Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta nazis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nazis. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de junio de 2018

Sam Rockwell y Scarlett Johansson, contra los nazis


Scarlett Johansson (“Lost in Translation”) y el ganador del Oscar, Sam Rockwell (por “Tres anuncios en las afueras”)  protagonizarán la próxima película de Fox Searchlight Pictures, “JoJo Rabbit”. Taika Waititi (“Thor: Ragnarok”) será el encargado de escribir, dirigir y co-protagonizar el film junto a los arriba mencionados. La película, ambientada en plena II Guerra Mundial, narrará la historia de un niño fiel seguidor del ejército de Hitler que descubre que su madre está escondiendo a un niño judío en casa. Waititi interpretará al amigo imaginario del niño, que no es otro que Adolf Hitler, una proyección del propio chico, quien está confundido por la propaganda nazi y echa de menos a su padre. A la espera de más novedades, desde Orgullo Fan… ¡seguiremos informando!

Te puede interesar también:

miércoles, 8 de marzo de 2017

Crítica de "HELLBOY" (2004)


Año: 2004. Basada en: las historias del personaje creadas por Mike Mignola para el sello “Legend” de Dark Horse, especialmente “Semilla de destrucción”.Director: Guillermo del Toro (“El espinazo del diablo”).  Intérpretes: Ron Perlman (Clay Morrow en “Hijos de la Anarquía”), John Hurt (“Alien, el octavo pasajero”), Selma Blair (“Crueles intenciones”), Rupert Evans (“Ágora”), Karel Roden (“RocknRolla”), Jeffrey Tambor (la serie “Transparente”), Doug Jones (el Silver Surfer de “Los 4 Fantásticos”). Presupuesto: 66 millones de dólares. Recaudación: 99,3 millones.

Franquicia: en 2008, los mismos responsables (pero con cambio de productora, eso sí), estrenaron “El ejército dorado”, la segunda parte de una trilogía que Guillermo del Toro siempre ha soñado con cerrar. Perlman, además, volvió a aparecer en una cinta del realizador mexicano, con un breve papel en “Pacific Rim”. La negativa de Del Toro a dirigir la secuela de aquella, que ya está en pleno rodaje, nos hicieron pensar a todos que había optado por poner en marcha definitivamente “Hellboy 3”, pero en unas declaraciones recientes aseguró que se había reunido con Mike Mignola para plantear las bases de un final cinematográfico y no llegaron a un acuerdo, de manera que tendremos que seguir esperando.

Sinopsis: en 1944, el futuro profesor Trevor Bruttenholm y un grupo de aliados consiguen frustrar los planes de Rasputín y el ejército nazi, quienes pretenden abrir un portal a otra dimensión demoníaca. Sin embargo, la brecha permanece abierta para que se cuele un pequeño ser del otro lado: un demonio-bebé con una mano de piedra. Éste sería el origen de una organización secreta del gobierno de Estados Unidos encargada de investigar y detener sucesos paranormales, con el bautizado y ya crecido Hellboy como brazo ejecutor. Pero a menudo, las travesuras de éste para escaparse y ver a su amor, la pirotécnica Liz Sherman, sacan de quicio al FBI, por lo que decidirán buscar a un joven agente que haga las veces de “niñera”.

