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jueves, 23 de marzo de 2017

Crítica "EL HOBBIT: La batalla de los cinco ejércitos"


Año: 2014. Título original: The Hobbit – The battle of the Five Armies. Dirección: Peter Jackson (“The Lovely Bones”). Intérpretes: Ian McKellen (Magneto en “X-Men”), Martin Freeman (el doctor Watson en la serie británica “Sherlock”), Cate Blanchett (“El aviador”), Orlando Bloom (“Piratas del Caribe”), Ian Holm (“Alien, el octavo pasajero”), Christopher Lee (el conde Duku en la segunda trilogía de “Star Wars”),Hugo Weaving (el agente Smith de “Matrix”), Elijah Wood (“Sin City”), Andy Serkis (César en “El orígen del planeta de los simios”), Benedict Cumberbatch (“Doctor Extraño”). Richard Armitage (la serie “Robin Hood”)., Presupuesto: 250 millones. Recaudación: 956 millones. Premios: entre otros, fue nominada a un premio Oscar a la Mejor Edición de Sonido y un Premio BAFTA a los Mejores Efectos Visuales.


Franquicia: es el cierre de la trilogía de “El Hobbit” realizada por Peter Jackson iniciada con “Un viaje inesperado” (ver crítica) de 2012 y “La desolación de Smaug” (vercrítica) de 2013, que a su vez actúan como precuelas de la trilogía precedente de “El señor de los anillos”. Con ello, además (y en principio, que luego todo se sabe) se pone punto y final a las adaptaciones en pantalla grande de la obra de Tolkien. Esto último, claro, si no tenemos en cuenta la saga de videojuegos que Warner Bros inició con “Sombras de Mordor” y este año continuó con “Sombras de Guerra”, que están situadas cronológicamente entre ambas trilogías.


Sinopsis: tras la muerte de Smaug, los enanos consiguen por fin recuperar su antiguo reino bajo la montaña, pero quizás en su victoria se encierre también su caída en desgracia, pues el tesoro conlleva una maldición a la que no tardarán en sucumbir. Todo ello, mientras el poder de Sauron va creciendo y tanto elfos como humanos reclaman su parte del botín. ¿Y qué hace en medio de semejante batalla un simple hobbit? Pues quizás salvar a la Tierra Media.


Crítica: “Elijo guerra”. Los que me hayan leído con anterioridad saben que soy un defensor de esta trilogía de “El Hobbit”, a pesar de las críticas que había recibido en sus dos antecesoras. Pero llega un punto en que es imposible defender lo indefendible y hay que claudicar, cual rey destronado: “La batalla de los cinco ejércitos” no sólo es la peor de la trilogía, sino también de toda la franquicia Tolkien, innecesaria en el mejor de los casos y grotescamente pagada de sí misma, desnudando sin pudor los defectos de toda la serie de la peor forma posible. Hubo un tiempo, cuando el proyecto empezó a despegar y Guillermo del Toro iba a ser el director, con Jackson como productor ejecutivo, en que la idea de adaptar el libro original se resumía en dos películas. Dos. Y me gusta creer que fue más bien la presión de Warner la que tomó al neozelandés por banda y le dijo: “¿Por qué vamos a perder la oportunidad de ganar otros mil millones de pavos?” (una pregunta retórica a la que yo, por cierto, tampoco habría sabido contestar). Y digo que quiero creerlo así, que los males de esta cinta son por indicaciones del estudio, porque algo del mejor Jackson queda todavía en “El Hobbit 3”. Por ejemplo, a los que se quejaban del “coitus interruptus” con que terminaba la anterior, hay que decirles que, muy acertadamente, el director reservó el desenlace para el prólogo de ésta porque… sencillamente, es lo mejor de la película (por otro lado… ¿cómo “no” iba a serlo? Joder, es la lucha entre un dragón escupe-fuego y un simple arquero). Lo que hay entre medias de eso, hasta el epílogo que lo cierra todo y lo une con “El señor de los anillos” es un mero relleno que se hace pesado, sobre todo la inclusión de un personaje rastrero destinado a darle algo de humor a la historia (y que desearías que le amputasen la cabeza en algún momento) y una historia de amor sin consumar que saca la (peor) vena ñoña del bueno de Peter. Pero insisto: algo sique habiendo entre ese barrullo digital vacío de sentido y de épica en que se convierte el eje principal de este final de franquicia; por ejemplo, en esa calma tensa de Azok buceando bajo el hielo mientras Thorin le sigue con la mirada esperando a ver si se muere de una vez o ese águila gigantesca que suelta un oso en mitad de la batalla para que se meriende a cuanto orco pille por delante. El preámbulo a todo esto, sin embargo, se cae como un castillo de naipes, pues la corrupción psicológica que trae consigo el exceso de poder era un tema ya arduamente tratado en la trilogía anterior con el rollo del anillo, con lo que verlo aquí suena a “autoplagio”. No me gustaría terminar haciendo pensar al lector que no haya visto todavía el film que es una pérdida total de tiempo. Por muchos motivos, empezando su espectacularidad conocida, “La batalla de los cinco ejércitos” merece la pena de pagar una entrada de cine. Pero quizás te siente mucho mejor… si esa entrada es del “día del espectador”. Por que esa espectacularidad, como digo, es “conocida”… y ya no sorprende.


