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sábado, 23 de septiembre de 2017

Crítica de “UNA BALA EN LA CABEZA”


Año: 2012. Dirigida por: Walter Hill (“Los amos de la noche”). Intérpretes: Sylvester Stallone (“Rocky”), Sung Kang (Han en la saga de “Fast & Furious”), Sarah Shahi (“Aquellas juergas universitarias”), Adewale Akinnuoye-Agbaje (“Thor: El mundo oscuro”), Christian Slater (“Amor a quemarropa”), Jason Momoa (Aquaman en “Liga de la Justicia”), Jon Seda (la serie “Chicago P.D.”), Brian Van Holt (“La casa de cera”), entre otros. Presupuesto: 40 millones de dólares. Recaudación: 21 millones.


El origen: el guión de la película está basado en la novela gráfica francesa titulada “Du Plomb Dans La Tête” (algo así como “Dirigido a la cabeza”), escrita por Matz y dibujada por Colin Wilson. En un principio, el equipo de producción, el mismo que habían concluido “Soy el número cuatro”, eligieron a Wayne Kramer (“La prueba del crimen”) como director, si bien el realizador se desvinculó del proyecto cuando su visión de la historia resultó ser más oscura de lo que Stallone quería. De este modo, fue el propio actor quien le envió el libreto a Walter Hill. De igual forma, Thomas Jane (“El Castigador”) se designó originariamente como su “compañero de fatigas”, pero el productor Joel Silver prefirió a Sung Kang para llegar a un audiencia internacional más amplia.


Sinopsis: pese a encontrarse en puntos equidistantes de la ley, un asesino a sueldo y un policía deberán hacer equipo, a regañadientes, para desmantelar una vinculación entre la mafia de Nueva Orleans y una red de policías corruptos que intentan acabar con ellos a toda costa. En su aventura serán ayudados por la hija del asesino, una “tatuadora” con nociones de medicina.


Crítica: “¿Vamos a pelear o vas a matarme de aburrimiento”. Recuerdo haber visto por primera vez el film que nos ocupa en una sesión doble de un cine de barrio. Sinceramente, no recuerdo qué otra cinta completaba el pase. Para el caso, poco importa. Lo que sí es relevante es que la disfruté en su justa medida. Un segundo visionado, sin embargo… no me ha traído tan buenas impresiones. Y es que creo que, en su día, el estreno de “Los Mercenarios” (“The Expendables”, Sylvester Stallone, 2010) fue un soplo de aire fresco para todos aquellos que nacimos en la década de los ochenta o un poco antes. El proyecto en sí mismo era una sonrisa cómplice con el espectador, un recuerdo de cuando “los hombres eran hombres” y la etiqueta de “héroe de acción” había que ganársela con muchas horas de gimnasio y muchas frases lapidarias. ¡Cuánto mal, en este sentido, hizo “The Matrix”! Pero bueno… al lío. Stallone aprovechó entonces para renacer con más fuerza que nunca y encadenar un proyecto detrás de otro, pues las puertas de la pantalla grande se le volvían a abrir de par en par con más de sesenta años cumplidos y, como su propio personaje dice al final del metraje: “No se vive eternamente”. Sin embargo, la broma duró muy poco, y a la postre quedó claro que el propio “Sly” era el único que realmente entendía en qué condiciones un producto como el suyo podía ser entendido hoy en día, y la mezcla perfecta entre aquel añejo cine “de antes” y el de “ahora” para que funcione en la pantalla. Pero claro… ¡no lo va a hacer todo él, el pobre! Que bastante hizo ya con escribir, dirigir, producir y protagonizar la mencionada cinta de “Los mercenarios”. Por todo ello, las riendas de esta “buddy movie” recaen en otra leyenda viva del género, Walter Hill, cuyo “pulso” se demuestra mucho más atrofiado que el del actor, con una narrativa muy poco moderna, abusando de los primeros planos y el montaje en las escenas de acción, lo que se traduce en un lucimiento bastante pobre de las mismas, si bien su manejo de las atmósferas aún se mantiene solvente. Con todo, lo peor sin duda del proyecto es el casting, donde la elección de su compañero en pantalla es un error garrafal, completamente incapaz de resultar interesante por sí mismo y carente de química con el protagonista de “Rambo”. Intuyo, no obstante, que el guión y la concepción misma del producto como un vehículo de lucimiento para su principal estrella le dejaban poco margen para sumar puntos al resultado final… pero es que, inclusive, a menudo incluso “resta” valores a la producción. ni siquiera el tímido flirteo con la voluptuosa Sarah Shahi se puede tomar en serio en ningún momento. Y la caracterización de los villanos… mejor ni hablemos. Hasta el propio guión es consciente de lo absurdo de su final, con el “jefe malísimo” expuesto innecesariamente en el desenlace para que así la pareja formada por el asesino y el poli les tengan a todos juntitos y en fila para despacharlos uno por uno. Lo que queda, por tanto, es un proyecto nostálgico que funciona por lo que funciona, completamente anacrónico pero con Stallone queriendo demostrar que su espalda aún es lo suficientemente fuerte como para soportar el peso de la función. Lo malo es, como les pasa a todos los jubilados cuando quieren batirse con sus nietos en lo que sea… es que la edad no perdona.


