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viernes, 7 de abril de 2017

NSYNC: celebrity (2001)


Información general: reseña de “Celebrity”, tercer (o cuarto, o quinto, según se tengan en cuenta grabaciones anteriores) y último álbum de estudio de la boyband NSYNC, lanzado por Jive Records en 2001. Debutó número 1 en la lista Billboard con 1.9 millones de unidades vendidas en su primera semana, sólo superado por su anterior trabajo, “No Strings Attached” (ver crítica), que había vendido 2.5 millones. En total, vendió más de diez millones de copias en todo el mundo. Se extrajeron los singles: “Pop”, “Gone” y “Girlfriend”.

Crítica: la vida de una “boyband” es muy corta. Su público potencial crece muy deprisa y mantener los egos de cinco chavales (donde generalmente sólo uno o dos son realmente los que destacan) a raya, es muy difícil. El éxito es así y Jive Records lo sabía, por eso “Celebirty” no es tanto un disco de música pop para dolescentes, sino más bien un campo de pruebas para ver la madurez de Justin Timberlake y JC Chasez de cara a unas posibles (e inminentes) carreras en solitario. Se lo podían permitir. Entre éstos chicos, los de BSB y Britney Spears (sólo con estos 3), vendieron la friolera de 270 millones de discos. Una burrada. Por eso mismo, “Celebrity” es un álbum de escucha “rara”, con claras influencias de hip-hop y un abuso de “soniditos” artificiales sobrellenando las pistas(con “The Game Is Over” llevándose la palma, parece sacada directamente de una máquina de tragaperras). No es la única excentricidad, si es que puede llamarse así. En el primer corte y single, “Pop”, Justin dice: “Me he cansado de cantar”, y la canción se rompe con scratches de DJ y un beat box realizado por el propio Timberlake. El conjunto sigue siendo comercial, pero le falta cohesión y se ve un claro distanciamiento entre el estilo musical que querían llevar cada uno de los componentes. Por lo menos, los que querían llevar Timberlake y Chasez, los dos únicos que realmente importaban, co-compositores (por separado) de casi todas las canciones que componen el tracklist, y además productores de las mismas. El duelo de egos se lo llevó al final el novio de la Britney, pues los tres singles escogidos eran obra suya, con una apuesta clara hacia el snodio más urbano, siendo especialmente reveladora “Girlfriend”, producida por Chad Hugo y Pharrell Williams (uséase, The Neptunes) y que se re-editó posteriormente para incluir una colaboración del rapero Nelly, todos ellos colaboradores posteriores en su carrera en solitario. Y lo de “Gone” ya no tiene nombre. El mejor tema del disco… ¡donde sólo canta Justin mientras el resto le hacen los coros! Las caras de sus compañeros en el, por otro parte impecable, videoclip, son todo un poema. El sello de calidad lo pone Stevie Wonder con su inconfundible armónica en “Something Like You”, casi para cerrar el trabajo, mientras que, curiosamente, el tema más flojo, no por malo sino porque es una burda copia de “Bye Bye Bye”, no fue composición de ninguno de los miembros del grupo (por si queréis comprobar el auto-plagio, la susodicha se llama “That Girl (Will Never Be Mine)”). Conceptualmente, el álbum tenía gracia al reflejar su status de iconos mundiales, con el tema que da título al LP, “Celebrity”, donde abiertamente se preguntaban si el público les seguiría queriendo si no fuesen unas estrellas. Era su época de máximo esplendor, con Joey Fatone engordando sin preocuparse, Chris Kirkpatrick peleándose con Eminem, Lance Bass todavía sin salir del armario y soñando con dar una vuelta por el espacio… como dije en el artículo anterior, eran los putos amos. Ahora, más de una década después, sólo JT sigue viviendo de la música (y bien, por cierto). El éxito es así de efímero. Y el de una boyband… más todavía (sin contar a los “One Direction”, ¿cuántos han pasado después de ellos?). quizás sería conveniente que alguno de los otros cuatro componentes de NSYNC saliera a la palestra y contestase a la pregunta que ellos mismos hacían cuando estaban en la cresta de la ola. ¿Me seguirías queriendo si no fuese famoso?

martes, 7 de marzo de 2017

NSYNC: no strings attached (2000)


Estamos en el año 2000. Britney Spears sigue siendo virgen (o eso sigue empeñada en hacernos creer) y sale con un tal Justin Timberlake, que lleva el pelo largo y rizado a lo Bisbal. Los Backstreet Boys son la boyband más vendedora de Europa, país al que se mudaron para promocionarse recomendados por su mánager: Lou Perlman. Cuando regrasan a USA, sin embargo, se llevan la desagradable sorpresa de que en su país no son el grupo de adolescentes pop más “in”, sino otro también fundado (a sus espaldas) por Pearlman. Un grupo donde está el mencionado Timberlake, salido del Mickey Mouse Club, y otros cuatro chicos de clase media americana: JC Chasez, Chris Kirkpatrick, Joey Fatone y Lance Bass. La lucha “de buen rollo” entre los BSB y NSYNC por ser la mejor boyband se termina con el lanzamiento de “No Strings Attached” (Sin Ataduras), el quinto álbum de estudio de los segundos. Dos millones y medio de discos vendidos en su primera semana, quince alrededor del mundo en total y ocho semanas en el puesto número uno de Billboard. Ellos son los putos amos.
 “No Strings Attached” tiene todo lo que los tíos podemos odiar. Un grupo de cinco chicos guapos, jóvenes, que no tienen pudor en mostrar sus sentimientos en edulcoradas baladas, que encima saben bailar… y que se hartan a follar porque tienen a todas las nenas llorando como histéricas (pero eso sí: no presumen de ello). Musicalmente, tenían en las producciones a Max Martin, una especie de Phil Spector para el “pop chicle” que sabía darle el toque justo a cada tema para que fuese un éxito. Ritmos urbanos en los temas rápidos… sin llegar a ser hip hop (“I´ll never stop”… ver videoclip, “Digital Get Down”); y temás lentos lo más “moja-bragas” posible (“This I Promise You”… ver videoclip).