Resumen: si las dos anteriores entregas eran de lo más recomendable, no tanto por su fidelidad, sino por su acierto a la hora de arrojarse directamente al lado más aventurero y simpático del relato, con pinceladas de acertada épica, en “La batalla de los cinco ejércitos” se produce un cambio radical y la épica trascendental deja paso a muy poca aventura y simpatía. Y encima, descubrimos que su épica es tan artificial como sus efectos especiales.


Mejorable: a la mayoría les ha hecho mucha gracia esa escena final después de la batalla, con Bilbo y Gandalf, donde el mago se fuma su pipa después de llorar a los compañeros caídos. Pues diremos eso.


Mejorable: al igual que en otras muchas producciones hollywodenses, “El Hobbit 3” cae en el error de parecerse más a un videojuego que a una película de cine. Por un lado, ese duelo al estilo “Final Fantasy” del “dream team” contra los nigromantes. Por el otro, si antes ya habíamos señalado el “complejo Ethan Hunt” de Legolás… ¿qué decir ahora cuando le ves haciendo de “Super Mario”?



Parafraseando: el bueno del señor Freeman le quiere tomar el pelo al viejo diablo de McKellen haciéndole creer que perdió el anillo durante la batalla, a lo que éste contesta: “Eres un buen hombre, señor Bolsón. Y te aprecio mucho. Pero sólo eres un ser muy pequeño… en un mundo muy grande”.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Crítica de "La Bella y la Bestia" (2017)


Año: 2017. Productora: Walt Disney Pictures. Director: Bill Condon (“La Saga Crepúsculo”). Intérpretes: Emma Watson (Hermione Granger en “Harry Potter”), Dan Stevens (Matthew Crawley en la serie británica “Downton Abbey”), Luke Evans (“Drácula: La leyenda jamás contada”), Kevin Kline (“Un pez llamado Wanda”), Josh Gad (“Frozen”), Ewan McGregor (pronto en la tercera temporada de “Fargo”), Stanley Tucci (“Transformers: La era de la extinción”… ver crítica), Ian McKellen (Gandalf en “El Hobbit”… vercrítica), Emma Thompson (“Sentido y sensibilidad”). Presupuesto: 160 millones de dólares. Recaudación: 379 millones (hasta la fecha).


Clásicos Disney: como todos sabemos, es la adaptación en imagen real de la película de animación del mismo nombre estrenada en 1991, que a su vez era una adaptación del cuento de hadas homónimo de Jeanne-Marie Duprince Bautencort, del siglo XVIII. Ni es la primera, ni tampoco será la última en esta nueva moda de llevar de nuevo a la gran pantalla los clásicos de su factoría con actores de carne y hueso (o seres creados por ordenador). Antes ya tuvimos a “Alicia en el País de las Maravillas”, “Maléfica”, “Cenicienta” o “El libro de la selva” (ver crítica), y pronto llegarán “Dumbo”, “Mulan”, “Aladdin” o “La sirenita”.