Curiosidades: por su desempeño tanto en la que nos ocupa como en “Plan de escape” y “La gran revancha”, Stallone fue nominado a un premio Razzie como Peor Actor, si bien acabó “perdiendo” (o ganando, según se mire) la candidatura frente al Jaden Smith de “After Earth”. La cinta, sin embargo, significó el peor arranque en taquilla de una película protagonizada por el actor en los últimos 32 años. Stallone se resarció, no obstante, con el posterior estreno de “Creed”, que no sólo supuso un éxito, sino también una nominación para el Oscar al Mejor Actor, así como un Globo de Oro. Por otra parte, de la mencionada “Plan de escape” se está rodando actualmente una secuela y ya hay confirmada una tercera entrega.


Memorable: la pelea final, hacha en mano, contra Jason Momoa. Es la única donde Hill realmente se luce y recuerda a los buenos tiempos del género en los ochenta. Ah, y el humor de “Sly”, siempre a punto tanto para disparar balas… como chistes rancios. A veces, incluso las dos al mismo tiempo.


Mejorable: si bien es lo de menos en este tipo de propuestas, el empaque de los “malosos” es una mala broma. Entre todos no harían uno bueno. A Slater le reconoces cuando aparecen los títulos de crédito, al “negro” (me niego a volver a escribir otra vez su nombre) sólo le falta llevar un letrero en la frente, y Momoa carece de carisma para hacerle sombra a Stallone, más allá de su físico.



Parafraseando: lo mejor del metraje, son las vaciladas que el asesino le pega al “picoleto”, a costa de su dependencia del móvil y sus métodos políticamente correctos. Ahora, las carcajadas que despertó en la platea este intercambio de frases fueron épicas:“El tatuaje que tenía tu hija… es muy parecido al que tenía la puta que iba con Greely” “Nome digas que estás llamando puta a mi hija. No vayas por ahí”.

martes, 12 de septiembre de 2017

Crítica de “EL LLANERO SOLITARIO” (2013)


Año: 2013. Título original: The lone ranger. Producida por: Walt Disney Pictures y Jerry Bruckheimer. Director: Gore Verbinski (“Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra”… ver crítica). Intérpretes: Johnny Depp (“Alicia en el país de las maravillas”), Armie Hammer (“La red social”), Tom Wilkinson (“Batman Begins”), William Fitchner (“Tortugas Ninja”), Ruth Wilson (“Anna Karenina”), James Badge Dale (“Iron Man 3”), Helena Bonham Carter (“El discurso del rey”). Presupuesto: 225 millones de dólares. Recaudación: 260 millones. Premios: fue nominada para 2 Oscar (Mejores Efectos Visuales y Mejor Maquillaje y Peluquería).


El origen: la película se basa en el personaje protagonista de un serial de radio en 1933 y una serie de televisión emitida entre 1949 a 1957. Columbia Pictures desarrolló el proyecto desde el año 2002, con la intención inicial de asemejarla a “La máscara del Zorro”, con lo que se le cambiaría el sexo al indio acompañante del protagonista para ejercer de interés romántico. Posteriormente, Walt Disney entró en escena, considerando en un inicio a Mike Newell como director, quien en ese momento se estaba encargando de la película sobre “Prince of Persia”. Al final, y toda vez que ele studio siempre pensó en Depp como el actor perfecto para hacer de “Toro”, Verbinski entró en la ecuación, esperando la producción hasta el fin de rodaje de la trilogía inicial de “Piratas del Caribe”.


Sinopsis: en una feria de San Francisco de 1933, un joven que idolatra al Llanero Solitario encuentra un maniquí que resulta ser realmente el indio comanche llamado Toro, comenzando a referirle sus aventuras con el héroe. Pasamos así a Colby, Texas, en 1869, cuando el fiscal del distrito John Reid regresa a casa y por azar se ve envuelto en la fuga del asesino de indios Butch Cavendish. John se une así a los Rangers de Texas junto a su hermano mayor para volver a poner al prófugo en prisión, pero caerán en una emboscada y todos serán asesinados. Toro aparecerá entonces y verá cómo un espíritu en forma de caballo blanco se empeña en devolver a la vida al “hermano equivocado”, John. Mientras, en Colby, los planes del magnate del ferrocarril Latham Cole siguen su curso para hacerse con el control de la compañía para la que trabaja.