Crítica: “Tu dios opta por el silencio… el mío vive dentro de mí”. Oscura, divertida y brillante, Guillermo del Toro realizó una de las mejores adaptaciones de cómic de lo que llevamos de género, consiguiendo algo que pocas veces se ha dado en éste: no sólo fidelizar el original, sino superarlo. O, cuanto menos, rescatar sólo lo mejor del homónimo en viñetas, pues Mignola pronto vio que lo que tenía entre manos era su gallina de los huevos de oro y se dedicó a perpetuarlo repitiendo la fórmula del “Chico Demonio vs Monstruo de H.P. Lovecraft”. Su gusto por el detalle, mezclando lo barroco, lo “pulp” y el clasicismo estético en un entorno fantástico hacen de sus universos, organismos complejos que pueden gustar (o no) en mayor o menor medida, pero que sin duda dan fe de su implicación personal y emocional con cada proyecto, siendo éste uno que llevaba gestando desde hacía casi una década antes de que pudiera finalmente llevarlo a cabo gracias al mencionado “boom” del cine en viñetas. Y es que, si bien en otras ocasiones hemos aplaudido los intentos de algunos autores por “desencasillarse”, también considero que hay un término medio entre lo de “apoltronarse” y el “suicidio profesional” (se me viene a la mente “Big Eyes” de Tim Burton, aunque no sea desde luego una cinta completamente prescindible). “Hellboy” es, por el contrario, uno de esos proyectos que le vienen como anillo al dedo a su realizador, y a día de hoy es imposible imaginar la adaptación del personaje, pues inclusive otras obras del mexicano como “El laberinto del fauno” parecen co-existir en el mismo imaginario, creando una mitología propia y universal que queda sólo al alcance de muy pocos, como lo que Hitchcock hiciese en su día con el suspense. Una película que hace bello lo grotesco y que consigue emocionar a pesar del cariz surrealista de sus protagonistas, con un Ron Perlman en estado de gracia estableciendo relaciones profundas y creíbles con el resto del elenco, sin necesidad de largos diálogos y monólogos: con el simple y simpático detalle de esconderse el puro al ver a su “padre”, o que el prota tenga puesta de fondo el “Let´s stay together” de Al Green mientras escribe una carta de amor. Y es que la grandeza del “Hellboy” de Del Toro está en los pequeños detalles, como la divertida línea de díalogo donde se da a entender que Hitler murió en 1958 (13 años después de lo que es comúnmente creído) o lo absurdo de crear tensión intentando salvar una caja llena de gatitos en medio de una holocáustica batalla. Hasta el cameo de Santiago Segura como conductor del metro tiene su gracia y no “estorba”. Porque cuando las cosas se hacen con amor y respeto, el resultado final funciona como un mecanismo de reloj suizo. Reloj que, por cierto, bien puede ocupar el lugar de un corazón en la bizarra mente de su realizador.

Resumiendo: puede que no sea ese personaje que todos soñábamos por ver en pantalla grande e incluso puede suscitar cierto rechazo por el simple hecho de suponer un exponente más del quemado género del cómic llevado al cine, pero desde su oscuro y esclarecedor prólogo en plena II Guerra Mundial, pasando por sus divertidos títulos de crédito y el magnífico clímax final, “Hellboy” demuestra precisamente que no ers “una más”.

Memorable: los personajes del anfibio enciclopédico Abe Sapien y el silencioso asesino nazi Karl Ruprechf Kroenen, secundarios de lujo que quitan peso sobre los hombros del protagonista.
Mejorable: a pesar de su entretenida puesta en escena, sí que es cierto que por momentos el ritmo decae dándote la impresión de que el metraje avanza sin que ocurra nada relevante en pantalla. “Qué cagarro”, en palabras del propio “Hellboy”.


Parafraseando: con la dulce y épica al mismo tiempo, banda sonora de Marco Beltrami, antes del beso final, el bueno de “HB” suelta su último chascarrillo lapidario:  “En la oscuridad… he oído tu voz… ¿Qué has dicho?” “He dicho: “Oye tú, el del otro lado… suéltala. Porque entraré ahí a buscarla… y te arrepentirás””.

jueves, 2 de marzo de 2017

METAL SLUG: super vehicle 001 (1996)


Disparar a todo lo que se mueva… y a lo que no… ¡también! Ya hablamos en su día de la franquicia con la entrega “Metal Slug X”, pero la nostalgia nos trae de nuevo a hablar de este mítico arcade desarrollado para las máquinas Neo-Geo de los salones recreativos. Y como es de sabios empezar por el principio, lo haremos con su primera entrega, desarrollada en 1996 por Nazca Corporation, posteriormente adquirida por SNK y claramente inspirada en sagas fílmicas como “Rambo” o “Desaparecido en combate”, cuya primera entrega sería posteriormente adaptada para Sega Saturn, PlayStation y más recientemente para la “consola virtual” de Wii.