Sinopsis: la joven Bella es un bicho raro en el pequeño pueblo donde reside: se pasa el día leyendo y no acepta la proposición de casarse con Gastón, el soltero más pretendido de la comunidad. Pronto, su vida cambia cuando su padre es atrapado en un castillo donde eternamente reina el invierno, habitado por una grotesca bestia y una corte de súbditos en forma de objetos animados, todos ellos presas de un antiguo maleficio que les va haciendo poco a poco menos “humanos” de lo que ya de por sí son. Bella accede a ocupar el lugar de su padre, y poco a poco, la imagen que tiene de su captor irá cambiando al descubrir que la belleza de éste… reside en su interior.


Crítica: Bueno, pues… qué bonito todo, ¿no? Ya sabéis: nace una ilusión, tiemblan de emoción… Pues va a ser que no. Debo confesar que no recuerdo haber visto la película original de los noventa. No estoy seguro, no obstante. Si la vi, desde luego no tengo muy presente el recuerdo de dónde, cuándo ni con quién. Y, sin embargo, podría haberlo hecho, ya que en mi mente siempre he tenido muy claro la presentación, el nudo y el desenlace de la historia. Y me sé las canciones, y le pongo nombre al candelabro, etc. Vamos, que es una de esas películas (la original, digo) que no te hace falta haber visto para “saber” que ya la has visto, bien sea porque narra una historia sabida por todos o porque te la han hecho tragar a trozos con el paso de los años y lo único que debes hacer es rellenar los huecos. Bueno, pues algo así pasa con la versión en imagen real que se estrenó el pasado fin de semana. Voy a ir más allá: durante los últimos meses, ante el revuelo causado por el lanzamiento de sus primeros avances en forma de tráilers y el anuncio de su magnífico elenco, me picó la curiosidad y estuve tentado varias veces de repescar de algún modo la cinta de dibujos animados. Y luego pensé: “¿Para qué?”. Efectivamente, una vez visto el largometraje de Bill Condon, queda patente que nunca más hará falta ver su referente más directo, como si la Disney estuviese torpedeándose a sí misma. No es ya sólo el hecho de que la historia sea la misma, de que utilicen las mismas canciones, la misma escenografía, el mismo vestuario… es que Condon lleva aquí esta nueva moda de “revisionados” a sus últimas consecuencias, copiando plano a plano el film original. He de confesar que estuve varias veces entretenido durante el pase de la película preguntándome por qué aparecían dos guionistas acreditados en los títulos de crédito… y sobre todo, preguntándome cuánto dinero habrían cobrado por lo que, a todos los efectos, no es más que un “copia y pega” del metraje ya rodado en su día. Pero es que, además, los añadidos de la nueva versión juegan en su contra. Las nuevas canciones no hacen sino convertir la película, en un musical en toda regla, lo que echará para atrás a todo aquel que no claudique con el género. Además, la media hora de metraje extra no sirve para que veamos realmente la química entre quienes deberían ser sus protagonistas, por lo que el famoso desenlace en torno a la supuesta verdad de que la belleza está en el interior se antoja como una frase sacada de una galleta de la suerte china, del todo inverosímil. Para más inri, los secundarios “animados” como el reloj, el “candelero” (parafraseando al revés a la gran Sofía Mazagatos) y etc, pierden expresividad en su paso por los CGI, y… ¿soy yo o la fotografía de la película es demasiado “oscura”? Sí, habrá quien me justifique esto por el rollo de la maldición y demás, pero para mí no tienen excusa. La cinta original, independientemente de que la haya visto en algún momento y la recuerde o no, era una luminosa adaptación de un cuento de hadas tradicional. La nueva encarnación en imagen real es un incomprensiblemente oscuro plagio de dicha cinta. Un tiro en el pie de la Disney en toda regla.


Resumiendo: hace un par de semanas, tomando cervezas con un amigo, me comentó que había tenido la feliz idea de ponerle a sus hijas otro clásico de Disney (en este caso, “El rey león”) durante un domingo por la tarde. La broma le había costado tener que tragarse cuatro veces en bucle las aventuras de Simba y compañía, pues sus pequeñas no se cansaban de verla, a pesar de que sabían ya todo lo que pasaba. Sobre ese principio se han basado los ejecutivos de la Disney. A los retoños de la casa no les importa volver a ver lo mismo una vez, y otra, y otra… La cosa es, que quien compra las entradas y las palomitas son los padres. Pero bueno… mientras la caja registradora siga sonando, ¿qué más da? “La Bella y la Bestia” no ha hecho sino hacer aún más grande aquella “Alicia…” de Tim Burton, que era una “conversión” de su clásico precedente, pero  a la par era desconcertantemente original. La fórmula, no obstante, con la lluvia de millones, la ha depurado la propia Disney para que sea más… “manufacturable”. Y a la vista está. Ya lo dice la propia Bella: “¿Se puede ser feliz si no se es libre?”