Crítica: nomino a esta película oficialmente como aspirante a “cinta de culto” de las próximas generaciones. En Hollywood le gustan tanto las estrellas… como los estrellados. Y es por eso que, cuando ven que el presupuesto de un proyecto se dispara de forma escandalosa, afilan los dientes. “The Lone Ranger” fue un fiasco desde el mismo momento de su estreno y uno no llega a saber por qué. Puede que resultara demasiado pretencioso convertir el film en la nueva “Piratas del Caribe”, pero argumentos para haber sido un blockbuster veraniego tiene a raudales. Y si hay algún espectador que se deja llevar por las corrientes de opinión de los “gafapastas” y denosta a la cinta como “entretenimiento menor”… se estará equivocando muy mucho. La filmografía de Verbinski podría considerarse como “cine de autor… para los grandes estudios”, al estilo de Steven Spielberg o George Lucas. Ese globo rojo que se escapa en el cielo y que un niño subido en la noria no consigue atrapar, al inicio de la película, remite directamente al paraguas en medio del naufragio con el que se abría “Piratas…”. Y el resto de “El llanero…”, en su grandilocuencia, tiene guiños a los western clásicos de John Ford, Sam Peckinpah, Sergio Leone… incluso a las piezas emblemáticas del maestro Buster Keaton, con algunos gags que son “marca registrada Verbinski”. Pero si el espectador neófito es ajeno a estos homenajes, nadie puede negar que “Lone Ranger” tiene dos de las mejores escenas de acción de los últimos años, las que transcurren a lomos de un tren de vapor a toda velocidad, al comienzo y al final del film. Ejercicios narrativos que deberían ser estudiados en las escuelas de cine sobre cómo rodar secuencias de acción planificadas al milímetro (sin abusar de las multi-cámaras y los planos cortos, como el amiguete Michael Bay) sin que la tensión decaiga en ningún momento hasta el clímax final inevitable. Para quitarse el sombrero… y nunca mejor dicho. P.D.: entre los admiradores de la cinta se encuentra el director Quentin Tarantino, que la considera una “obra maestra”. Y eso son palabras mayores.


Curiosidades: en total, sumados los costes de promoción, que suman otros 150 millones de dólares al presupuesto, se calcula que la película costó alrededor de 400 millones, con lo que debería haber sumado 650 millones en todo el mundo para no tener gastos (a esos 650 millones habría que restar, lógicamente, el porcentaje que se queda cada sala por la venta de entradas). Vamos, que fue un fracaso estrepitoso. Por este sentido, muchos la compararon con “John Carter”, otra cinta de Disney de gran presupuesto que no funcionó en taquilla, estrenada un año antes. Además, “The Lone Ranger” se suma a una lista negra de “westerns” de gran presupuesto que encontraron la horma de su zapato en el público, como “Wild Wild West”, “Jonah Hex” o “Cowboys & Aliens”.


Memorable: los conejos caníbales del desierto, un chiste propio del director, y ese caballo “Silver” que parece tener alas. Por otro lado, la nostalgia que impregna cada fotograma y la deconstrucción de los mitos fundamentales norteamericanos la dotan de un subtexto que realmente hacen de ella un entretenimiento más adulto de lo que pudiera pensarse.


Mejorable: el triángulo amoroso a lo “Piratas del Caribe” esta vez no funciona porque los sosias de Bloom y Knightley no tienen ni de lejos el mismo carisma (en un principio, se habló de George Clooney interpretando a John Reid. Hubiera sido un film totalmente diferente, claro). Así, Depp y sus excentricidades se convierten a menudo en la única estrella de la función, lo que se traduce en Depp haciendo sus excentricidades: Depp dando de comer a un pájaro muerto, Depp con la cabeza metida dentro de una jaula, Depp  hablando con un caballo…



Parafraseando: los comanches se marchan para luchar contra el séptimo de caballería y entierran en la arena a Toro y Reid, dejando sus cabezas fuera para que puedan ser devoradas por los escorpiones. Reid intenta disuadirles: “Por favor, no tiene por qué haber una guerra”. “Eso da igual. Ya somos fantasmas”.

viernes, 21 de abril de 2017

Crítica de "GUERRA MUNDIAL Z"


Año: 2013. Dirigida por: Marc Forster (“Descubriendo Nunca Jamás”). Basada en: la novela homónima de Max Brooks publicada en 2006. Intérpretes: Brad Pitt (“Corazones de acero”), Mireille Eros (“Siempre a tu lado”), Daniella Kartesz (“AfterDeath”), David Morse (“La milla verde”… ver crítica), Matthew Fox (Jack Shephard en “Perdidos”), James Badge Dale (“Infiltrados”), Ludi Boeken (“El tren de la vida”), Elyes Gabel (Walter O´Brien, protagonista de la serie de CBS, “Scorpion”). Presupuesto: 190 millones de dólares. Recaudación: 540 millones.


Franquicia: desde la misma producción de la primera entrega, Forster y responsables de Paramount confesaron que veían la película como una potencial franquicia a mitad de camino entre la saga de películas de Jason Bourne y la serie de AMC, “The Walking Dead”. Con el éxito del estreno, se fechó una secuela para junio de este 2017, fichándose poco después a Juan Antonio Bayona. Sin embargo, el realizador español acabó abandonando para encargarse de “Jurassic World 2”, lo que paralizó la producción. A finales del pasado 2016 se especuló con una posible negociación con David Fincher (“Seven”, “El club de la lucha”), si bien actualmente la secuela está paralizada indefinidamente.


