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viernes, 31 de marzo de 2017

Crítica de "AL FINAL DEL TÚNEL" (2016)


Año: 2016. Escrita y dirigida por: Rodrigo Grande (“Cuestión de principios”). Intérpretes: Leonardo Sbaraglia (“Relatos salvajes”), Pablo Echarri (“Plata quemada”), Clara Lago (“8 apellidos vascos”), Federico Luppi (“Éxtasis”), Javier Godino (“El secreto de sus ojos”). Recaudación: más de dos millones (de dólares). Premios: fue nominada en 8 categorías de los Premios Sur 2016, si bien se fue de vacío frente a las triunfadoras “La luz incidente”, “El ciudadano ilustre” o “Cómo funcionan casi todas las cosas”, que se repartieron los principales galardones.


Sinopsis confinado en una silla de ruedas tras un accidente que le dejó sin familia, la vida de Joaquín y su perro Casimiro parece condenada a languidecer en la oscuridad de su mansión bonaerense, la cual también conoció tiempos mejores. Sin embargo, y aquejado por las deudas, la vida de Joaquín y su mascota cambiarán cuando Berta, una bailarina de striptease, acude con su hija para alquilar una habitación junto a su hija pequeña. Joaquín deberá entonces amoldarse a contar de nuevo con compañía femenina, si bien ese será sólo el menor de sus problemas, cuando el hombre descubre que por debajo de su sótano hay una banda de atracadores excavando un túnel con la finalidad de acceder a un banco cercano.

Crítica: lo que tenemos aquí es una constatación más de que el cine hispano no tiene nada que envidiarle a Hollywood, si decide jugarle en su terreno (para una discusión más extensa deberíamos de dejar la valoración de, si en efecto, esa es nuestra principal intención en la mayoría de ocasiones). “Al final del túnel” tiene muy clara su finalidad como thriller palomitero, sin renunciar por ello a una factura técnica perfecta y sin que suponga un menoscabo para construir un relato tan lleno de claroscuros como su propia fotografía. Es fácil ubicar el referente del maestro Alfred Hitchcock y su “La ventana indiscreta”, tanto en la caracterización del protagonista como en la clara intención de “voyeur” de la propuesta, siendo la exuberante Clara Lago indispensable en este último punto, por tanto en cuanto al espectador se le van los ojos detrás de su cuerpo casi sin querer hasta el punto de sentirse uno culpable con las cosas que se le pasan por la cabeza. Sin embargo, en el virtuosismo que Rodrigo Grande ejecuta para narrar su historia y la importancia que el decorado tiene en el devenir de los acontecimientos, como un personaje más de lo expuesto en pantalla, remiten también al David Fincher de, por ejemplo, “La habitación del pánico”. Amén, por supuesto, de una zambullida en los estereotipos conceptuales del género “noir” como la marginalidad de unos seres destruidos por sus vidas pasadas, la idealización de un momento pasado que consideran como el único atisbo de luz en sus vidas y el intento de revertir toda su existencia con un solo golpe de suerte que el destino les ha servido como diana. Sin llegar a ser perfecta, porque hoy en día pocas producciones se pueden definir como tales, “Al final del túnel” es un ejemplo de cine tenso, vibrante y conceptualmente hipnótico.


Resumiendo: si bien el uso de la climatología y la furia de los elementos no es en este caso una metáfora sobre el devenir de los acontecimientos, sino una herramienta más de la que hacer uso para “ahogar” aún más en sus miserias a los protagonistas y hacerles bajar al lodo para luchar por lo que realmente les importa, podemos decir que el diluvio final de la cinta de Rodrigo Grande podría considerarse como esa catarsis bíblica que se lleva todos los pecados río abajo y desnuda la verdad en la vida de uno mismo. Cinematográficamente, la verdad de “Al final del túnel” es que es una buena película “palomitera”. Y… ¡sienta tan bien poder decir eso de una coproducción hispano-argentina!


Memorable: de por sí, ver a Clara Lago en pantalla grande y con poca ropa ya es todo un placer, pero si encima, y aunque no fuese necesario, le pone empeño y clava el acento argentino… pues mejor que mejor. A propósito de esto, Berta (su personaje), maneja un “español ríoplatense” que la intérprete consiguió en tan sólo dos semanas, con la única ayuda de un coach durante cuatro días.


Mejorable: la analogía entre el hombre inválido su perro moribundo, aunque efectiva, es bastante obvia. Pero vamos… por decir algo. Por otra parte, algunos críticos destacaron negativamente que la limitación física del protagonista no resultaba finalmente ningún impedimento para que éste llevase a cabo todas las acciones de la película. Sin embargo, a mi juicio es harto evidente que su discapacidad sí ha creado un muro emocional y psicológico en el rol de Sbaraglia. Quien, por cierto, está excelente tanto en el manejo de su instrumento indispensable para manejarse como en su desempeño de protagonista en una producción de estas características.


Curiosidades: el guión de la película fue depurado por el propio director, Rodrigo Grande, durante cinco años en los que fue transformándolo también en un “story board”. Una de las referencias citadas por el propio realizador han sido los relatos de Edgar Allan Poe, donde los escenarios y la creación de atmósferas barrocas eran claves en la construcción de la propia historia. Por último, Pablo Echarri, que da vida al “villano” del film, participó en la producción de la cinta como productor, en su debut como tal en dicho desempeño.