Memorable: la lista de actores que participan en el proyecto. En cualquier otra producción, y con el mismo elenco de actores, su sóla presencia ya justificaría la puesta en marcha de cualquier película. No obstante, y teniendo en cuenta que la mayoría de nosotros veremos la cinta en su versión doblada al castellano… lo que vais a disfrutar de la presencia de muchos de ellos tal y como les conocéis, se limita a un par de minutos. Inclusive, a la mayoría os costará reconocerlos cuando llegue el momento, con esas pelucas y esos atavíos.


Mejorable: la polémica que ha suscitado la cacareada inclusión del primer personaje abiertamente gay en una película de Disney se convierte en una mala broma (para algunos) tras el visionado de la cinta, por tanto en cuanto dicha condición sexual es más un objeto de burla que una reivindicación de la libertad de elección sexual en sí misma. No creo yo, sin embargo, que el tono general de la película diese para otra cosa que no fuese lo que tenemos. Va acorde con el resto de elementos un tanto “infantiloides”. Mejores ocasiones habrá (en todos los sentidos) para darle su sitio al colectivo dentro de la industria del entretenimiento.


Curiosidades: Warner Bros llevaba años desarrollando una adaptación en imagen real del cuento original, con Guillermo del Toro como realizador (cuando se encontraba en la producción de “Pacific Rim”) y con Watson como protagonista (cuando ella estrenaba la última entrega de “Harry Potter y las Reliquias de la muerte”). Finalmente, el proyecto se canceló cuando Disney anunció que haría la adaptación en imagen real de su película de dibujos, algo con lo que dudosamente iban a poder competir. De forma un tanto extraña para los estándares de Hollywood, la factoría del ratón Mickey siguió contando con la actriz como protagonista ideal del proyecto, si bien Del Toro se desmarcó pronto del mismo, aduciendo que su idea sobre la película era mucho más oscura y barroca de lo que habría sido con Disney.



Parafraseando: al margen de estériles polémicas y rasgaduras de vestimentas fuera de tono, la pareja formada por Gastón y su escudero son un dúo cómico muy agradecida dentro del tono encorsetado del resto del metraje. Me estuve riendo un buen rato con la forma en que su Sancho Panza tiene de tranquilizar a su amo: “¡Gastón, alto! Respira… piensa en cosas bonitas: como la guerra… sangre… explosiones… montones de viudas” “Viudas…” “Sí, sí… eso es”.

lunes, 20 de marzo de 2017

Crítica de "EL HOBBIT: La desolación de Smaug"


Año: 2023 Dirección: Peter Jackson (“Braindead”). Intérpretes: Ian McKellen (Magneto en “X-Men”), Martin Freeman (el doctor Watson en la serie británica “Sherlock”), Cate Blanchett (“El aviador”), Orlando Bloom (“Piratas del Caribe”), Ian Holm, Christopher Lee (el conde Duku en la segunda trilogía de “Star Wars”), Hugo Weaving (“Matrix”), Elijah Wood (“Sin City”), Andy Serkis (César en “El orígen del planeta de los simios”), Richard Armitage (“En el ojo de la tormenta”), Luke Evans (“La Bella y la Bestia”), Evangeline Lilly (“Ant-Man”… ver crítica), Stephen Fry (“V de Vendetta”).  Presupuesto: 191 millones de dólares. Recaudación: 958 millones. Curiosidades: a pesar de (casi) llegar a los mil millones, fue la cuarta en su año de estreno a tenor de la taquilla mundial, por detrás de “Frozen”, “Iron Man 3” y “Gru, mi villano favorito 2”.


