Hay una nueva moda en Hollywood. El de los remakes de
películas que, a priori, no lo necesitan. Tras el de “Los siete magníficos”
(más justificado, aunque sólo fuese por los años que hacía de la original), el
anuncio de un reinicio para “The Matrix” (vernoticia) y una “Ocean´s 8” ya en rodaje, ahora le toca el turno a “Memento”,
película de culto del año 2000, dirigida por el ahora tan revalorizado
Christopher Nolan y protagonizada por Guy Pearce (“L.A. Confidential”) y
Carrie-Anne Moss (precisamente, la Trinity de “Matrix”), que obtuvo 2 nominaciones
al Oscar por Mejor Guión Original y Mejor Montaje, y supuso un relativo éxito,
habida cuenta que sus nueve millones de presupuesto se convirtieron en 40 en
todo el mundo. Basada en el relato del “hermanísimo” Jonathan Nolan
(actualmente, responsable de la serie de “Westworld”… ver crítica), “Memento Mori”, la película giraba en torno a un
hombre en busca de venganza por el asesinato de su mujer, si bien su principal
problema en este sentido es que sufría un trastorno debido a un accidente que
le incapacitaba para crear recuerdos nuevos a partir de cada quince minutos, con lo que constantemente
debía anotar toda la información relevante antes de que su mente “formatease”
de nuevo su cabeza. Si bien es pronto para juzgar la nueva adaptación, que
todavía no tiene director ni intérpretes asociados, se antoja de momento como
innecesario un remake, aunque desde Orgullo Fan… ¡seguiremos informando!
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sábado, 18 de marzo de 2017
miércoles, 15 de marzo de 2017
Crítica de "INTERSTELLAR" (2014)
Año: 2014. Director:
Christopher Nolan (“Origen”). Guión: Jonathan y Christopher Nolan. Intérpretes:
Matthew McConaughey (“True Detective”), Anne Hathaway (“Los miserables”),
Jessica Chastain (“La noche más oscura”), Michael Caine (“Las normas de la casa
de la sidra”), Matt Damon (“The talented Mr Ripley”), Casey Affleck (“La muerte
de Jesse James a manos del cobarde Robert Ford”), John Lithgow (Winston
Churchill en “The Crown”), Wes Bentley (“American Beauty”), Topher Grace (“Predators”…
ver crítica). Presupuesto: 165 millones de dólares. Recaudación: 675 millones. Premios:
fue nominada a 5 premios Oscar, cosechando el de Mejores Efectos Visuales.
Curiosidades: el físico
teórico Kip Thorne , cuyo trabajo inspiró la película, fue productor ejecutivo
y actuó como consultor científico. Más tarde, él también escribió un libro
tie-in, “La Ciencia de la Interestelar”. Thorne, que actualmente tiene 77 años,
es amigo personal de Stephen Hawking y Carl Sagan, y su estudio intenta aclarar
las implicaciones de las astrofísica en la teoría de la relatividad.
Sinopsis: en un
futuro cercano, la Tierra ha llegado al colapso ante la falta de alimento, lo
que ha llevado a una reconversión total del sistema: todos los habitantes del
planeta dedican sus vidas única y exclusivamente al cultivo y recolección para
la subsistencia de la especie. En esta anodina existencia se encuentra Cooper,
un antiguo piloto de la NASA reconvertido en granjero, que tiene una estrecha
relación con su hija Murphy, una chica mucho más inteligente que sus compañeros
pero que, paradójicamente, se muestra temerosa de una especie de fantasma que
tira los libros de la estantería en su habitación. Pero Cooper se verá obligado
a tomar la decisión más difícil de su vida, separarse de Murphy, cuando
inesperadamente descubre que el destino de toda la humanidad puede encontrarse
en sus manos.