Parafraseando: cuando Joaquín descubre a la banda que está socavando bajo su terreno, intenta hacer que sus inquilinas abandonen el lugar aunque sea un par de semanas. Pero Berta le da una argumentación que no tiene forma de rebatir: “Yo sé lo que pasa. Tienes miedo, porque la otra noche bailé para ti” “No tiene nada que ver con eso” “Vi cómo me miras. Te crees que por esa silla de mierda vales menos. Estabas cómodo estando sólo… terriblemente sólo… y tienes miedo de romper eso. Eres un tipo inteligente, Joaquín. Y atractivo. Y buena gente. Pero tienes una vida horrible y prefieres quedarte con eso. Yo sé que te gusto. Y tú no tienes ni puta idea de lo que me pasa a mí. Y eso es lo que te da miedo”.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Crítica de "SUICIDE SQUAD" (2016)


Año: 2016. Escrita y dirigida por: David Ayer (“Corazones de acero”). Intérpretes: Will Smith (“Soy leyenda”), Jared Leto (ganador del Oscar por “Dallas Buyers Club”…ver crítica), Margot Robbie (“El lobo de Wall Street”… ver crítica), Joel Kinnaman (el “Robocop” del remake), Viola Davis (ganadora del Oscar por “Fences”… ver crítica), Jai Courtney (“Terminator: Génesis”… ver crítica), Jay Hernández (“Hostel”), Cara Delevingne (“Valerian y la ciudad de los mil planetas”), Scott Eastwood (“Pacific Rim 2”), Adwale Akinnuoye-Agbaje (“Thor: El mundo oscuro”), y el rapero Common. Presupuesto: 175 millones de dólares. Recaudación: 745 millones.  Premios: ganó el Oscar correspondiente a Mejor Maquillaje y Peluquería.


Franquicia: como podéis suponer, la singladura de los personajes en pantalla grande no ha hecho más que comenzar. Warner Bros y DC Comics tienen varios proyectos derivados de la película que nos ocupa, si bien de momento sólo está confirmado “Gotham City Sirens”, proyecto que también dirigirá David Ayer y que se centrará en Harley Quinn (es decir, Margot Robbie), si bien en esta ocasión estará acompañada por Catwoman y Poison Ivy, personajes a los que todavía no se les ha buscado actrices que les den vida. Por otro, estaría un segundo spin-off centrado en Deadshot, el rol al que da vida aquí Will Smith, y por último y como es lógico, la secuela directa de esta “Escuadrón Suicida” que, de una manera bastante bizarra, podría llegar a ser dirigida por Mel Gibson… siempre y cuando éste aceptase e ofrecimiento de Warner Bros.


Sinopsis: con los meta-humanos proliferando por el mundo y sin control, a la autoritaria Amanda Waller se le ocurre lo que parece un plan peligroso pero efectivo: implantar bombas bajo la piel de algunos villanos detenidos en prisiones de alta seguridad, y obligarles a ejecutar sus órdenes actuando como un equipo denominado “Fuerza X”. Ellos son: Floyd Lawton, asesino a sueldo conocido como “Deadshot”; Harley Quinn, la novia del Joker; Digger Harkness, ladrón de bancos conocido como “Capitán Boomerang”; Chato Santana, un pandillero pirotécnico conocido como El Diablo; o Waylon Jones, apodado como “Killer Croc” por su aspecto monstruoso. Todos ellos estarán comandados por Rick Flagg y su guardaespaldas, la letal Katana. Y en su primera misión deberán hacer frente nada menos que aJune Moon, la Encantadora, una bruja de otra dimensión capaz de convertir a los seres humanos en simples marionetas.


