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viernes, 4 de agosto de 2017

Crítica de "GRAYSON" (1 al 4 USA)


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Información editorial: reseña de “Grayson” números 1 al 4 USA, publicados originalmente por DC Comics entre octubre de 2014 y enero de 2015 dentro del relanzamiento “The New 52”, siendo obra de Tim Seeley y Tom King (guión) y Mikel Janin (dibujo). En España, ECC Ediciones lo recopiló en un tomo de 96 páginas al precio de 8.95 euros.


Antecedentes: cuando su identidad secreta es comprometida en el evento “Miedo Encarnado”, Batman aconseja a Dick Grayson (el primer Robin, fundador de los Jóvenes Titanes y eventual sustituto del Caballero Oscuro) que abandone su alias de Nightwing y finja su propia muerte, con la intención de proteger a sus seres queridos. De paso, la maniobra le servirá también para infiltrarse dentro de la misteriosa organización conocida como “Spiral”, a la que Batman quiere investigar.


Historia: sin ningún tipo de máscara ni uniforme, Grayson se infiltra pues en la organización Spiral como el agente 37, asignado con frecuencia en sus misiones a Helena Bertinelli, la matrona del colegio privado para chicas de San Adrián que sirve como tapadera a la organización, y con quien Dick mantiene una relación de tensión sexual permanente sin llegar a más. Equipado con un “implante Hipnos” que consigue hacer que la gente le obedezca, las misiones de Grayson son recuperar unos implantes tecnológicos alienígeneas conocidos como Paragón, que el líder de Spiral, Minos, pretende utilizar con fines pocos claros pero que apuntan directamente a averiguar las identidades secretas de los superhéroes.


SPOILER: cuando en su primera misión se cruce en su camino Midnigher para intentar frustrar sus planes, el miembro de Stormwatch se convertirá en presencia constante dentor de las misiones, intentando averiguar más cosas sobre el espía que le derrotó y la organización para la que trabaja. Además, Minos empieza a sospechar que tienen un “topo” dentro de Spiral, así que ordena a Helena que investigue a Grayson y ésta descubre que anteriormente fue Nightwing y que fingió su propia muerte.


Crítica: convertir al primer Robin en la versión DC de 007 no era, que se diga, una de esas premisas argumentales que me atrajesen en un primer momento, tachándola injustamente en un principio como un mero truco editorial a la altura de la Marvel que definió a su nueva encarnación de Thunderbolts como una especie de “Fight Club” (sigh). Una vez leída, sin embargo, al menos sus primeros episodios, “Grayson” es de esas series sorpresas que te atrapan por su humor, su utilización de los clichés del género de espías pero aplicados siempre en un contexto superheróico, su uso de la acción trepidante sin tomarse nunca en serio a sí misma y su respeto hacia el personaje protagonista, un Grayson que sorprendentemente actúa de manera consecuente con su bagaje anterior, lo que demuestra que su nuevo “status quo” es un paso adelante en su periplo vital y no un simple giro de tuerca en la cabeza de algún avispado editor. Y es que, admitámoslo: todo el mundo quiere a Dick Grayson. De la terna de sucesores dignos para el manto del Cruzado Enmascarado (algo que nunca ocurrirá claro, a pesar de las contínuas “muertes” que está sufriendo últimamente Bruce Wayne), Grayson es el favorito de la mayoría, mucho más que ese Tim Drake que no ha dado el paso de madurez necesario y ese Damien que es casi tan frío e insoportable como el propio Bruce (no en vano, para eso son hijo y padre, respectivamente). El tono que Seeley y King imprimen a su nueva cabecera es el adecuado, con aventuras autoconclusivas que convierten “in fact” a nuestro chico en una suerte de James Bond que viaja por el mundo y se acuesta con agentes dobles, pero consiguiendo que la plasmación del concepto en viñetas no resulte como algo manido. Además, la presencia y relación que se establece entre Grayson, Helena (¿os suena su nombre? ¿No? Pues es Huntress(la Cazadora, amigos) y Midnigher (que nació en Image Comics como una parodia del propio Batman) son valores añadidos que acentúan las buenas impresiones en una lectura altamente recomendable.