 A pesar de lo que muchos piensan, “Metal Slug” no está ambientada en ninguna guerra histórica del pasado, sino en ya cercano año 2028. Dos soldados (en caso de la opción dos jugadores, of course), Marco y Tarma, de la División Halcones Peregrinos, serán los encargados de evitar un golpe de estado perpetrado por un ejército fascista… con claros paralelismos a los nazis de la II Guerra Mundial. La aventura, dividida en “misiones” (o niveles) nos llevará por junglas, paisajes nevados, pueblos arrasados o alta mar, enfrentándonos a soldados de a pie, helicópteros, tanques y jefes de final de fase cuya originalidad es que no se trata de gigantones con armas imposibles… sino que son en su mayoría grandes máquinas de combate que nos lanzarán misiles, minas anti-persona o ráfagas de balas.
Y es que, las máquinas son una parte importante del Metal Slug. Porque el nombre del juego es también el del mini-tanque que se hará imprescindible en muchas fases del juego y que aumentará nuestra capacidad destructiva. Porque, amigos, no lo dudemos. Este juego se hizo rápidamente conocido por el detallismo de sus escenarios… ¡unos escenarios que podíamos hacer pedazos! Este “run and gun” nos permitía dispararle a todo lo que se moviese, ya fuese con pistolas, bombas de mano, metralletas o lanza-llamas. Un auténtico gustazo ideal para desahogarte… cuyo mayor hándicap era su extremada dificultad. Sí, como todos los juegos, tenía sus trucos para avanzar de forma más o menos sencilla (eso sí, en este caso no valía eso de ponerte en una esquina de la pantalla y darle al botón de “disparar”), pero hasta que conseguías pillar esos trucos, las misiones se hacían… nunca mejor dicho… misiones imposibles.


 Con todo, la jugabilidad era muy elevada, los gráficos eran de lo mejorcito que te podías encontrar en ese momento (con muchas de las animaciones hechas a mano, nada que ver con los escenarios pixelados de otros juegos similares) y la mayoría de las veces te bastaba con mirar cómo alguien intentaba pasárselo. Las sucesivas entregas, con zombis, aliens, yetis y demás fauna fantástica, además de la inclusión de nuevos personajes a elegir, hicieron de esta saga toda una leyenda de los salones recreativos. ¡Ah, qué tiempos aquellos!

miércoles, 1 de marzo de 2017

Crítica de "ALIADOS" (2016)


Año: 2016. Dirigida por: Robert Zemeckis (“Forrest Gump”). Escrita por: Steven Knight (responsable también del libreto de “Promesas del Este” y co-creador del programa “¿Quién quiere ser millonario?”). Intérpretes: Brad Pitt (“Seven”), Marion Cotillard (“The Dark Knight Rises”… ver crítica), Jared Harris (Lane Pryce en la serie “Mad Men”), Matthew Goode (el Ozymandias de “Watchmen”), Lizzy Caplan (“Monstruoso”), Anton Lesser (el Cyburn de “Juego de Tronos”). Presupuesto: 85 millones de dólares. Recaudación: 116.9 millones.

Sinopsis: Max Vatan es un espía al servicio de los aliados durante la II Guerra Mundial, asignado a una misión contra el embajador alemán en Casablanca, durante la cual se hace pasar por el marido de Marianne Beausejour, mujer en idénticas circunstancias a las suyas de quien se acabará enamorando y con quien contraerá matrimonio posteriormente en Londres. Sin embargo, y a pesar de la aparente felicidad con la que proseguirán sus vidas, colmadas con la llegada de una hija, el mundo de Max se vendrá abajo como un castillo de naipes cuando sus superiores le indiquen que Marianne está siendo investigada por la posibilidad de ser una contra-espía alemana.