Crítica: “¿Y si Superman hubiese decidido bajar volando, arrancar el techo de la Casa Blanca y sacar al presidente del despacho oval?”. A esta primera adaptación cinematográfica de “Escuadrón Suicida” siempre tendremos que agradecerle el haber mantenido alto el “hype” del fandom. Desde el impresionante despliegue de rostros conocidos que se iban uniendo al elenco, pasando por las imágenes que fueron salpicando las redes y que homenajeaban escenas míticas de Alex Ross para Harley Quinn y el Joker o “La broma asesina” de Alan Moore, finalizando en el estupendo tráiler y las apariciones públicas del reparto donde denotaban siempre una gran química entre todos sus miembros. Pero hasta ahí. Porque como película… deja bastante que desear. No es que sea mala, pero desde luego no sacia las expectativas levantadas, ni tampoco las de los fans más acérrimos. “Suicide Squad” empieza más o menos bien con su homenaje a “Los 12 del patíbulo”, y luego se transforma en un falso remake de “1997: Rescate en Nueva York”… para terminar siendo una suerte de “Los cazafantasmas”. Todo ello, con un desfile de personajes que no son del todo conocidos por el gran público, motivo por el que hay que presentarlos y, en conveniencia, acaban haciendo un batiburrillo donde hay poco tiempo para detenerse en nada. Bueno, sí. La verdad es que sí hay tiempo para detenerse. Para tomar una copa, literalmente, en la que sin duda es la peor escena de la película. Es también la secuencia donde más tiempo seguido vemos a los personajes hablar entre sí sin disparar, golpear o hacer explotar algo… y es ahí donde nos damos cuenta del por qué, pues Ayer no sabe hacer que la química entre ellos funcione. Y eso, a pesar de que todos son bastante parecidos entre sí, como un grupo de inadaptados a los que parece que la sociedad hace “bullying” porque sí, en lugar de comportarse como los supervillanos que en realidad son.. sólo Harley Quinn y su espectacular culo saben que están locos y punto, sin darles más vueltas. No obstante, la chica también protagoniza el mejor ejemplo de que el guión de la película es un “corre-calles” que no sabe hacia dónde dirigirse, con el “coitus interrptus” de su huida en helicóptero junto a su amado “bichito”, que apenas dura dos minutos para incorporarse de nuevo al grupo como si tal cosa. Las malas lenguas dicen que hubo injerencias del estudio en la producción para hacer más comercial el resultado final y menos “oscuro”. Y oye… por una vez y sin que sirva de precedente, se agradece. Porque la escena final contra la Encantadora, donde el director se limita a llenarlo todo de humo y mover la cámara, esperando que nadie se de cuenta de que no tiene ni puta idea de cómo terminar la cosa… denotan que las prisas nunca son buenas y que, en este caso, sentarse cinco minutitos para hablar de lo que querían hacer hubiese estado bien antes de hacer sonar la claqueta.


Resumiendo: Margot Robbie haciendo de “tía buena”, Will Smith perpetuando su carisma de siempre, Jared Leto jugando a ser Marilyn Manson… junto a monstruos, tiroteos, deflagraciones varias y efectos especiales a cascoporro. “Suicide Squad” es lo que se esperaba de ella. Esto es… lo que se espera de la adaptación de un cómic que tampoco ha sido nunca un pilar de DC Comics, sino más bien un “tebeo del montón”, que aquí sirve como pieza intermedia de un universo DC expandido que, a qué negarlo, parece que va dando bandazos, pues bien podrían haberle dado luz verde al desarrollo de alguna película en solitario para alguno de los personajes que compondrán la futura “Liga de la Justicia”. Pero claro, bien es cierto que habida cuenta de que los últimos intentos en este sentido les salieron rana… mucho mejor apostar por una película grupal, donde el ruido y la cacofonía inherente nos impidan oír el canto de las sirenas. O lo que Shakespeare llamaba… “mucho ruido y pocas nueces”.


Memorable: la elección de temas para la banda sonora, con The Rolling Stones, Black Sabbath, Eminem o The White Stripes, amén de algún tema original de Rick Ross y otros que se llevó nominaciones a los Grammy. También, aunque efímeras pero muy “top”, los cameos de Ben Affleck y Ezra Miller como Batman y The Flash, respectivamente. La secuencia post-créditos, que es ya un clásico en las películas de tipos con mallas, en este caso no es que sea gran cosa, además de insinuar que Waller sabe que Bruce Wayne es Batman. Algo que, en los cómics y de momento, no se ha producido.


Mejorable: al igual que pasaba en el cómic, y pese a su premisa argumental que asegura que puede pasar cualquier cosa con sus miembros, puesto que son elementos desechables de la sociedad y tienen poco peso en las viñetas y, etc, etc… lo cierto es que todo el desempeño del film en este sentido es bastante previsible. Desde el mismo momento en que aparece un tipo uniéndose al grupo, que no han tenido la decencia de presentarnos, y que nadie conoce (ni siquiera los lectores habituales de cómic)… ya sabes que va a ser el primero en caer. Lo mismo pasa (pero a la inversa) con la aparente “muerte” del Joker (ups, perdón por el SPOILER) o con un Capitán Boomerang que no aporta nada y deseas que asesinen en cualquier momento… sin suerte.


El cómic: si bien la primera encarnación del grupo tuvo lugar en las páginas de “The Brave and the Bold” allá por 1959, no fue hasta casi 30 años después, en 1987, cuando John Ostrander redefinió el concepto original para hacerlo parecido a lo que ahora podemos ver en pantalla, en la que sin duda fue la etapa más gloriosa de “Suicide Squad” en viñetas. Sin embargo, el guión de su debut cinematográfico, tanto por la historia como por la elección de personajes, parece estar más basado en el “reboot” llevado a cabo por DC Comics en 2011 dentro de sus “The New 52”, que pese a saberse ya que había en marcha una adaptación en cines, no gozó demasiado del apoyo de los lectores.


Curiosidades: el impresionante reparto podría haberlo sido aún más si Ryan Gosling y Tom Hardy hubiesen continuado formando parte de la película. Gosling, que fue el primer pretendido por Warner Bros, acabó renunciando cuando el estudio prefirió a Jared Leto como el Joker, que era el personaje que él quería interpretar. Mientras, Tom Hardy, que había firmado como Rick Flagg, tuvo que desertar del puesto cuando se complicó el rodaje de “El renacido”, papel que acabó valiéndole una nominación al Oscar como Mejor Actor de Reparto. Warner ofreció entonces el papel a Jake Gyllenhaal como sustituto, pero el protagonista de, por ejemplo, “Prince of Persia”, no aceptó el rol. Finalmente, es la segunda vez que Smith y Robbie coinciden en un reparto tras haberlo hecho previamente en “Focus”.