Sinopsis: Gerry Lane, ex empleado de la ONU y su familia, se ven atrapados en Philadelphia durante el inicio de una especie de apocalipsis zombi que desata el caos en la ciudad y, por extensión, en el resto del país. Frente a varios contratiempos, consiguen pasar la noche en un piso de Nueva Jersey, hasta que son rescatados por un helicóptero de la ONU y llevados a un portaaviones en alta mar, donde se les anuncia que la plaga es a nivel mundial. Y a su pesar, Gerry deberá ayudar a encontrar una cura, pues pronto se le avisa que de lo contrario, tanto él como su familia serán devueltos de nuevo a tierra firme. De esta manera, Gerry y un pequeño grupo de científicos y militares viajarán primero hasta Corea del Sur, después a Jerusalén y más tarde a Cardiff, en Gales, buscando al “paciente cero” que desató el virus.


Crítica: puede parecer un simple detalle, pero hay algo realmente importante en el título de la película que hoy nos ocupa. “Guerra Mundial Z” nos indica que, en efecto, estamos ante una nueva historia sobre los populares (desde hace ya unos añitos) zombis, pero aclara que es a nivel global. Es decir, que para ser coherente con su premisa, se debe reflejar cómo afecta a todo el planeta la pandemia, más allá de centrarse en un grupo de supervivientes y sus problemas para seguir adelante en un entorno mucho más limitado. Traducido a la película, Brad Pitt se convierte realmente en un tipo que va de aquí para allá, relacionándose con varias personas de todo el mundo. Lo malo es, sin embargo, que poco de lo que hace tiene algún sentido. la justificación de cómo consigue encontrar una cura, por ende, es bastante pueril, y no tiene nada que ver con el propósito inicial de sus viajes, si bien es cierto que esto no es un hándicap a la hora de disfrutar del producto resultante, que es tan entretenido como el infierno, gracias en parte a que la concepción de los zombis es mucho más enérgica y rabiosa de lo que nos ofrece, por ejemplo, “The Walking Dead”, y acercándola más a aquella “28 días después” de grato recuerdo (por cierto… ¿aquella no iba a ser una trilogía?). en resumidas cuentas, “WWZ” hace bien en ampliar su espectro y ancho de miras, para ofrecer algo realmente original, vibrante y digno de contemplar en pantalla grande dentro de un género que podría estar “quemado” a estas alturas. Además, permite la ocasión de hacer un chiste bastante políticamente incorrecto sobre la costumbre de los israelís por levantar muros.


Resumiendo: aunque es una figura prominente desde hace al menos tres décadas (que se dice pronto), y su filmografía está cuajada de películas que han funcionado bien en taquilla, lo cierto es que no es muy común ver al señor Pitt en “blockbusters” de estas características. Habrá quien diga, a este respecto, que para una película de este calado tampoco hace falta una estrella de semejante nivel. Craso error. Las escenas de acción y la fanfarria de “Guerra Mundial Z” puede que funcionen bien como unidades independientes, pero es la presencia y el trabajo del ex marido de la Jolie lo que consigue que el metraje funcione como “un todo” cohesionado. Un entretenimiento más que digno.


Memorable: la creación de distintas “set pieces”, que por otro lado hablan de un desarrollo de producción caótico, se transmutan en pantalla como un espectáculo que, en realidad, explota el potencial de sus criaturas, planteando escenas claustrofóbicas en entornos cerrados donde el sigilo es prioritario para seguir con vida… o grandes escenas a campo abierto, con miles de hordas causando estragos a su paso.


Mejorable: como producto independiente, la película queda bastante cerrada (a pesar de la voz en off de Pitt asegurando que la cosa no ha acabado y es sólo el principio), y cuesta imaginar cómo podría ser una futurible continuación, más allá de auto-plagiarse a sí misma. Seguimos expectantes.


Curiosidades: la motivación de Pitt para hacerse con los derechos de la película y protagonizarla fueron que quería hacer una cinta que sus hijos pudiesen ver antes de cumplir los 18, y los zombis les encantaban. No obstante, hubo de luchar duro con la productora de Leonardo DiCaprio para obtener los derechos cinematográficos. La primera versión del guión fue realizada por J. Michael Straczynski, creador de “Babylon 5” y posterior guionista de cómics de éxito como “The Amazing Spider-Man”, “Rising Stars” o “Wonder Woman”, amén de la estimable “El intercambio”, de Clint Eastwood. No obstante, también es de recibo señalar que el libreto sufrió numerosas revisiones por otros guionistas, e incluso después del rodaje principal hubo una profunda revisión para volver a rodar unos treinta minutos adicionales y darle un final coherente a la historia. De esta manera, el primer gran final pensado, con una gran lucha en la Plaza Roja de Moscú, fue desestimado. Bryan Cranston fue considerado para interpretar un pequeño pero significativo rol, a pesar de lo cual no llegó a concretarse por problemas de agenda. Finalmente, preguntado al respecto, el escritor de la novela original, Max Brooks, alegó que su control sobre la película era “absolutamente cero” y tras visionarla concluyó que no se parecía en  nada a su novela, más allá del título.