Crítica: “Sentido
del humor: 75 por ciento” “Autodestrucción en diez… nueve…”. Salía uno del
visionado de “Interestellar” agotado, como si acabase de correr una maratón. Y
no es por las tres horas de metraje ni por la vibrante partitura de Hans Zimmer
que te hacía saltar en la butaca. La última película de Christopher Nolan es
una experiencia épica que exige mucho más de ti que el simple hecho de pagar
una entrada y sentarte en la butaca de cine. Su epopeya galáctica te abre la
mente, te vuela la cabeza y te la pone del revés, como si fuese un calcetín. El
director es de los pocos realizadores que todavía entienden esto de hacer
películas como una oportunidad de contar “la historia más grande jamás
narrada”; una elección personal a la hora de enfocar su filmografía que bien
podría llevarle al fracaso más absoluto (con los presupuestos que maneja, el
día que se la pegue será de aúpa), pero que también te puede otorgar el mayor
placer para un “cuentacuentos”: el de ver a la gente reír, llorar, encogerse en
su asiento y, en resumen, emocionarse con tu propuesta. Y digo esto porque,
haciendo una reflexión con un amigo, que salió del cine mucho menos maravillado
que yo, la historia de “Interestellar” no deja de ser bastante simple (incluso
recurrente, dentro de ese subgénero de la ciencia-ficción que podría
considerarse “filosofía-ficción”) a pesar de su desenlace enrevesado. Es
cierto, concedamos, que algunos giros de guión supuestamente sorpresas te los
ves venir desde el principio (máxime si conoces los anteriores trabajos del
autor); y también admitamos que el desenlace y epílogo de la cinta podría
habérselos ahorrado y dejar otro donde el espectador pudiera formular sus
propias hipótesis sobre lo que pasa al final del viaje (dicho esto porque, al
dejarlo todo atado y bien atado, exige una complicidad con el espectador para
que acabe claudicando con la peripecia). Todo esto podemos aceptarlo. Pero no
deja de sumarle méritos al director. Porque un “cuentacuentos” es bueno… no
sólo por las historias que cuenta… sino por “cómo” las cuenta. Y si en algo es
maestro Nolan es en desestructurar sus películas para crear la quimera de
puxxles complejos pero que no son más que una excusa narrativa para llevarte
siempre por el camino que él decida.
En resumen: lo
mejor que se puede decir de una cinta tan grandilocuente como ésta es, que
después de tragarte sus tres horas de metraje, estarías dispuesto a verla otra
vez desde el principio, dejándote con ganas de saber más sobre el complejo
universo que despierta tu imaginación como cuando eras niño y jugabas con una
caja de cartón. Una actividad, la de jugar, que uno pierde con los años y que
nunca está de más que te sacudan para recordarte lo que es soñar.
Lo mejor: lo de
los robots militares es una pasada y también esos otros mundos que los
exploradores visitan, pero me quedo con ese plano donde el rostro de un
McConaughey en estado de gracia va repasando los vídeos de sus hijos… que han
crecido 23 años en apenas unos minutos.
Lo peor: hay
muchos aspectos de la película que se tocan sólo tangencialmente y de los que a
uno le gustaría saber más. Pero eso no tiene por qué ser necesariamente malo.
La frase: muchas
veces se dice del cine de Nolan que resulta frío, arrogante, pretencioso y poco
empático. Esta frase, en el tramo final de la historia, despertó no pocos
sollozos en el pase al que asistí: “Porque mi padre me lo prometió”.
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viernes, 10 de marzo de 2017
WESTWORLD: primera generación
Emisión: octubre –
diciembre de 2016. Creada por: Jonathan Nolan y Lisa Joy. Producida por: J.J.
Abrams. Cadena: HBO. Episodios: 10. Intérpretes: Evan Rachel Wood, Anthony
Hopkins, Ed Harris, Thandie Newton, James Marsden, Jeffrey Wright, Rodrigo
Santoro, Luke Hemsworth, entre otros. Audiencias: fue el mejor estreno de una
nueva serie en HBO desde “True Detective” en 2014. El canal ha estimado el seguimiento
total en una media de 11 millones, lo que ha generado ya una renovación con
estreno en 2018.
Curiosidades: es
la adaptación de la película homónima de 1973 escrita y dirigida por Michael
Crichton (novelista de best-sellers llevados a la gran pantalla como “Parque
Jurásico”, “Esfera”, “Congo” o “El guerrero número 13”). Una cinta que se
estrenó en España como “Almas de metal” y que dio lugar a una secuela en 1976
titulada “Futureworld”. Sin embargo, no es la primera vez que se lleva a la
televisión, ya que hubo un primer y efímero intento en 1980 titulada “Más allá
de Almas de metal”.