Resumiendo: en realidad, más que a las películas del espía creado por Ian Fleming, “Grayson” se revela como un intento de DC Comics de emular a la competencia con sus “Marvel´s Agentes of SHIELD”, con la clara intención de que alguien les compre la idea para la pequeña pantalla y podamos ver al bueno de Dick protagonizando su propia producción con mezclas de varios géneros en un producto altamente “kitsch”. Tal cosa, de momento, no se ha dado, pero el tener que “conformarnos” con disfrutarlo en papel no se antoja como un mal menor, ni mucho menos. Sobre todo cuando a los lápices tenemos a un español llamado Mikel Janin que hace uno de los trabajos más impresionantes que hemos visto en los últimos tiempos, con un trazo realista parecido a Travis Charest (pero cumpliendo con los plazos de entrega, claro), una narrativa espectacular y una planificación de página simplemente maestra. Si alguien puede decir que “Grayson” es un título de segunda fila dentro del amplio “checklist” de DC Comics, el arte de Janin la sitúan en primera línea de fuego con todos los honores.

martes, 4 de abril de 2017

DARECEVIL: el diablo en la bahía (2014)


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Información general: reseña de “Devil at Bay”, arco argumental publicado entre los números 1 al 5 USA del volumen 4 de “Daredevil”, lanzado entre marzo-agosto de 2014 por Marvel en USA, con el equipo creativo formado por Mark Waid (guión), Chris Samnee (lápices y tinta) y el español Javier Rodríguez (color). En España, Panini lo publicó en el tomo 6 dedicado a “Daredevil”, en noviembre de 2014, tomo de 160 páginas al precio de 14.95 donde también se incluía el cómic digital “Road Warrior”, todo ello bajo el título de “100% Marvel: El diablo en la bahía”.


Antecedentes: con Axel Alonso como jefe editorial de Marvel, la antigua Casa de las Ideas ha optado, en los últimos años, por una política de estructurar sus colecciones como si fueran una especie de “temporadas televisivas”, lo que generalmente implica cambio del equipo creativo y un nuevo “status quo” para los personajes. No obstante, el exitoso tercer volumen de Waid & Samnee (ganadores del premio Eisner, nada menos), seguir al frente del título en el nuevo relanzamiento “All New Marvel NOW”. A pesar de su continuidad, el volumen 3 finalizó con la salida del número 36 y la colección se inició con un nuevo “número 1”.


Historia: tras revelar su identidad secreta para derrocar a los Hijos de la Serpiente, Matt Murdock pierde su licencia para ejercer como abogado en New York debido a las implicaciones morales de su doble vida como justiciero enmascarado, y tanto él como su nuevo interés romántico, Kirsten McDuffie, se mudan a San Francisco, ciudad donde Matt ya había vivido un tiempo durante su relación con Viuda Negra. Sin embargo, sus poderes extrasensoriales tendrán que esforzarse al máximo en una urbe apenas transitada donde, nunca mejor dicho, irá “a ciegas”. La popularidad que suscita el hecho de tener un exVengador por sus calles (conocido ahora tanto cuando va con el traje rojo de cuernos como sin él) no hará gracia al héroe caído en desgracia Mortaja (alias Max Coleridge), quien le llevará de cabeza a un nuevo enfrentamiento contra su viejo enemigo el Búho, establecido como jefe mafioso de la ciudad del Golden Gate.


SPOILER: durante el proceso de traslado, con apertura de nuevo gabinete jurídico incluida, Matt y Kirsten hablan de Foggy Nelson, el amigo de la infancia de Murdock y socio desde siempre, en pasado y cierta nostalgia, dando a entender que el hombre ha sucumbido finalmente a los estragos del cáncer que padecía. Al final, descubrimos que, efectivamente, Foggy ha muerto. O, por lo menos, para la opinión pública. Porque en realidad, se ha fingido su propia muerte para que pueda recuperarse sin temor de ser objetivo de algún enemigo de DD, ahora que es vox populi su verdadera identidad.