Parafraseando: Amanda Waller presenta uno por uno a su repertorio de “carnaza”, comenzando por Deadshot, el asesino que nunca falla un disparo, pero que acabó siendo atrapado por la debilidad que siente hacia su hija pequeña. “¿Dónde lo tiene?” “Digamos que… lo he metido en un agujero… y he tirado el agujero”.

sábado, 11 de marzo de 2017

Crítica de "Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos" (2016)


Año: 2016. Dirigida por: David Yates (“La leyenda de Tarzán”). Escrita por: J.K. Rowling, en su debut como guionista, adaptando su propia novela. Intérpretes: Eddie Redmayne (ganador del Oscar por “La teoría del todo”… ver crítica), Dan Fogler (“Llévame a casa esta noche papi”), Katherine Waterston (“Alien: Covenant”), Alison Sudol (“Between Us”), Colin Farrell (el Bullseye de aquella película de “Daredevil”), Samantha Morton (“Minority Report”), Ezra Miller (el “Flash” de “Justice League”), Ron Perlman (“Hellboy”… ver crítica), Jon Voight (“Cowboy de medianoche”), Johnny Depp (Jack Sparrow en “Piratas del Caribe”). Presupuesto: 180 millones de dólares. Recaudación: 812 millones en todo el mundo. Premios: ganó el Oscar al Mejor Diseño de Vestuario, siendo la primera entrega de la franquicia “Harry Potter” en obtener una estatuilla.


Franquicia: es la novena película basada en el mágico universo creado por J.K. Rowling tras las adaptaciones del niño mago “Harry Potter” estrenadas entre 2001 y 2011. A modo de precuela, se espera que “Animales Fantásticos…” se convierta a su vez en una pentalogía. La idea fue propuesta por la propia autora al saber que Warner Bros planeaba continuar de algún modo con la saga, y prefirió ser ella misma quien se hiciese cargo de continuar con su creación, dotando de vida e historia propia a uno de los libros que los alumnos debían estudiar en la Escuela de Hogwarts.


Sinopsis: en 1926, Newt Scamander llega a la ciudad de Nueva York con un misterioso propósito. Nada más bajar del barco, sin embargo, se ve envuelto en problemas cuando intercambia su maleta con un “nomag” (un ser humano común y corriente), aspirante a repostero, lo que a la postre permitirá que una serie de criaturas mágicas que Newt escondía en su maletín ampliado queden libres por toda la ciudad, corriendo el riesgo de que la presencia del mundo de los magos salte a la luz pública. Al tiempo, el”Auror” (una especie de cazador de seres oscuros) Percival Graves irá en pos de una presencia maligna que, sin embargo, parece querer utilizar de algún modo en su beneficio.


Crítica: la primera palabra que me viene a la cabeza tras el visionado de la cinta es “inteligencia”. Creo que estaremos todos de acuerdo en que a una película de estas características, en gente como nosotros que ya tenemos “el culo pelado” (como decía el gran Luis Aragonés), se le deben exigir una serie de cosas. A saber: primero, que sea fiel a su universo intrínseco; segundo, que aporte algo más aparte de ser un remedo de lo anterior, y amplifique dicho universo; tercero y, esencialmente, que sea entretenida.  Todo esto se cumple en “Animales Fantásticos…”, lo que denota que sus artífices han usado un poco la cabeza al a hora de plantearla, algo que no suele pasar tan a menudo como la gente da por hecho. Rowling y Yates, dupla artística de guionista y director indispensables para hacer una transición fluida entre la anterior saga y la que nos ocupa, son conscientes de que el público potencial de “Harry Potter” ha crecido, así que una nueva saga protagonizada por niños no les va a llamar la atención lo suficiente como para seguir “enganchados”. Por otro lado, trasladar la acción a Estados Unidos es igualmente acertado, por tanto en cuanto supone un contraste con lo ya sabido, amén de darles a los “yanquis” (que son, no olvidemos, gran parte de su audiencia) su propia mitología mágica. Por último, pero no menos importante, la guionista maneja el sabio recurso de introducir un toque humorístico en la figura de un “Sancho Panza” (o un “Ron Weasley” más fondón, si preferís), que para más inri es humano, con lo que podremos empatizar rápidamente con él y servir de paso para explicar algunos conceptos a los no iniciados, que el resto de personajes, por su naturaleza fantástica, no tendrían necesidad de reseñar.


Concluyendo: toda vez que las peripecias del niño mago me pillaron un poco talludito, fui un seguidor de la franquicia anterior pero sin sentirme nunca devoto de la misma. Sin embargo, he de admitir que se me dibujó una sonrisa en los labios cuando vi el logo del estudio y los primeros compases del tema característico de la serie compuesto en su día por el gran John Williams. Lo que sigue en pantalla, si bien no es más que una aventura bastante convencional, alcanza el notable por su portentosa imaginería visual, llena de pequeños gadgets que realmente dotan de entidad propia a esta nueva incursión en el universo mago, más allá de ser un despliegue de efectos visuales sin sentido. no es la mejor película del año, sin duda, pero te deja con ganas de más. Y cuando hablamos de una película que aspira a producir nada menos que cuatro secuelas… creo que eso es más que suficiente.