Concepto: la
ficción se ambienta en un futuro más o menos cercano (sin determinar) donde
existe un parque temático llamado “Westworld”, y que se ambienta en el lejano
Oeste. Un lugar donde perderse de vacaciones al más puro estilo Las Vegas, ya
que durante su estancia, los visitantes (llamados “huéspedes”) pueden hacer
cualquier cosa con los “anfitriones”, unos robots de apariencia y tacto humanos,
programados para repetir una serie de comportamientos pero que tienen
absolutamente prohibido el hacer daño a ningún ser vivo. De este modo, los “anfitriones”
viven en un bucle perpetuo donde son utilizados como objetos sexuales o dianas
de tiro, con lo que frecuentemente deben ser llevados al centro de mando para
ser reparados y puestos de nuevo en circulación.
Trama principal:
un “huésped” al que identificaremos simplemente como “Hombre de Negro” casi
hasta el final por su característica indumentaria está obsesionado con
encontrar lo que llama “el Laberinto”, una especie de juego oculto dentro del
parque y cuya ubicación es desconocida, motivo por el que enrolará en su
aventura a Teddy Food, un “anfitrión” que sólo vive para ganar el amor de
Dolores Abernatty, la hija de un ranchero, lógicamente otra “anfitriona”, cuyos
destinos están unidos debido a sus respectivas programaciones, si bien Dolores
está empezando a tener unos extraños sueños del pasado, como si hubiese vivido
otra vida de la que no es consciente. Algo parecido le pasa a Maeve, la “madam”
del principal “saloon” del parque, que descubrirá de la manera más dolorosa la
verdadera condición de su naturaleza.
Trama secundaria:
por otro lado, las luchas de poderes internas dentro de la directiva de “Westworld”
se irán acentuando cada vez más, cuando el cofundador del parque, Robert Ford,
al que muchos toman ya por un viejo senil, se empeñe en poner en marcha una
nueva historia dentro de “Westworld” que promete ser su canto del cisne dentro
del susodicho. El problema es que a Ford sólo parece apoyarle su pupilo,
Bernard, el principal programador del software, quien empieza a detectar
anomalías en los “anfitriones”, además de destapar lo que parece un espionaje
industrial dentro del centro. Todo ello, sumado a que perduran las incógnitas
sobre la muerte de Arnold, el socio de Ford en la creación de “Westworld”, que
terminó suicidándose años atrás.
SPOILER: Bernard
termina descubriendo que él mismo es un “anfitrión” al servicio de Robert,
creado a imagen y semejanza del antiguo socio del susodicho, Arnold. De igual
manera, el “Hombre de Negro”, que es el mayor accionista del parque, queda
frustrado cuando la búsqueda junto a Dolores del Laberinto parece un callejón
sin salida, haciendo honor a su nombre. Lo que él no sabe es que el susodicho
Laberinto es la respuesta al misterio de la muerte de Arnold, quien decidió
morir al darse cuenta de que los “anfitriones” estaban empezando a tener
conciencia propia; cualidad que, a sus ojos, les convertía en seres vivos, y
por tanto se veía incapaz de seguir utilizándolos como meros juguetes al
servicio del mejor postor. El descubrimiento de Dolores coincide con el “despertar”
de Maeve, que recluta a otros “anfitriones” del parque iniciando una rebelión
que se traduce en baño de sangre para los visitantes del “Westworld”.