Franquicia: es la segunda película de la trilogía “El Hobbit”, por detrás de “Un viaje inesperado” (ver crítica), estrenada el año anterior, y antecesora de “La batalla de los cinco ejércitos” estrenada en 2014. Además, todas ellas son precuelas de la adaptación previa de “El señor de los anillos”. Como curiosidad, reseñar  que en un principio Jackson iba a jercer únicamente como productor ejecutivo de esta segunda trilogía, dejando las labores de dirección a Guillermo del Toro.


Sinopsis: si quieren cumplir a tiempo su misión, la compañía de enanos y el hobbit deberán darse prisa para llegar a su destino. El único modo de conseguirlo será atravesar el peligroso Bosque Negro, habitado por monstruosas arañas y los elfos oscuros, los mismos que años atrás negaron la ayuda al pueblo de los enanos durante su guerra contra Smaug. Finalmente, la compañía deberá atravesar la Ciudad del Lago, habitada por hombres que antaño conocieron lo que era el esplendor y ahora sobreviven a duras penas contaminados por la corrupción. Todo ellos, mientras Gandalf se separa del grupo tratando de resolver el enigma del poder oscuro que se ha despertado y que amenaza con consumir a toda la Tierra Media.


Crítica: “¿Eso es un terremoto?” “Eso, muchacho… es un dragón”. Cuando empezó a hablarse de la adaptación de “El Hobbit” surgió el rumor de que a Orlando Bloom iban a pagarle 15 millones de dólares por hacer un cameo de apenas un cuarto de hora en el film. Vamos, salía a millón por minuto. Pero ya digo: sólo es un rumor. Y si es cierto, espero que finalmente no sea ese su verdadero caché, porque el rol del elfo Legolás en esta segunda entrega es casi protagónico. Y ésta es una de las quejas más repetidas por los fans del legado de Tolkien, ya que las licencias que se premite Peter Jackson en este caso son bastante discutibles. De hecho, el empeño del realizador por unir las dos trilogías, si bien por un lado es de elogio, por el otro carecen de sentido y caen a veces en contradicciones, algo que es muy frecuente cuando empieza a jugarse con la “retro-continuidad”.”Padre, ¿por qué están saliendo enanos del retrete?” “¿Nos traerán suerte?”. Sin embargo, y una vez más, caeríamos en un error si no tratásemos a “La desolación de Smaug” como se merece, porque hace mucho tiempo que la experiencia que supone ir al cine (tal y como antes se entendía: como una aventura que dejara huella en tu córtex cerebral, en lugar del aburrido mecanismo rutinario que nos trajeron las multi-salas no se vivía con tanta intensidad como en esta película. Porque las casi tres horas de metraje nos ofrecen AVENTURA con mayúsculas y la ocasión única de ver una lucha contra un dragón de una manera como jamás se había narrado hasta el día de hoy. Olvidaros de los libros de fantasía heroica y los juegos de rol online. Esto es cine en estado puro. Y de seguro que, por las caras de asombro y los cuerpos sobrecogidos en sus butacas que pude observar durante la proyección de la película, el espectador debía de sentirse igual de atraído y aterrorizado como aquellos que veían a unos trabajadores saliendo de una fábrica en el demoníaco invento de los hermanos Lumiere. Todo lo demás… sólo son pajas mentales de nuestra parte friki, que nunca estará contenta por muy bien que nos traten. ¿Quién nos iba a decir que algún día podríamos ver en pantalla grande aquello que sólo podíamos contemplar en nuestra imaginación?


Resumiendo: ¡Bienvenidos al mayor espectáculo del mundo! Se que el factor sorpresa se ha perdido con respecto a “ESDLA”, que la magia un poco también, que Jackson se toma más licencias creativas que en la antecesora… y que mi labor, empero, la de cualquier crítico, parece que sea poner a los pies de los caballos toda producción que llegue a la pantalla con la vitola de ser un “ompe taquillas”. Pero… ¿qué quieren que les diga? A mí ya me tienen ganado. Hemos visto tantas y tantas malas adaptaciones de otro tipo de licencias en la gran pantalla (desde “Dragones y Mazmorras” a “Dragon Ball”, pasando por “Howard, el pato”, por citar sólo tres ejemplos), que… ¿para qué ponerse puntillosos? Dejarse asombrar cuesta tan poco como lo uno lo esté dispuesto a dejarse.