Crítica: al haberme enganchado de nuevo al Hombre Sin Miedo después de la triste “Shadowland”, he tenido un problema con esta revisión que del héroe hicieron Waid y Samnee (revisión, me consta, muy aclamada y que estaba deseando tener la oportunidad de “probar”; prometo ponerme al día con el volumen anterior. Porque claro, he realizado un ejercicio retrospectivo y resulta que, irónicamente, a lo tonto llevo como treinta años leyendo cómics y no recuerdo a un Daredevil que no fuese “oscuro” o “Trágico” (al menos, las etapas que más han dado que hablar, desde Frank Miller hasta B.M. Bendis). Entonces, esta supuesta vuelta a los orígenes (coincidiendo, además, con el 50 aniversario del personaje creado por Stan Lee y Bill Everett)… ¿qué orígenes son? Porque no es el “DD” que yo conozco entoda una vida de léctor. Tampoco es el que se utilizó para el enfoque de la discutible película protagonizada por Ben Affleck. Ni el empleado para la más reciente serie de Netflix. Es, pues, un regreso a los orígenes… que ahora nos interesa sacar a la luz. Porque lo cierto es que el caos y la autodestrucción cada vez más presentes en la colección habían llevado al bueno de Matt Murdock a una psique difícil de mantener (y lo prueba el citado “Shadowland”). Con esto no quiero decir que el acercamiento de Waid sea malo. Simplemente… “chocante”. Se me hace difícil ver al “cuernecitos” en plan Otis Redding tarareando “Sitting on the dock of the bay”. Y por las críticas que he leído en internet, aunque la gran mayoría apoyan incondicionalmente esta etapa, también hay quien la odia. Digamos que yo estaría en término medio, por lo menos en lo que respecta a este tomo. Hay cierta sensación de “vacuidad”, de no estar pasando nada, a peasr de que sí estén sucediendo, un regustillo desazonador que no termina de hacerme levantar de la silla y aplaudir. Quizás en ello también tenga responsabilidad el trabajo gráfico de Samnee, con un estilo “independiente” y de género “noir” que en teoría le vienen bien al atormentado héroe de Marvel. Sólo que, en este caso… ¡no está atormentado! Y además, ese trazo grueso no es, precisamente, mi favorito, aunque esto ya sean querencias personales. Alabo, no obstante, su estructura de página y el hecho de que sea de los pocos dibujantes que a día de hoy continúan más de tres números en un mismo título. Pero esa ausencia de escenarios (que, insisto, en un supuesto “Daredevil Black & White” quedarían de puta madre), aquí obligan a Rodríguez a utilizar como relleno toda su paleta de colores más chillones, con un resultado final que sólo entendería Andy Warhol. En resumidas cuentas: puede que sólo sea cosa mía, o que el “boca-oreja” me hubiese puesto las expectativas muy altas, pero “Devil at Bay” me ha convencido a medias. Sin duda, es un tono en el personaje que Daredevil necesitaba, aunque sólo fuesen para “oxigenarle”… pero esperemos que con tanto aire de la bahía no salga volando.

P.D.: eso sí, lo de Daredevil en plan “rock star” asediado por las niñas en su identidad de civil para hacerse un “selfie” es todo un puntazo “marca de la casa Waid”.

lunes, 20 de febrero de 2017

Crítica de "Death of Wolverine" (2014)


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Información editorial: reseña de la miniserie de 4 números, “Death of Wolverine”, publicada por Marvel Comics entre septiembre – octubre de 2014, obra de Charles Soule (guión) y Steve McNiven (dibujo). La idea, tanto de Soule como de la propia Marvel, era que Logan permaneciese realmente “muerto” a nivel editorial durante al menos dos años, pero la reciente “Secret Wars” ya le ha traído de vuelta en un título (“Old Man Logan”) que empezará a publicarse a partir del próximo mes de octubre.

Antecedentes: en 2013, durante el cuarto volumen de la serie regular “Wolverine”, Paul Cornell narró cómo un virus dejaba sin factor de curación a Lobezno, sin duda el gran exponente de sus poderes y que le conferían un carácter prácticamente “inmortal”. Ante el miedo de que los fans se quedaran decepcionados de que la nueva condición del lpersonaje se quedara en una mera estrategia de márketing, la Casa de las Ideas decidió finalmente dar el paso (sobre todo, ahora que ya no vende tanto como antes; en la década de los 80 y 90, donde su presencia en cada título de la editorial era prácticamente omnipresente, sí que habría sido llamativo e impensable de ver ejecutado), dejando la tarea en las manos del escritor de moda, Charles Soule (responsable del “Swamp Thing” del último relanzamiento DC) y el ilustrador Steve McNiven (en los últimos años, vinculado a grandes eventos de Marvel como la “Civil War”). El producto resultante, de cadencia semanal (con algunos pequeños retrasos) fue, desde luego, un rotundo éxito de ventas.