Parafraseando: el científico que se enrola en el avión camino de Corea del Sur, torpe como él sólo todo sea dicho de paso, se marca un interesante “speech” poco antes de encontrar su propia muerte: “La madre naturaleza es una asesina en serie. Nadie la supera. Es la más creativa. Pero como todo asesino en serie, siente el irrefrenable deseo de que la atrapen. ¿De qué sirven esos fantásticos crímenes si nadie se lleva el mérito?  Por eso va dejando miguitas. Lo difícil es encontrarlas e interpretarlas. Y a veces, lo que parece el aspecto más brutal del virus… se convierte en su talón de Aquiles. Le encanta disfrazar de fortaleza sus debilidades. Es una cabrona”.

sábado, 15 de abril de 2017

Crítica de "OBLIVION" (2013)


Año: 2013. Dirigida por: Joseph Kosinski (“Tron Legacy”), intérpretes: Tom Cruise (“Jack Reacher”… vercrítica), Morgan Freeman (“Cadena perpetua”… ver crítica), Olga Kurylenko (“Quantum of Solace”), Andrea Riseborough (“Birdman (o la inesperada virtud de la ignoracia)”), Nikolaj Coster-Waldau (Jaime Lanister en “Juego de Tronos”), Melisssa Leo (“The Fighter”), Zoe Bell (“Los odiosos 8”). Presupuesto: 120 millones de dólares. Recaudación: 280 millones.


Cruise y la ciencia-ficción: si bien no es un actor que se asocie con el género, lo cierto es que Cruise es un devoto del mismo y ya suma algunas incursiones notorias como sus colaboraciones con Spielberg en “Minority Report” o “La guerra de los mundos”, o “Al filo del mañana”, de la que sueña con poder hacer una secuela en un futuro próximo. Con el director de esta última, Doug Liman, podría repetir en el futuro con “Luna Park”, proyecto sobre unos empleados renegados que viajan hasta la Luna para robar una poderosa fuente de energía, y que el realizador estuvo a punto de llevar a cabo con Chris Evans y Andrew Garfield como protagonistas, si bien se desestimó por lo elevado del presupuesto, que superaba los 100 millones.


Sinopsis: en un futuro indeterminado, la Tierra es un planeta yermo y deshabitado afectado por una guerra nuclear acaecida durante una invasión extraterrestre. A resueltas de ello, la población superviviente se trasladó a vivir a Titán, una de las lunas de Júpiter, mientras que en lo que quedaba de nuestro mundo se quedaban apenas un par de operarios para hacer las labores de mantenimiento de las máquinas que extraen lo que queda de energía de nuestro viejo planeta y que es enviado a Titán. Sin embargo, el técnico Jack Harper pronto descubrirá que todo lo que creía saber sobre su vida es tan sólo una farsa, cuando los restos de una nave aterrizan en la superficie terrestre.


Crítica: en varias ocasiones, cuando Tarantino (no, tranquilos que no me equivocado de película) respondía al por qué se tomaba tanto tiempo entre un proyecto y otro, sobre todo en las largas vacaciones entre “Jackie Brown” y “Malditos bastardos”, el realizador respondía que, el día de mañana, cuando alguien mirase su filmografía, quería que todas las películas fuesen dignas de ver. Que prefería ser responsable de una docena de films notables que firmar con su nombre vehículos de encargo. Algo así, más o menos, puede decirse también de Tom Cruise, si bien es necesario matizar que la vida profesional de un actor es más longeva que la de un director, y por tanto su producción ha de serlo igualmente. Y ya sé que muchos asocian en las últimas décadas al actor de obras tan meritorias en sus respectivos géneros como “La tapadera”, “Magnolia” o “Eyes Wide Shut”, únicamente con su faceta como el Ethan Hunt de una franquicia “vende palomitas” que, no obstante, también se esfuerza por ofrecer algo digno y meritorio en cada entrega. Aún con todo, y a pesar de que, como es lógico, su carrera ha tenido altibajos y hay algunas propuestas que definitivamente no funcionaron, cada nuevo proyecto en el que la estrella de Hollywood se involucra tiene un “algo” que capta tu atención. Insisto: puede que el resultado final no sea lo satisfactorio que uno quisiera, pero el germen de una buena  historia (que es de lo que se trata en esto del cine, de contar historias) está ahí. En lo referente a “Oblivion” se puede decir que el tapiz de su concepción parece un refrito de ideas “tomados prestados” a autores más capaces como Kubrick, los hermanos Wachowski, Lucas o Spielberg (si bien es “Moon”, de Duncan Jones, 2009, el espejo en el que más se mira), pero muchas de esas licencias, algunas de las cuales se antojan como ensambladas con calzador o directamente prescindibles, son concesiones que el propio actor y los responsables de la película que tengan a bien contar con su presencia, deberán de asumir como el mal necesario de contar con él en el elenco, pues bien es cierto que el público mundial da por hechos ciertos valores de producción que se va a encontrar en una película de Tom Cruise. Traducido a “Oblivion”, ganamos en la espectacularidad de la propuesta visual y el diseño en la concepción de un mundo hermosamente roto… pero perdemos en la escritura de un guión compacto y que a resueltas no dejaba de ser una historia de corte más intimista, lo que se deriva en algunas lagunas de guión que pueden llevar a desconectarse de la propuesta tanto a los “puristas” de la sci-fi como al espectador “consumista” de blockbusters. Porque Cruise, de común credo entre la audiencia, no hace “películas pequeñas”. Al contrario. Si de algo pueden pecar sus películas es de ser demasiado ambiciosas. “Oblivion” lo es, y por ello fracasa parcialmente. Pero en sus imperfecciones se esconde también su grandeza.