Memorable: las alusiones a la I Guerra Mundial, donde se deja entrever que los magon también lucharon en la contienda (en teoría, contra otros mgaos y criaturas del bando rival), lo que remite a a aquella miniserie de cómics escrita por Kurt Busiek y dibujada por nuestro Carlos Pacheco, “Arrowsmith”, que esperamos resucite algún día y… ¿por qué no?... podamos ver también en pantalla grande.


Mejorable: si bien hay una sorpresa final que no me esperaba para nada, desde los primeros trailers ya era muy obvio quién era el villano de la función. A su favor tiene que la trama principal no gira en torno a ello y ni tan siquiera es una de esas sorpresas que se guarden para el desenlace. Por otro lado, la saturación de escenas recreadas directamente con ordenador me llevó a percibir en algunos momentos cierta sensación de artificio. Hecho de menos algunos efectos más “artesanales”, pero quizás se deba a que crecí durante los ochenta.



Parafraseando: sin duda, el mayor derroche de fantasía se encuentra dentro del maletín de Scamander, que muestra un auténtico zoo de distintas criaturas que hasta la fecha no habíamos visto y, alguna de ellas, ni siquiera nos habíamos atrevido a imaginar. Sin embargo, Newt se muestra preocupado por ellas: “Tengo que irme. Y encontrar a los que se han escapado antes de que les hagan daño” “¿Les hagan daño?” “Sí. Ahora mismo están en territorio hostil, y rodeadas de millones de las criaturas más peligrosas del planeta: los humanos”.

martes, 7 de marzo de 2017

Crítica de "LA LLEGADA" (2016)


Año: 2016. Director: Denis Villeneuve (“Sicario”). Basada en: la novela “Story of Your Life”, de Ted Chiang. Intérpretes: Amy Adams (“The Fighter”), Jeremy Renner (Ojo de Halcón en las películas de Marvel Studios), Forest Whitaker (ganador del Oscar por “El último rey de Escocia”), Michael Stuhlbarg (la serie HBO “Boardwalk Empire”), Tzi Ma (“Hora Punta”), Mark O´Brien (la serie “Halt and Catch Fire”). Presupuesto: 47 millones de dólares. Recaudación: 197 millones. Premios: fue nominada a 8 premios Oscar, incluyendo Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guión Adaptado, ganando el de Mejor Edición de Sonido. También fue nominada para un Globo de Oro a la Mejor Actriz.

Sinopsis: un día 12 objetos voladores no identificados (OVNIS, vamos) aparecen en distintos lugares del planeta. La experta lingüista Louise Banks y el físico teórico Ian Donelly son llamados por el ejército de los Estados Unidos para intentar comunicarse con los tripulantes de la nave que ha llegado a suelo norteamericano. Una compuerta en la nave se abre dos veces al día y permite entrar en su interior y conocer a los dos extraterrestres, que tienen forma de pulpos gigantes y sueltan una especie de tinta negra con la que forman símbolos que parecen ser su idioma. Descifrar dichos símbolos y averiguar qué se proponen en la Tierra será una misión a contrarreloj, toda vez que el resto de potencias del mundo están empezando a sospechar de los recién llegados y amenazan con emprender acciones beligerantes.

Crítica: “Me había olvidado de lo mucho que me gusta que me abraces”. Y hasta aquí llegamos. “La llegada” ha sido señalada por muchos (más allá de lo que dicten las ceremonias de premios) como la mejor película de este año y una de las mejores de la década. Con tan altas expectativas, es difícil que te decepcione su visionado si las habías leído o te las habían dicho de antemano. No obstante, también es de recibo señalar que es una de esas películas que te dejan pensando una vez terminan, y que se desenvuelven como una cebolla en tu recuerdo conforme vas rascando en su superficie y descubres nuevos matices que al principio habían pasado desapercibidos. Porque lo cierto es que “Arrival” (título original en inglés) es en teoría una cinta de ciencia-ficción. Pero de esa vertiente introspectiva que huye de los grandes efectos especiales y las epopeyas intergalácticas para hacer preguntas más propias de la filosofía, la metfa-física y la “psico-magia”. En definitiva, y tal y como se nos vende de manera más o enos subliminal durante varias ocasiones del metraje, “La llegada” plantea una historia sobre el lenguaje. Sobre la necesidad de comunicarnos entre nosotros. Y también sobre la gestión de los problemas derivadas de dicha comunicación, por tanto en cuanto a menudo se dicen verdades que uno no quiere escuchar. No voy a caer en el mismo error que cometieron conmigo, y vendértela diciendo que el hecho de verla te va a cambiar la vida. Pero sin duda, tienes que verla. Es obligatorio. Aunque sólo sea por comprobar que Villenueve es el mejor creador de atmósferas del cine actual. Merecidísimo por otro lado el Oscar al Mejor Sonido, que te golpea en la boca del estómago hasta infundirte el miedo en el cuerpo.