Memorable: la matanza de orcos que se marca Legolás surfeando, usando esta vez a los “jinetes de los barriles” como improvisada tabla de surf. Todo un clásico de la saga. ¿Qué va a hacer ahora el pobre Bloom? Me lo imagino creando multi-cuentas en Twitter para solicitar spin-off para Legolás… ¡ya! Bueno, siempre puede volver a “Piratas del Caribe”, tal y como se supone que hará este año en “La venganza de Salazar”.


Mejorable: saber que, cuando termina el visionado, aún te queda un año (o dos, según las últimas informaciones) para descubirr el desenlace. “Yo soy fuego… yo soy muerte” “¿Qué hemos hecho”. Toda una referencia a los inventores de la bomba atómica.



Parafraseando: la parte quizás más bizarra de la película, pero que se entiende, pues en los cánones de cómo hacer cine hoy día parece haber un mandamiento según el cual en toda película que se precie debe hacer un romance para contentar al público femenino. En este caso: la imposible historia de amor entre un enano y una elfa sin rango: “Toda luz es sagrada para los eldar, pero los elfos del bosque preferimos la luz de las estrellas” “Siempre he pensado que es una luz fría, remota y distante” “Es memoria, preciosa y pura… como tu promesa. He caminado bajo su manto, dejando atrás el bosque y alzándome en la noche.  He visto el mundo desvanecerse, y la luz blanca por siempre bañarlo todo”.

sábado, 18 de marzo de 2017

Crítica de "EL HOBBIT: Un viaje inesperado"


Año: 2012. Título original: The Hobbit: An Unexpected Journey. Dirección: Peter Jackson (“King Kong”… ver tráiler). Intérpretes: Ian McKellen (Magneto en “X-Men”), Martin Freeman (coprotagonista de la primera temporada de “Fargo”… ver crítica), Cate Blanchett (“El aviador”), Orlando Bloom (“Piratas del Caribe”), Ian Holm (“Alien, el octavo pasajero”), Christopher Lee (el conde Duku en la segunda trilogía de “Star Wars”), Hugo Weaving (“Matrix”), Elijah Wood (“Sin City”), Andy Serkis (César en “El orígen del planeta de los simios”), Richard Armitage (la serie “Robin Hood”). Presupuesto: 200 millones de dólares. Recaudación: 1021 millones. Premios: fue nominada a 3 premios BAFTA y 3 Oscar, correspondientes a Mejores Efectos Visuales, Mejor Diseño de Producción y Mejor Maquillaje y Peluquería.


Franquicia: aunque parezca de Perogrullo reseñarlo, es la primera entrega de la segunda trilogía (precuela, en realidad) de las adaptaciones de Tolkien llevadas a cabo por Peter Jackson, completadas en dos películas estrenadas en años consecutivos: “La desolación de Smaug” y “La batalla de los cinco ejércitos”, en la epopeya de fantasía que comenzó en 2001 con “El Señor de los Anillos: La comunidad del anillo”, “Las dos torres” (2002) y “El retorno del rey” (2003).


Sinopsis: el joven hobbit Bilbo Bolsón vive tranquilo y feliz en La Comarca hasta que el mago Gandalf aparece en su casa y, sin él quererlo, se verá arrastrado a una increíble aventura formando parte de la compañía de Thorin, Escudo de Roble, descendiente del último rey de los enanos, que planean recuperar su hogar en las montañas, saqueado tiempo atrás por el dragón Smaug, que codiciaba el tesoro que los enanos extraían de las entrañas de la tierra. Comenzará así una expedición fantástica donde no solo Bilbo será compañero de magos y enanos, sino que también conocerá la galantería de los elfos y deberá hacer frente a trolls, orcos, trasgos, gigantes de piedra y un nigromante que podría resucitar el poder oscuro de Saurón. Además, conocerá a la criatura Golum, al que birlará el anillo más poderoso de todos.