Crítica: hace unos años, leí en una reseña que “El aviador”, de Martin Scorsese, seguramente sería la última película del “Hollywood clásico”. La verdad es que no sé a qué se refería exactamente ese comentario; si era una alusión a la temática del propio film o se refería más bien a una forma de hacer cine que ya no regresaría. Afortunadamente, y en cualquier caso, parece ser que se equivocaron. Es bastante obvio que la pareja protagonista de “Aliados” se disfrazan aquí de unos sosias de Ilsa Lund y Rick Blaine, destilando un carisma y glamour que remiten directamente a esa época dorada donde bastaba el nombre de dos estrellas en el cartel para justificar la realización de una película. Pero no es menos cierto que el desempeño de Zemeckis tras las cámaras es sencillamente abrumador, componiendo unas imágenes tan poderosas que trasladan al espectador a los distintos escenarios hasta el punto de llegar a tocarlos como si la realidad virtual estuviese un paso por encima de lo que se encuentra en estos momentos. En definitiva, cine de alto calibre que no consigue llegar a cotas más altas por la limitación de su propia historia, pero que es un placer contemplar esperando que no se acabe, algo que es difícil de encontrar en la cartelera de hoy en día, donde el “fast food” y las conexiones de banda ancha nos han llevado a consumirlo todo de manera rápida y sin subterfugios. Ya no disfrutamos de las películas: sólo queremos saber cómo termina. Y en ese sentido, “Aliados” va a contracorriente. Por fortuna.

Concluyendo: las películas de espías durante la invasión nazi son un subgénero en sí mismo que no se prodigan mucho hoy en día, quizás por la lejanía ya de dicho acontecimiento, o quizás porque sus vericuetos ya están muy transitados. La estupenda y muy recomendable serie “The Americans” le da algunos giros interesantes a la premisa, mientras que en “Aliados” se hace un homenaje a la vertiente más clásica de ese cine, con la connivencia cómplice de quienes aún suspiran cada vez que el “zappeando” en la hora de la siesta nos lleva a alguno de sos canales que ofrecen obras imperecederas en blanco y negro las 24 horas del día. Empero, esto me recuerda que la primera vez que vi por televisión “Casablanca” fue en una remasterización de la original “coloreada”, para todos aquellos que aún tenían sarpullidos por los “grises”. Zemeckis, Pitt y Cotillard obran la magia aquí en sentido inverso, y durante su visionado, muchas veces parece que “Aliados” estuviese rodada con la sobriedad del blanco y negro. Una película de las de antes. De las que ya no se hacen.

Memorable: el plano con el que se abre la película, de Max cayendo desde el cielo hacia las dunas, como si de un “paciente inglés” se tratase. El polvazo en medio de la tormenta de arena también merece una distinción, así como el tiroteo de la embajada, donde Pitt nos recuerda que una vez también fue un “maldito bastardo”.

Mejorable: el bombo que se le dio a la supuesta relación (falsa hasta donde sabemos) de sus protagonistas, en pleno divorcio entre Pitt y Angelina Jolie, que llevó incluso a insinuar que el hijo que esperaba la actriz francesa era de su partenaire en la película. Curioso, cuanto menos, que la relación entre Brad y Angelina también surgiese en una película (“Sr. Y Sra. Smith”) con una temática muy, pero que muy similar, y donde él también estaba en ese momento en otra relación (con Jennifer Aniston). Vamos, que ni el mejor guionista de Hollywood hubiese podido escribir algo así.


Parafraseando: en la sublime primera parte de la cinta, el personaje de Marion le demuestra a su compañero que lo tiene todo perfectamente controlado, además de ser una anfitriona que para sí quisiéramos muchos: “¿Podrás aguantar diez días en este pisito? No se está tan mal” “Dormiré en el sofá” “Mejor duerme en la azotea. Se está más fresco. Y además, en Casablanca los maridos suben a las azoteas después de hacerles el amor a sus mujeres”.

sábado, 18 de febrero de 2017

Crítica de "MONUMENTS MEN"


Año: 2014. Escritay dirigida por: George Clooney (“Gravity”). Basada en: el libro homónimo de Robert M. Edsel. Intérpretes: George Clooney (“Los descendientes”), Matt Damon (“Interestellar”), Bill Murray (“Lost in translation”), John Goodman (“El vuelo”), Cate Blanchett (“Blue Jasmine”), Jean Dujadin (“El lobo de Wall Street”), Bob Balaban (“Moonrise Kingdom”). Presupuesto: 70 millones de dólares. Recaudación: 155 millones.