Resumiendo: a pesar de que combina un montón de ideas de otras películas y el producto resultante no termina de ser tan notable como la suma de sus partes, amén de mantener un tono frío y aséptico (justificado, no obstante) que a veces hacen difícil mantener el interés en lo que acontece en pantalla, “Oblivion” es una película absolutamente magnífica, atrapada entre su clara intención de ser una historia de romanticismo poético y su demanda de ofrecer al tiempo una carga de ciencia-ficción “pesada” y la acción que se le presupone a una cinta de estas características. Si a todo ello se le suma que ofrece la oportunidad de que muchos escépticos se reconcilien con la faceta interpretativa de Tom Cruise… la puntuación final no puede ser menos que sobresaliente.


Memorable: la banda sonora de M83, todo un homenaje a las partituras que acompañaban los clásicos de los 70 y 80. También, la imaginaria visual de su diseño de arte, que si bien es un recurso común en las películas post-apocalípticas, no deja por ello de ser uno de los valores más notables de la que nos ocupa.

Mejorable: la presencia de un Morgan Freeman que cada vez parece más decidido a “clonarse” (y nunca mejor dicho en este caso) a sí mismo en pos de un cuantioso cheque. Por otro lado, el final de la historia (y no me refiero al epílogo, sino a la secuencia inmediatamente anterior) se antoja como demasiado convencional.


Curiosidades: la película está basada en una idea que Kosinski tenía para una novela gráfica, si bien nunca llegó a publicarse. Walt Disney, que había producido también su film anterior, la secuela de “Tron”, compró inicialmente los derechos, si bien acabó cediéndonos cuando se dio cuenta de que convertir la premisa original en un producto para toda la familia obligaría a cambios demasiado significativos en su desarrollo. Jessica Chastain fue inicialmente elegido para desempeñar el rol que finalmente interpreta Kulylenko, si bien hubo de renunciar en beneficio de “La noche más oscura” de Kathryn Bigelow. Lo mismo pasó con el personaje de Riseborough, para el que se consideraron otras actrices como Kate Beckinsale o Diane Kruger.



Parafraseando: en la película se hace mención a un poema donde se alude a las supuestas palabras de Horacio, en el siglo V a.C., durante la defensa del puente de Roma en el Tíber ante la amenaza de los etruscos: “A todo hombre de esta tierra tarde o temprano le llega la muerte. ¿Y qué mejor muerte puede haber que enfrentar una suerte adversa, por las cenizas de sus padres y el templo de sus dioses?”.

miércoles, 12 de abril de 2017

Crítica de "FROZEN" (2013)


Año: 2013. Estudio: Walt Disney Animation Studios. Directores: Chris Buck y Jennifer Lee. Basado en: el cuento “The Snow Queen” (“La reina de nieve”) de Hans Christian Andersen. Voces de: Kristen Bell, Idina Menzel, Jonathan Groff, Josh Gad, Santino Fontana. Presupuesto: 150 millones de dólares. Recaudación: 1276 millones. Premios: dos Oscar (Mejor Película de Animación y Mejor Canción Original por “Let it go”), Mejor Película de Animación en los Globos de Oro y los BAFTA. Curiosidades: es el film número 53 dentro de los “Clásicos Disney”.


Historia: una de las anécdotas poco conocidas sobre la película es que en realidad, la historia de “La reina de hielo” iba a ser el primer largometraje animado de Walt Disney, en la década de los 40, antes incluso de “Blancanieves y los siete enanitos”. El proyecto después se reconvirtió en una mezcla de imagen real y animación para un biopic centrado en la figura de Hans Christan Andersen, donde la factoría del ratón Mickey haría algunas reinterpretaciones de los cuentos del autor, si bien el posterior estallido de la II Guerra Mundial llevó a Disney a su producción de propaganda bélica y el film “Hans Christian Andersen” se estrenó en 1952 sin la participación del estudio, y como musical de imagen real, que recibió 6 nominaciones a los Oscar. Un segundo intento tuvo lugar en la década de los noventa y un tercero una década después, donde Pixar sería la responsable, hasta que finalmente la producción de la película que hoy todos conocemos se puso en marcha. En 2015, se anunció oficialmente una secuela con el mismo director y productor sin que, de momento, se conozca la fecha de estreno.


Sinopsis: Anna y Elsa son dos princesas marcadas por un terrible destino. Siendo niñas, Elsa (que posee poderes de hielo) hiere a su hermana mientras juegan, teniendo que solicitar la ayuda de las criaturas mágicas del bosque para sanarla. Esto hace que Elsa permanezca encerrada hasta su madurez, sin entrar en contacto con nadie. Pero el día de su coronación, en su 18 cumpleaños, su hermana Anna la hace estallar al anunciarle que se ha prometido con Hans, un príncipe al que apenas conoce. Desvelar sus poderes en público la hacen parecer una especie de monstruo, por lo que Elsa huye al bosque. Hasta allí la seguirá Anna para recuperarla, para lo cual contará con la ayuda de Kristoff, un excéntrico comerciante y Olaff, un muñeco de nieve que posée vida propia.


