de Reparto, Actor Revelación y Guión Adaptado, entre otros.

Sinopsis: a Juan Oliver, nuevo funcionario de prisiones, no se le ocurre nada mejor para caer bien en su nuevo destino que presentarse el día antes de su incorporación para que le expliquen cómo funciona todo. La mala suerte quiere que coincida con un motín en la cárcel, quedando él aislado, junto al resto de presos, encerrado en la celda 211, donde pronto será descubierto por los amotinados. A Juan no le quedará más remedio que hacerse pasar por recluso homicida y ganarse la amistad de Malamadre, el líder de la revuelta y un auténtico sociópata, erigido como nuevo rey del presidio.

Crítica: por fin Daniel Monzón da con la tecla del éxito, porque sus anteriores incursiones cinematográficas habían sido un “querer y no poder”; una suma de buenas ideas que no casaban bien unas con otras. Aquí en cambio, todo va a favor de obra, quizás porque con un guión bueno (sin florituras, lineal pero funcional) y un puñado de buenos actores, poco más hay que hacer. A veces es así de sencillo. “Celda 211” arranca como un tiro y sigue hasta el final; a los cinco minutos ya está metida en faena, con unos protagonistas definidos desde la primera vez que aparecen en pantalla. Los únicos momentos de cierto sosiego quedan para los “flashback”, que al contrario de lo que pasa en otras ocasiones y de lo que podría parecer, en este caso ayudan a construir el momento cumbre de la película, sin el cual la transformación del protagonista no resultaría creíble. Mención especial para un sublime Luis Tosar, que crea un coloso llamado “Malamadre” que quedará por muchos años en el imaginario colectivo. No sólo él está enorme en el apartado interpretativo, aunque sí es el que más destaca. Es en este apartado donde hay que volver a subrayar el papel de Monzón y lo meritorio de su narrativa casi documental, rápida y afilada como el bisturí de un cirujano, porque de haberse recreado en algunos momentos, muchas de estas fantásticas creaciones de caracteres caerían en la caricatura y lo estereotipado, por lo extremo  de sus personalidades, que era uno de los puntos flacos de sus anteriores films.

Resumiendo: un clásico moderno del cine español, sin estridencias, donde nada falta ni nada sobra. Precursora, además, del “revival” en nuestra industria del género del thriller, que hemos seguido cultivando en los últimos años, dejando un poco de lado el del terror, que era la moda imperante por aquel entonces. Y que nos dure mucho, por cierto, a tenor de lo bien que estamos sabiendo perfeccionarlo. Como curiosidad, decir que Sylvester Stallone compró los derechos para hacer un remake norteamericano que todavía no ha tenido lugar, lo cual no sé si es necesariamente bueno o malo.

Memorable: la resurrección para el cine de Antonio Resines tras su periplo en “Los Serrano”, convertido aquí en un roba-escenas y que tiene un desenlace brutal.

Mejorable: al final le falta un poquito de fuerza, o quizás de valor, para no acabar en lo pre…sumible y(o lo pre…visible.


Parafraseando: una bienvenida perfecta para tu nuevo trabajo. “Acojona, ¿eh?” “Tranquilo chaval, en cuatro días te acostumbras”. “Más te vale, porque estos cabrones acaban saliendo, pero tú te vas a pasar aquí toda tu puta vida”.