Crítica: en 1968,
el gran Philip K. Dick se preguntaba: “¿Sueñan los androides con ovejas
eléctricas?”, un título que siempre estimé bastante raro para un relato pero
que encierra una reflexión bastante profunda sobre qué es lo que nos convierte
en humanos y si, llegado el caso, cuando seamos capaces de crear una verdadera “inteligencia
artificial”, nos convertiremos en esos dioses Saturno y Cronos que devoraban a
sus hijos… y si estos a su vez serán una suerte de Zeus que terminarán por “matar
a su padre”. Dick siguió ahondando en ello en otro relato, “The Minority Report”,
en cuya adaptación cinematográfica veíamos a unos padres que “adoptaban” a un niño
robot para suplir la ausencia de su hijo comatoso. Como siempre, la realidad
supera la ficción y ya hay algunos ricos que están pagando exorbitadas sumas de
dinero para que clonen a sus mascotas; es decir, su único objetivo es saciar su
voluntad de no sufrir dolor frente a una pérdida, independientemente de que el
nuevo ser creado en la probeta de un laboratorio tenga o no identidad propia
como individuo más allá de ser una mera “copia”. Por reincidir en estos mismos
temas que no me negaréis que son apasionantes, “Westworld” era una serie que se
prometía como interesante. Máxime cuando supimos que su desarrollo iba a costar
100 millones de dólares (lo mismo que una superproducción de Hollywood) y que
iban estar impliados actores de la talla de Hopkins, Harris o Wood, amén de
Jonathan Nolan como “showrunner”, el tipo que escribió aquel relato lleno de “easter
eggs” que sirvió de base para la notable ópera prima de su hermano,
Christopher, en “Memento”. Sin embargo, he de reconocer que el inicio de la
serie me dejó tan frío como la personalidad de sus protagonistas robots. El rollo
de los “anfitriones” y los “huéspedes” me despisto, sobre todo porque había
dado por hecho que el personaje de Ed Harris era un trasunto del Yul Brynner de
la cinta original (es decir, un androide), y en la serie se comportaba como un
humano. Vamos, un caos. Los primeros capítulos eran muy bonitos, muy cuidados,
con una factura técnica impresionante, y con un elenco coral cuyas tramas
personales eran interesantes, aunque algunos caían en la repetición simultánea,
lo que me creaba sopor cuando aparecían en pantalla, caso del rol de Thandie
Newton. De tal modo que la aparqué sin muchas ganas de ver cómo seguía. Craso error.
Quizás seá porque me he dejado llevar más por esta generación del “fast food”
que va directa al meollo, sin prolegómenos ni cena previa con velitas, pero “Westworld”
termina siendo la gran serie que todos esperábamos, con constantes capas
superpuestas al estilo de una “matrioska” rusa, y algunos giros argumentales en
su tramo final que no te esperas, o que lo ves venir pero te dan igual porque
están narrados de forma sublime. Tan sublime como el personaje de Newton, que
va creciendo a pasos agigantados. Todo el elenco, en verdad, tiene sus momentos
de lucimiento, más allá de una Evan Rachel Wood que de seguro es la mejor
actriz televisiva de la temporada. Por cierto, “helado” me quedé al saber que
en una carta a la revista “Rolling Stone”, a raíz de la entrevista sobre su
personaje en la ficción, confesó que se había sentido identificada con su rol
porque ella misma había sido violada dos veces en el pasado y sufrido posterior
rechazo por su condición de bisexual, lo que había derivado en un postrero
intento de fallido. Desde luego, parece que el rol de Dolores estaba hecho a su
medida… por desgracia.
Resumiendo: HBO
quería a su sucesora de “Juego de Tronos” toda vez que el final de ésta ya se
vislumbra en el horizonte, y sin duda la tiene en “Westworld”. Una ficción de
cocción lenta, como los buenos guisos, que te entretiene y además te hace
pensar. Lo variado de su reparto le otorgan además una polivalencia extrema, y
el recurso de entremezclar distintas líneas temporales para despistar al
espectador está bien resuelto, si bien habrá que ver cómo se lo montan en la
siguiente tanda de capítulos, porque el truco está pillado. Piruetas narrativas,
sin embargo, que tampoco le hacen falta, pues su mera base argumental ya es
bastante interesante para hacerte amar unos personajes que ya se han mostrado
en su plenitud y sólo deseas seguir sus pasos con la misma solvencia con la que
lo han hecho hasta la fecha. De visionado obligado, tanto si eres fan de la “ci-fi”
o si eres de los que piensan que es una “Lost” en el salvaje Oeste. Déjate sorprender.
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