Concluyendo: en el último tercio del metraje hay uno de esos “giros de guión” que tanto nos gustan a todos y que resulta ser la clave maestra de lo que está ocurriendo en pantalla, como si fuese la pieza del puzle que te faltaba para completarlo todo. Uno de esos giros que, como suele pasar, también deja más preguntas por resolver, pero bueno, al menos descifra otras tantas. Ese tipo de giros es habitual que algunos avispados espectadores lo anticipen antes de que resulte demasiado obvio para el resto. No es que yo me tenga precisamente por ágil en este sentido, pero como soy perro viejo, y este tipo de recursos no es que sea algo precisamente novedoso, en esta ocasión me anticipé a la jugada. Una vez dicho esto, he de confesar que el hecho de “destripar” de antemano lo que en teoría debería ser una sorpresa de la propia película no hacen menos disfrutable lo que te queda por ver, por la manera en que se transmuta como una bonita historia que cobra sentido y que fabula con esa sempiterna pregunta de: “Si supieras lo que va a pasar en tu vida… ¿cambiarías algo?”. Ya sólo por eso mismo, por el hecho de que “La llegada” no dependa de la gran respuesta final sino que tiene en liza muchos más matices con los que engancharte, merece ser considerada como la gran película que es.

Memorable: la plasmación del lenguaje de los extraterrestres, y la manera sencilla, práctica y funcional con la que se explica al espectador, sin entrar en farragosas explicaciones sobre lingüística o matemáticas. Como ya he dicho, la película gira en torno a esta forma de comunicación, pero cuando acaba la peli, y sin hacer SPOILERS, la duda te asalta: “¿Y tanto para esto? ¿Y nadie más consigue lo que supuestamente era un regalo para toda la humanidad?”.

Mejorable: el personaje de Jeremy Renner está porque es una pieza fundamental de la historia, pero su trabajo como físico es mucho más discutible. Quiero decir… parece que está más porque es obligado para lo que sucederá al final que porque realmente tenga algo que ver con todo el asunto de los aliens. Por otro lado, llevo toda la vida creyendo que la anécdota de la palabra “canguro” es real (ya sabéis, lo de que en realidad significa “No te entiendo” cuando los exploradores preguntaban a los nativos qué tipo de animal era ese. ¿Y ahora me dicen que no es cierto?


Parafraseando: las comunicaciones de la base captan un mensaje de China en mandarín, que Louise intenta descifrar: “Palos, honor, flores… Coronel, son series de fichas del “mahjong”. Dios, están… ¿utilizando un juego para hablar con sus heptápodos “ “Tal vez. ¿Por qué?” “Pongamos que les enseñara a jugar al… ajedrez, por ejemplo, y no ha hablar.  Cada conversación sería una partida. Cada idea se expresaría como una competición. “Victoria”… “derrota”… ¿ve el problema? Si sólo te doy un martillo…” “Todo se convierte en un clavo”.

domingo, 5 de marzo de 2017

Crítica de "Jack Reacher: Nunca Vuelvas atrás"


Año: 2016. Director: Edward Zwick (“Leyendas de pasión”). Basada en: la novela “Never Go Back”, de Lee Child. Intérpretes: Tom Cruise (“Jerry Maguire”), Cobie Smulders (la Robin Scherbatsky de “Cómo conocí a vuestra madre” y la Maria Hill de Marvel Studios), Aldis Hodge (MC Ren en “Straight Outta Compton”), Danika Yarosh (la serie “Heroes Reborn”), Patrick Heusinger (la serie “Gossip Girl”), Holt McCallany (“Monster Trucks”… ver crítica). Presupuesto: 60 millones de dólares. Recaudación: 161 millones.

Curiosidades: lógicamente, es la secuela de “Jack Reacher” (ver crítica), estrenada en 2012. En aquella ocasión, la película se basaba en la novela “One Shot”, la novena protagonizada por el personaje que daba título a al película, mientras que aquí se centra en la novela número 18 de dicha saga, con lo que hay material de sobra para seguir realizando entregas fílmicas del héroe… siempre y cuando la taquilla acompañe, claro.

Sinopsis: el esquivo Jack Reacher visita a su colega, la mayor del ejército Susan Turner, en lo que parece que va a ser un polvete fácil a pesar de nunca haberla conocido en persona. Sin embargo, se lleva la sorpresa a su llegada de encontrar que Susan ha sido detenida por espionaje, lo que obligará a Reacher a implicarse personalmente en demostrar su inocencia. No será su único quebradero de cabeza en esta ocasión, pues pronto se le informa que una mujer reclama una pensión al ejército a su costa por la posible paternidad de una adolescente de quince años de la que desconocía por completo su existencia.