Historia: Logan va a morir. Lo sabe. Su cuerpo aún guarda cierta dosis de radiación de la bomba atómica de Nagasaki y el simple hecho de sacar sus garras (que abren una herida en sus nudillos, ahora incapaz de curarse rápidamente) le dejan expuesto a una terrible infección. En su momento más débil, alguien ha puesto además precio a su cabeza y esto hace que sea perseguido por toda una horda de enemigos que quieren cobrarla. Así, a Logan no le quedará más remedio que afrontar su destino y deambular desde su cabaña de Canadá hasta Japón, pasando por Madripoor y reencontrándose con viejos amigos y enemigos como Nuke, Viper, Dientes de Sable, Kitty Pryde, Lady Deathstrike o el demonio Hogun.

SPOILER: tras descubrir que quien ha puesto precio a su cabeza es el doctor Abraham Cornelius, el mismo que le utilizó durante el Proyecto Arma X, Logan viaja hasta unas instalaciones de Nevada donde Cornelius está experimentando con hombres y mutantes para sintetizar un factor de curación supuestamente por el bien de la humanidad. Pero Logan no está dispuesto a permitir que se siga torturando a seres humanos, así que destroza el complejo y obliga al doctor a salir huyendo. Durante el proceso, Lobezno acaba empapado en adamantium líquido y Cornelius muere por un fragmento de cristal. Mientras el adamantium se solidifica sobre su cuerpo, Logan hace un repaso de los mejores momentos de su vida observando la puesta de sol y dice: “Suficiente”. Muere.

Crítica: cuando un cómic se llama “La muerte de…”, el proyecto en cuestión no me suscita mucho interés. No es que esté en contra, pero el título ya dice gran parte de lo que necesito saber y saber que nada es inmuntable en esto de los tebeos le resta cierta pátina de la brillantez que debería tener. Honestamente, hubiese preferido que la susodicha defunción tuviese lugar en la serie regular y con ello se hubiese puesto final a la misma, pero también entiendo el interés comercial que un acontecimiento de esta índole puede suscitar. Metidos en harina, puede que esta “Death of Wolverine” fuese necesaria (por muchos motivos, empezando por la “guerra silenciosa” que Marvel mantiene con FOX por los derechos cinematográficos de sus personajes), pero a mí me parece casi surrealista. Paradójicamente, la condición oficiosa del personaje como “inmortal” es lo que le ha acabado matando, pues a nivel e antigüedad, el canadiense era más joven que, por ejemplo, cualquiera de los 4 Fantásticos. Y sí, ya sé que se han contado historias del “garritas” durante la Guerra Civil Española (1936-1939), por ejemplo, pero cosas parecidas han ocurrido con otros personajes sin que haya chirriado tanto, buscándose subterfugios más sencillos para explicarlo. Aquí lo que ha firmado la sentencia de muerte de Logan era esa coletilla de “inmortal”. Es como cuando se decía que nadie podía quitarle el casco al Juggernaut porque estaba sellado con magia y siempre existía el morbo de ver quién se lo podía arrancar de un guantazo. Lo que hace Soule, pues, es contar una historia para llevar a cabo dicha muerte, pero igual que ha contado ésta, podría haber contado cualquier otra. Quiero decir, esa famosa estampa comentada por todos de la primera splas page, con el bueno de Lobezno hecho pedazos en su cabaña de Canadá y cubierto de sangre, que invariablemente nos pintaba un desarrollo crepuscular, no tiene continuidad en el resto dela miniserie. Hay pinceladas interesantes y la palpable sensación de que al personaje se le quiere rendir un homenaje antes de congelarle en la nevera durante un tiempo, pero no deja de ser un relato meramente convencional y correcto. No es un mal cómic, pero igual que se ha hecho éste se podría haber hecho cualquier otro.


Resumiendo: en la mítica “Días del Futuro Pasado”, Chris Claremont fechó la muerte de Logan en el “lejano” (por entonces), 2013. Parecía casi obligado que Marvel le acabase “matando” por esas fechas, aunque sólo fuese por el respeto al mítico autor que ayudó a forjar su leyenda. El producto surgido es tan respetuoso como inocuo, con algunos buenos momentos pero quizás no tan sorprendente o épico como habría cabido esperar. En el apartado gráfico, lo mismo podría decirse de un McNivel del que francamente esperaba mas. Tiene algunos momentos inspirados, pero no firma su mejor trabajo aquí. Ninguna muerte en la vida real puede calificarse de “brillante”; ésta, en los cómics, tampoco lo es.