Crítica: desde que llegó Pixar a la factoría Disney, las películas más clásicas del estudio habían pasado a un segundo plano, y sólo “Twisted/Enredados” tuvo un conato de recuperar ese estilo, aunque el éxito no fue el esperado. Sin embargo, “Frozen” sí que lo ha conseguido con creces. Es una película de Disney a la vieja usanza: sus princesas, su adaptación de cuentos clásicos, sus personajes inanimados que cobran vida y sus canciones cada cinco minutos. Ahora parece que Disney ha re-inventado la rueda o descubierto la fórmula de la Coca-Cola… cuando realmente lo que ha hecho es bucear en sus raíces. Pero claro, la ventaja que tienen es que su audiencia es tan joven que quizás no hayan visto “La bella durmiente”, “Blancanieves” o “La bella y la Bestia” (o las han visto, pero estaban deseando recuperar ese estilo). Una buena construcción de personajes (en esta ocasión, y sorprendentemente, los femeninos), un fino humor que no parece infantil ni empalagoso, canciones pegadizas que no podrás dejar de tararear durante semanas y la transmisión de unos valores poco explotados en este tipo de películas: la relación, a menudo difícil, entre dos hermanas tan parecidas como diferentes a la par. A este respecto, me parece tronchante la lectura con connotaciones sexuales (algo, por otro lado, no ajeno a las producciones animadas de la casa) sobre que Elsa es una representación del colectivo LGTB, que el personaje en sí mismo supone un intento de “normalización” de la homosexualidad por parte de Disney y que la canción de “Let It Go” habla en realidad sobre salir del armario. Una “teoría de la conspiración” que es más entretenida si cabe que la propia película y que, en el peor de los casos, siendo cierta… ¿a quién le importa? ¿Se imaginan a un niño/a diciendo el día de mañana que se “convirtió” (como si fuese cosa de arte de magia) en gay/lesbiana a raíz de ver “Frozen”? Hombre, no digo yo que el visionado de la cinta en bucle, como hacen la mayoría de infantes desde que salió el film, no derive con el tiempo en algún trastorno de cualquier tipo (o más bien para los pobres padres) que tienen que soportarlo, pero tanto como para eso… En fin.


Resumiendo: si te parece que “Up” o “All E” tenían un trasfondo demasiado profundo… “Frozen” es tu nueva película favorita. Para los demás… pues te parecerá una película Disney “de las de toda la vida”; simpática pero carente de originalidad. Quizás, eso sí, sea la primera producción de la factoría que realmente se entiende como una “evolución” de sus fórmulas tradicionales pero acercándola más al estándar de calidad que la Pixar de John Lassetter estableció desde la primera “Toy Story”. No en balde, por algo es el susodicho actualmente el director creativo de la compañía.


Memorable: sin duda, el personaje de Olaff, el muñeco de nieve, que tiene los gags más afortunados del metraje y pide a gritos su propio spin-off. Que, por cierto, el actor que le pone voz en la V.O., Josh Gad, aparece de carne y hueso en la nueva versión en imagen real de “La Bella y la Bestia” (ver crítica) como LeFou, un personaje que también ha dado mucho que hablar por su orientación sexual.


Mejorable: ¿soy yo… o la princesa Anna es un poco “choni”? Eso de llamar “cañón” a Hans nada más conocerle y otro tipo de comportamientos más acordes con una poligonera que con una princesa educada la delatan. Y eso que los responsables explican que suavizaron el tono de la chica porque en el primer borrador le tiraba los tejos de primeras a todo lo que se le pusiera por delante… aún después de estar prometida.


Curiosidades: bueno, son muchas, así que diré sólo unas pocas. Hablando de cifras, “Frozen” es la cinta de animación más taquillera de todos los tiempos, así como la película con más unidades vendidas en el mercado doméstico. Además, fue la segunda más descargada ilegalmente en 2014 tras “El lobo de Wall Street”. El año de su lanzamiento, Disney emitió una denuncia por plagio contra la película canadiense “La leyenda de Sarila”, que tras un estreno sin pena ni gloria con dicho título, se renombró a “Frozen Land” además de cambiar gran parte de su estética en la promoción, con el claro objetivo de atraer la atención de los fans de la cinta de Disney. Por otro lado, la demanda de merchandising fue tan grande, que la mayoría de países se quedaron sin existencias durante meses, lo que llevó a que la vente por internet de muñecas oficiales pudiese llegar a los 1000 dólares. Terminamos con la nota amable de los niños, muchos de los cuales están literalmente enfermos con la película, viéndola una y otra vez y cantando sus canciones de memoria. Entre los famosos que han confesado tener un vástago con esta “frozenmanía” están David Cameron (el ex primer ministro británico) y los actores Ben Affleck, Kevin Costner, Vince Vaughn o la actriz Amy Adams. Por cierto, que el nombre de “Elsa” es uno de los más escogidos por los padres para bautizar a sus retoños desde el estreno de la película.