Sinopsis: conocidos como los “guerreros del arte”, los Monuments Men fueron un curioso batallón formado durante la II Guerra Mundial destinado a recuperar las obras expropiadas por los nazis, con el noble fin de salvarlas de la destrucción y devolvérselas a sus legítimos dueños.

Crítica: “Creo que he pisado una mina de algún tipo” “¿Para qué has hecho eso?” “Ya ves… me aburría” “Yo no me movería” “Pues a mí me gustaría, la verdad”. ¿Qué fue el “Rat Pack”? Una pandilla de colegas de alto nivel que, a la muerte de Bogart, se unió en torno a la figura de Frank Sinatra y juntos hicieron películas, conciertos e incluso propaganda política. Allí estaban Dean Martin, Sammy Davis Jr., Peter Lawford o Joe Bishop y juntos también se llevaban a las mejores nenas de Hollywood: las Gardner, Monroe, Garland y compañía. A nivel cinematográfico, nadie esperaba mucho de ellos, más allá de resultar mínimamente divertidos y que su química traspasar la pantalla con sus bromas privadas y sus diálogos de doble sentido. Eran los años 50 y 60, así que… todo valía, la verdad. Pero hoy en día es otra cosa. Y si te llamas George Clooney y juntas en un reparto a lo más granado de la industria y, con una premisa interesante… haces una tontería con ínfulas… pues la crítica te da por todas partes. Y te jodes. Vete a bailar la conga a la Berlinale (que lo hicieron) o pégate la juerga padre en tu mansión de la Toscana (que también), pero siendo tu cuarta película como director y habiendo ganado ya varios Oscar… pues manda huevos. Nada en “Monuments Men” funciona: ni el drama, ni la acción, ni… bueno, iba a decir “ni la comedia”, pero la verdad es que algo de eso sí tiene, aunque resulta más una broma pesada que otra cosa. Y que nadie me entienda mal: no es que me moleste su falta de pretensiones (el dinero es suyo y pueden hacer lo que quieran), pero cuanto menos, haz una película que se pueda definir. Después de un prólogo que remite precisamente a ese cine del que hablaba al principio, muy también a lo “12 del patíbulo”, los personajes aquí caen en una planicie de la que es imposible sacarlos e incluso los malos de la función parecen sacados de una primeriza producción de Disney. Son malos porque son nazis. Y punto. Por no hablar de la subtrama pseudo-romántica entre Damon y Blanchett, que no podría interesar menos y parece una simple excusa para meter entre tanta testosterona un pequeño toque femenino. Ese careo final entre el personaje de Clooney y un miembro de las SS suena más a “Hola, soy el puto amo de Hollywood y estoy aquí, hablando contigo, que eres un actor desconocido, pero te estoy pagando una sesión. Para que presumas con tus amigos”, que a un ajuste de cuentas real con los adalides del III Reich que se antoja como forzado visto lo anterior. Ventajas e inconvenientes.de ser George Clooney.

Resumiendo: sin ser una pérdida de tiempo y entendiéndose como un homenaje al género bélico de los años 50, “Monuments Men” falla incluso como “película de compadreo” y queda relegada a ese género (tan reivindicable, por otra parte) de “película siestera del finde”.

Memorable: el momento donde, mientras un grupo de heridos agoniza en el campamento médico, suena por un megáfono un “Merry Little Christmas” cantado a capella.

Mejorable: en una película que alardea de ser un mero entretenimiento, me sobran esas voces en off que parecen añadidas después del rodaje, con diálogos pretenciosamente reflexivos sobre la maldad de la guerra y las bondades del ser humano.


Parafraseando: después de unos minutos intentando chapurrear su idioma, el personaje de Blanchett le pide al de Damon que hable en inglés: “De no ser por nosotros, usted estaría hablando en alemán” “No, de no ser por ustedes, quizás estaría muerta. Pero seguiría hablando francés”.