Crítica: si un día “Star Wars” y “Tiburón” cambiaron la industria del cine e hicieron que los grandes estudios orientasen sus producciones hacia los blockbusters en lugar de a los proyectos más clásicos que bebían de las influencias europeas como “El padrino”, “Taxi Driver” o “Annie Hall”, de igual manera la trilogía de Peter Jackson basada en los relatos de Tolkien dio un nuevo rumbo hacia las adaptaciones fantásticas y la apuesta de las franquicias, haciendo posible los “Harry Potter”, “Crepúsculo”, “Juegos del hambre”… y tantas otras que se quedaron por el camino. En los primeros compases de “El hobbit”, ya te invade esa sensación de que estás regresando a un terreno conocido, como cuando haciendo limpieza encuentras la vieja caja donde guardaste tus juguetes de niño y te envuelve la melancolía de aquellos días. “La película está bien… pero no es El Señor de los Anillos”, es un comentario recurrente de algunos amigos tras el visionado de la epopeya de Jackson. Bueno… por supuesto que no es “ESDLA”. Pero se le parece. Es más: en comparación, “El hobbit” tiene muchas más criaturas fantásticas, parajas tenebrosos y asombrosos y, en definitiva, la orgía visual del director neozelandés es más ampulosa que en la trilogía original, sin duda arropado por un estudio que ya sabe que pisaba sobre seguro y le dio toda la libertad (y el dinero) que necesitaba para narrar su visión de uno de los clásicos de la literatura más leídos de todos los tiempos.


Resumiendo: puede que esta crítica me haya quedado un poco vaga o falta de “chicha” a la hora de analizar la primera entrega de la nueva trilogía, pero es que la fastuosidad del film de Peter Jackson te deja sin palabras por muchas veces que la hayas visto (con esta, ya son tres veces que me la he “tragado”… ¡y dura tres horas!). Sólo una reflexión para quienes duden de su grandeza: ¿Os habéis preguntado qué debe de sentir un niño viendo esta película con los ojos “limpios” de nuestra adulta condescendencia? Pues sí: los niños disfrutarán como enanos. Y nunca mejor dicho.


Memorable: el prólogo con Bilbo narrando la llegada de Smaug y su batalla contra los enanos; el hilarante encuentro con los poco avispados trolls o esa épica batalla en el reino de los trasgos que remite a “Indiana Jones y el templo maldito”.


Mejorable: sí, al final todos pensamos lo mismo: ¿Gandalf no podría haber llamado antes a las águilas gigantes para ahorrarse el viaje… o decirles, ya puestos, que les dejaran directamente en su destino? Sí, ya sé que entonces nos hubiésemos quedado sin dos películas más, pero no sé… que lo hubieran justificado de laguna manera. ¿O es que los enanos son los únicos seres de la Tierra Media que prefieren andar de aquí para allá?



Parafraseando: entre el tesoro de los trolls, Gandalf rescata una espada para Bilbo (que más parece un abre-cartas) pero cuya hoja élfica se iluminará en caso de que haya orcos o trasgos cerca. “Es que… no he usado una espada en mi vida” “Y espero que nunca te obliguen.Pero si lo haces, recuerda: el valor no es saber cuando quitar una vida… sino cuando perdonarla”.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Tráiler final en español de "La Bella y la Bestia"

127 millones de reproducciones en apenas 24 horas, adaptación del clásico Disney de 1991 que enamoró a todos y recibió varias nominaciones a los Oscar (incluyendo, por primera vez en la historia para una cinta de animación, Mejor Película), reparto de lujo… ¿qué más se puede decir?
Pues poco, la verdad. Que, hasta el estreno el próximo 17 de marzo, nos tendremos que conformar con el tráiler. Como sabéis, Bill Condon (“Crepúsculo”) dirige y Emma Watson (“Harry Potter”), Dan Stevens (“Downton Abbey”), Luke Evans (“Drácula: la leyenda jamás contada”), Kevin Kline (“In & Out”), Evan McGregor (“Star Wars – Episodio I: La amenaza fantasma”), Ian McKellen (“El Hobbit”), Stanley Tucci (“Spotlight”) o Emma Thompson (“Sentido y sensibilidad”) interpretan presencial o vocalmente, según les corresponda. Y si os gusta esta traslación a imagen real, estáis de enhorabuena, porque aún están por llegar “Dumbo”, “Pinocho” o “La sirenita”. Desde Orgullo Fan… ¡seguiremos informando!