Crítica: como suelo hacer cuando nos encontramos con una secuela, empezaré diciendo que “Nunca vuelvas atrás” es sensiblemente inferior a su predecesora. No quiero decir esto que sea una mala película, ni que no vayas a disfrutarla en mayor o menor medida, pero es de recibo admitir que es mucho más convencional y resta muchos puntos al carisma del protagonista, hasta el punto de convertirle en otro anodino héroe de acción que no se distingue de otros muchos que asaltan las pantallas cada año. Además, las escenas de acción no están tan conseguidas como en la primera entrega, y aunque sigue habiendo peleas cuerpo a cuerpo para demostrar lo bien que a Cruise se le da lo del “krav magá”, se echa en falta alguna secuencia más planificada y en exteriores como la estupenda persecución del film de 2012. Es particularmente significativo la manera de “amansar” al protagonista con el sempiterno recurso de encasquetarle una hija, que no sólo es poco original, sino que nos llevan a darnos cuenta de que… ¡oh, recórcholis!... el bueno de Tom tiene ya arrugas en la cara, lo que traducido al lenguaje de los mitos hollywoodesnes es mostrarle los pies de barro a una estrella que, hasta la fecha y cual Norma Desmond de “Sunset Boulevard”, se había negado a aceptar su condición como ser humano. Dicho todo esto, la secuela de “Jack Reacher” es una cinta de acción que entra de lleno en ella sin muchas contemplaciones y ofrece un visionado agradable apoyado sobre todo en el carisma de su protagonista y en la química que éste tiene con el resto del elenco, con un bonito epílogo que te dibuja sin querer una sonrisa en la boca. Pero insisto: se nota demasiado la ausencia de McQuarrie para hacer del producto “algo más” de lo que es.

Concluyendo: de toda secuela que se precie se pide que sea respetuosa con la original y que aporte a la par novedades suficientemente destacadas como para no convertirse en una burda copia de su antecesora, amplificando el universo del protagonista o dándole herramientas para continuar ahondando en su leyenda. En esto último, “Nunca vuelvas atrás” cumple su cometido, al presentar un aspecto bastante relevante del pasado de Reacher, del que poco supimos en la cinta anterior. No obstante, la chulería pedantesca con la que se nos presentó en la pantalla grande, que irónicamente nos hicieron enamorarnos de él al instante, aparece aquí de forma mucho más taimada, lo que reduce en grado sumo las apetencias del público por seguir viendo aventuras del héroe, por tanto en cuanto su figura es demasiado similar ahora a otras tantas que pululan por ahí con otros nombres y otros actores.

Memorable: el prólogo, que remite automáticamente a la anterior, casi único vestigio de la película de 2012, y la concatenación subsiguiente de escenas donde vemos cómo se va estrechando la relación entre los personajes de Cruise y Smulders, por más que la llegada de Reacher a la vida de ella justo cuando ésta se ha metido en un grave problema es una de esas casualidades demasiado forzadas para resultar creíbles.

Mejorable: sin hacer demasiado SPOILER, la escena donde la supuesta hija está aprendiendo una llave de defensa personal. Hemos visto tantas veces ese recurso, que todos sabemos que en algún momento del metraje la chica va a tener que utilizarla para salvar la vida… y además seguro que es el clímax del metraje. Parece una nimiedad, pero denota que Zwick (coautor también del guión) carece de imaginación tanto para dirigir como para escribir.


Parafraseando: un par de polis llegan al escenario de una pelea, donde varios tipos han sido reducidos por un solo hombre que ahora toma tranquilamente un café en un bar cercano. Cuando le arrestan por la agresión, el sospechoso les advierte que en realidad los que van a acabar yendo a la cárcel son ellos, pues su principal objetivo era el propio sheriff que ha acudido al atestado. Cuando se constata que lo que dice el tipo es verdad, el sorprendido sheriff pregunta: “¿Quién coño es usted?” “Soy el tipo con el que no contaba”.

sábado, 4 de marzo de 2017

Crítica de "FENCES" (2017)


Año: 2016. Director: Denzel Washington (“Antwone Fisher”). Basada en: la obra de teatro homónima de 1983, ganadora del premio Pulitzer, escrita por August Wilson, que completó también un guión cinematográfico antes de su muerte en 2005. Intérpretes: Denzel Washington (“Training Day”), Viola Davis (“Criadas y señoras”), Stephen Henderson (“Un golpe de altura”), Jovan ADEPO (la serie de HBO “The Leftlovers”), Russell Hornsby (la serie de la NBC “Grimm”), Mykelti Williamson (“Forrest Gump”). Presupuesto: 24 millones de dólares. Recaudación: 60 millones. Premios: entre otros, estuvo nominada a 2 Globos de Oro y 4 premios Oscar, consiguiendo la estatuilla a Mejor Actriz de Reparto para Viola Davis. Como curiosidad, Washington y Davis ya ganaron sendos premios Tony en 2010 interpretando los mismos roles en Broadway.

Sinopsis: Troy Maxson trabaja como basurero en Pittsburgh durante la década de 1950 y sigue un código ético donde sólo intenta hacer lo correcto para con él y su familia, compuesta por su mujer, Rose Lee; el hijo que tuvo con ella, Cory; su hijo mayor Lions, fruto de una relación anterior, y su hermano Gabriel, herido de gravedad durante la II Guerra Mundial, lo que le provocó un retraso mental severo. A pesar de sus convicciones, Troy no puede evitar ser víctima de su vicio por el alcohol, las mujeres y una frialdad y desapego hacia sus dos vástagos, en los que se ve reflejado de algún modo, y eso al tiempo le recuerda la tormentosa relación que él mismo vivió con su padre.