Parafraseando: normalmente no pondría esto en este apartado, pero tengo que reconocer que desde que vi la película no paro de repetir: “Hazme un muñeco de nieve… anda vamos a jugar… ahora ya no te puedo ver, no sé muy bien qué ha podido pasar. Éramos inseparabales… y ahora ya no… No lo logro comprender… Hazme un muñeco de nieve… o lo que sea me da igual”… que es un verso de una de las primeras canciones de la peli. Una melodía tan sencilla como efectiva.

sábado, 8 de abril de 2017

Crítica de "PHILOMENA" (2013)


Año: 2013. Dirigida por: Stephen Frears (“Las amistades peligrosas”). Basada en: la novela “The Lost Child of Philomena Lee”, de Martin Sixsmith. Música: Alexandre Desplat. Intérpretes: Judi Dench (M en alguno de los últimos films de “James Bond”), Steve Coogan (“La fiesta interminable”), Michelle Fairley (vista en la última temporada de la serie “24: Live another day”), Barbara Jefford (“La novena puerta”), Anna Maxwell Martin (“The Night Watch”), Mare Winningham (nominada al Oscar por “Georgia”). Presupuesto: 12 millones de dólares. Recaudación: 100 millones. Premios: entre otros, consiguió 4 nominaciones a los Oscar: Mejor Película, Guión Adaptado, Actriz Principal y Banda Sonora Original.


Sinopsis: Martin Sixsmith es un periodista recién salido por la puerta de atrás del gabinete de Tony Blair, que sin querer se cruza con la historia de Philomena, una octagenaria sumida en el drama por haber sido víctima del “robo de niños” en su juventud, cuando ingresó en un convento para dar a luz a su primer hijo. Martin consigue así un contrato para escribir un libro sensacionalista y se emprende la búsqueda del hijo perdido, que les llevará desde Inglaterra hasta Estados Unidos.


Crítica: “Hay que ser amable en la subida, porque te puede hacer falta en la caída”. Hace unos pocos años, la Academia de Cine de Estados Unidos decidió ampliar el cupo de películas nominadas en la categoría de Mejor Película hasta nueve; una feliz decisión que ha permitido que, cada año desde entonces, se cuelen algunos proyectos que, en otras ediciones, habrían pasado desapercibidas. Nadie da un duro por ellas, claro, pero de este modo se les da más cancha y siempre tienen alicientes para resultar recomendables. En este caso, la dirección de Frears, que alterna grandes adaptaciones (“Alta fidelidad”) con sacrilegios literarios (“Mary Reilly”) y la buena química entre una siempre en forma Judi Dench y un Steve Coogan que es, además, co-responsable del guión, sin olvidar una excelente banda sonora que también fue merecedora de reconocimiento. Su principal problema, pues, es que su historia es demasiado lacrimógena desde el primer momento, con una premisa que sería más propia de un telefilm de sobremesa, por muy de moda que esté (¿también había “niños robados” en otras partes del mundo? ¿Todas las monjas se han dedicado a lo mismo en cada parte del planeta?). Pero la propuesta suma enteros al establecer un meta-lenguaje con el espectador, aprovechando precisamente su primera versión como encargo en formato papel, para dejar claro que son conscientes de su sensiblería y equilibrar la balanza con un acentuado co-protagonista dibujado para caer antipático, como contrapunto a la venerable ancianita que, a pesar de su incultura, te llega al corazón desde el primer fotograma. Menos convincentes, quizá por recurrentes, resultan otros discursos planteados en el transcurso de la historia, como la religión, los principios morales, el pecado o la ética profesional. Pero bueno… no engañan a nadie: “Philomena”, tal y como su título da a entender, gira en torno a la vida de su protagonista. Y eso es lo que muestra, ni más ni menos.


Resumiendo: si te gustó nuestro referente patrio, “Cándida” (o su versión previa en formato libro, “Dios aprieta… pero no ahoga”) o te enternecen los dramas humanos, ésta es tu película. Para los que no, “Philomena” también cuenta con recursos para resultar recomendable: la comicidad de su detectivesca pareja protagonista, su fino subtexto político o la naturalidad de unos personajes que parecen iluminar la película desde dentro. Pese a su premisa argumental y lo manifestado de sus mecanismos dramáticos artificiales, la historia finaliza con un mensaje positivista y que huye de la auto-complacencia.


Lo mejor: las escenas de flasback donde Frears hace un homenaje al cine inglés de los años 60. Curioso por otro lado el caso de Frears, un cineasta que ha rozado con la yema de los dedos varias veces la gloria cinéfila, pero que siempre se ha quedado a un paso de las mieles de la excelencia, como si terminar de dar ese paso le diera miedo.


Mejorable:  a pesar de que suscita tu interés ver cómo acaba la odisea personal de sus protagonistas, todo transita por caminos ya practicados. Por otro lado, algunos críticos atacaron a la película por decir que encerraba el “odio al catolicismo”, y que nunca se permitiría una cinta así hablando de otras religiones como la musulmana o el judaísmo. Crítica, por cierto, que también se extiende a otros films producidos, como el que nos ocupa, por los hermanos Weinstein.



Parafraseando: Sixsmith tiene un encuentro poco agradable en el avión rumbo a América, ante la presencia de Philomena: “Ir en primera clase no te convierte en una persona de primera” “No es mal tipo” “Tal vez necesita sacudirse un poco la mierda” “Puede que tengas razón”.