Por todo lo demás, el disco es un ejemplo de dinero bien invertido y cómo un buen grupo de profesionales pueden convertir cualquier cosa en una auténtica mina de oro. La estética del disco, jugando con el título del álbum, muestra a los chicos como si fueran títeres de un cabaret francés del siglo XIX. El primer single, “Bye Bye Bye”, es un auténtico vende-discos con un videoclip a la altura de una gran producción de Hollywood. El segundo, “Its Gonna Be Me”, les convertía en muñecos tipo el Ken de la Barbie, ligando con ellas en un supermercado. El tema “Space Cowboys” se incluyó en la película de Clint Eastwood del mismo nombre. Poco después, el grupo cantaría con Gloria Stefan el tema principal de la peli “Música del corazón”, por la que serían nominados al Oscar. Y todo ello con la prensa rosa persiguiendo a Justin y Britney a todas partes como la “pareja modélica”. Vamos, que se hincharon a vender de forma obscena. Personalmente, me quedo con un tema “a capella” donde se nota que, efectivamente, los cinco chavales estaban muy “sincronizados” con sus distintas voces: “I Thought She Knew”. Porque yo también tengo mis cuatro días tontos del mes. Y porque, en el fondo, tiene una letra con la que cualquier tío puede empatizar: “Yo sé que ella lo sabe”… así que, ¿para qué decírselo?

domingo, 5 de marzo de 2017

SMOKEY ROBINSON: smokey & friends (2014)


Información básica: reseña del disco de Smokey Robinson lanzado en 2014, que incluye 11 de sus grandes éxitos cantados a dúo con vocalistas de distintas generaciones y géneros como Aloe Blacc o Mary J. Blige.

Crítica: a sus 74 años, toda una leyenda del Salón de la Fama del Rock se rodea de “amiguetes” tan variopintos como Jessie J o Sheryl Crow para cantarle al mundo que aún sigue vivo y que tenemos que disfrutar de él lo que nos quede. Oportunidad perfecta para revisionar alguno de los temás más clásicos del r&b con duetos de músicos tan afines al propio Smokey (y a la vez, tan diferentes) como Elton John o John Legend. Fundador de The Miracles, antes de cumplir los veinte, Smokey Robinson ya había tenido su primer éxito con el grupo gracias al tema “Get a job”, compuesto junto a Berry Gordy. Sin embargo, el sencillo no supuso una fuente de dinero, así que, cansados de esperar a que la flauta volviese a sonar, Robinson le aconsejó a Gordy que montase su propio sello musical. Fue así como nació la Motown y el resto, como suele decirse… es historia. Smokey siguió siendo el vocalista de los refundados The Miracles pero también ejerció como director musical y principal compositor de la compañía, a la que aportó más de cuarenta éxitos para artistas tan reconocidos como Diana Ross, Marvin Gaye, The Four Tops, The Marvelettes o The Temptations. Con este currículum, es casi innecesario subrayar que esta especie de “grandes éxitos” se queda muy corto con su tracklist de apenas once canciones, pero quizás sea también uno de sus puntos fuertes ya que, una vez escuchado, te “obliga” a pulsar de nuevo el botón del “Play” o a tirar de YouTube para seguir disfrutando de una de las voces más cálidas y sensuales de la historia de la música, mucho antes de que naciesen Pharrell Williams o Prince. Además, “Smokey & Friends” tiene el buen gusto de respetar casi al cien por cien los temas en su versión original, con esa famosa sobre-producción y arreglos de cuerda que se convirtieron en el sello de la Motown y que aquí te trasladan a otro tiempo que, es muy probable que no vivieses, pero que de seguro fue mucho mejor en más de un sentido. Por último, y si todo lo anterior te parece poco, el álbum ofrece agradables sorpresas como las colaboraciones de Steven Tyler, vocalista de los nunca suficientemente valorados Aerosmith en la estupenda “You really got a hold on me”. O dos antiguos miembros de boybands:  el exNSYNC, JC Chasez, quien después de su fracaso en solitario, eclipsado por el éxito de su compañero Timberlake, ha quedado relegado a ejercer como jurado en programas de televisión o estas “apariciones especiales” para trabajos de Basement jaxx, Carlos Santana o Moby (en la inmortal “My Girl”); y Gary Barlow, de los ingleses Take That (en “Get Ready”), quien vive una segunda juventud tras conseguir que Robbie Williams regresara temporalmente al grupo. Pero, por encima de todos ellos, y como no podía ser menos, sobresale Smokey Robinson; sin duda, una de las pocas leyendas vivas de la mejor época de la música popular de la historia.