Crítica: la queja que más he escuchado con respecto a “Fences” es que parece una obra de teatro filmada. Y mi pregunta es: ¿qué tiene eso de malo? No recuerdo que este montaje se haya llevado a cabo en nuestro país (supongo debido a que la problemática racial está muy ligado a los protagonistas, y en nuestro país obligaría a efectuar cambios demasiado significativos), así que agradezco que al menos podamos disfrutarla en pantalla grande, y en este sentido que su apego a la obra original sea tan fil hacen innecesaria cualquier otra puesta en escena sobre ningún escenario. También se habla de lo limitado de sus escenarios y el abuso de los diálogos, que literalmente saturan tus oídos hasta construir un muro de palabras. Nuevamente, son críticas poco acertadas. El título original, “Fences” (que no sé por qué se ha mantenido para su estreno en nuestra cartelera, el criterio para traducir unos sí, otros no… y otros como les salga de las narices, nunca lo entenderé) significa “vallas” o “cercas”, en alusión directa a la que construye el protagonista durante el metraje so petición expresa de su mujer, y que se utiliza como metáfora del proteccionismo familiar. Acotar la acción a la casa unifamiliar de los protagonistas, y sobre todo al patio trasero donde se fabrica y se instala el susodicho cercado no hace sino ahondar en dicha idea y suscitar cierta claustrofobia en el respetable, fiel reflejo por otro lado de la que siente su protagonista, asfixiado en una vida que no era la que él hubiese esperado años atrás. Por otro lado, es cierto que podría haberse hecho algún tipo de adaptación de los diálogos, algo repetitivos en algunos momentos, y aprovechando más el lenguaje visual que el cine tiene con respecto al teatro, pero… ¡es que están tan bien escritos! Algunos de los monólogos (con el que le valió el Oscar a Davis como paradigma) son antológicos, absolutamente memorables. No es, en todo caso, la que nos ocupa una de esas películas que estén destinadas a barrer en las entregas de premios, pero ya he señalado en otras ocasiones lo injusto de calificar cada film con un numerito, o etiquetarla como “perdedora” tras una de estas ceremonias, como si la brillantez sólo pudiese medirse por el reflejo dorado de una estatuilla.

Resumiendo: al igual que el Willy Loman de “Muerte de un viajante”, el rol de Washington me ha recordado un poco a mi propio padre, por su fracaso incesante en el empeño titánico de ser un buen hombre. El béisbol que se utiliza en el libreto para ejemplificar ese directo a la mandibula con el que nos regala la vida es tan válido como cualquier otro, de igual manera que el fútbol lo era para el Rick de “La gata sobre el tejado de zinc caliente”. Todos nosotros, y los que nos rodean, hemos acariciado la gloria en algún momento con la yema de los dedos. En la mayoría de las ocasiones, ni siquiera éramos conscientes de ello en ese preciso momento. O sí, pero pensábamos que la cosa no se iba a detener ahí. Pero se detiene. Y en ocasiones nos empuja a una caída libre en el abismo. “Fences” es una película que habla de gente corriente. Gente que persigue sus sueños. Que los pierde. Que se caen y se vuelven a levantar. Gente que escucha en silencio lo que ocurre al otro lado de las paredes. Que callan por el temor a hablar. Por el mido a decir “Te quiero”. O “Lo siento”. Hombre y mujeres, en definitiva, que eligen la opción más difícil de levantarse cada mañana y seguir viviendo. Una película, en definitiva, tan necesaria como la vida misma.

Memorable: resulta de una obviedad aplastante, pero es que la calidad de las interpretaciones raya lo sublime, hasta el punto de parecer que estamos viendo un documental, y no a unos tipos que se han aprendido un diálogo y lo recitan. Y no hablo sólo de la pareja protagonista. El epílogo final con los dos hijos menores de Troy cantando una canción aparentemente estúpida, sentados en las escaleras… es para echarse a llorar.

Mejorable: en lo único que estoy de acuerdo, con respecto a los diálogos, es en los soliloquios ebrios de Washington, que resultan demasiado “teatrales” y no funcionan ingual en una película que sobre un escenario. Me refiero cuando se dirige directamente a la muerte y la reta a que venga a por él para luchar cuerpo a cuerpo. Dan incluso un poco de vergüenza ajena. Creo que esas mismas escenas, sin palabras, habrían sido igual de significativas.


Parafraseando: he tenido muchas dudas a la hora de escoger, porque ya he mencionado que en este sentido el film es excelente, y estuve tentado de transcribir palabra por palabra el monólogo de la Davis que todos habréis visto ya a estas alturas. Pero es que… joder, son como dos minutos sin parar de hablar. En lugar de eso me quedo con otro momento del final… y aviso de SPOILER, en un intercambio de palabras entre Rose Lee y su hijo Cory: “La falta de respeto a tu padre no te hará un hombre, Cory. Debes buscar la forma de hacerte un hombre, pero no ir a su funeral no te convertirá en uno”.